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Ir a la secciónBuenos Aires - - Jueves 20 De Agosto
Repitiéndose un fenómeno que cada tanto ocurre en todas las redacciones informativas, la partida física del músico argentino Marciano Cantero no recibió la misma reacción o espacio dentro del panorama noticioso, casualmente porque esa jornada la industria de la comunicación posó su atención en el fallecimiento de la reina Elizabeth II a los 96 años. De Gran Bretaña. Nacido en una humilde familia mendocina el 25 de agosto de 1960, desde muy joven esta conocida figura supo que quería dedicarse a la música y a principios de los años ‘80s, armó la banda Los Enanitos Verdes, que lo eternizaría poca décadas después. Acompañado de Felipe Staíti en guitarra, Daniel Píccolo en batería y Tito Dávila en voces y teclados, fundó Los Enanitos Verdes, una banda que publicó con el sello Mordisco su álbum homónimo en 1984. El tema “Aún sigo cantando”, incluído en esa ópera prima fue la llave que los llevó a recibir la atención del productor y empresario Alberto Ohanian de Abraxas, conjuntamente con la del sello Sony Music, que a instancias de este realizador los fichó para publicarles su siguiente álbum. Buscando que nada quedara librado al azar, convencieron a Andrés Calamaro para producir el siguiente material.
El talento de Marciano Cantero, un bajista minucioso como orquestador y buen cantante de estudio o en los shows, combinó perfectamente con la magia del recordado tecladista de Los Abuelos de la Nada, situación en la que dos canciones conformarían los firmes cimientos de una obra editorial de enorme magnitud en esa escena pop nacional. Fueron “La muralla verde” y “Simulacro de tensión”, en ese orden las canciones que abrieron el camino para que el segundo trabajo funcionara de manera demoledora. “Contrareloj”, una obra magnífica por donde se la analice, incluyó varios temas con enorme pegada además del que titulaba el disco, sobresaliendo el icónico sonido del “Mirage”, un famoso teclado que permitía samplear sonidos reales y darles una potencia inusitada.
Con varias canciones sonando en todas las radios, Los Enanitos Verdes afrontaron por aquél momento con una realidad que los encontraba tocando muchísimo, sonando fuerte en las radios pero literalmente ignorados por toda la prensa gráfica porteña abocada a lo musical, una situación que sobrellevaron sostenidos en un proyecto que no necesitaba de los medios para marcar una huella, como ellos anhelaban en el panorama artístico. En ese momento concretaron una actuación histórica en el segundo día del festival costero “Rock In Bali” en febrero de 1987, a pocos metros de la localidad de Mar del Plata, antes de los recitales de Andrés Calamaro y Soda Stereo. Sin embargo los medios seguían haciendo la vista ancha sin reconocer el impacto que tenían a nivel nacional, una curiosa conducta que se modificaría recién en los años ‘90s.
“Habitaciones extrañas” editado en 1987 también producido por Andrés Calamaro, fue la culminación de un proceso de maduración que venían observando, fue el álbum que incluía “Yo te ví en un tren” y “Por el resto”, dos temas que ingresaron en el olimpo emocional de los fans, mientras la banda tocaba y preparaba a poco de esa publicación otro disco de estudio llamado “Carrousel”. Tras ese disco, el grupo se acomodó a la partida del talentoso tecladista Tito Dávila, quien recibió la seductora oferta para trabajar en España como productor discográfico, un duro golpe creativo que los afectó sustancialmente por aquél momento creativo. Meses más tarde llegaría “Había una vez”, lanzamiento que no recibió buenas críticas mientras el trío comenzaba a cansarse del ninguneo local por esos años.
Hartos del bastardeo que recibieron hasta fines del milenio, más allá de seguir agotando tickets en sus conciertos, la banda tomó la decisión de mudarse a México para trabajar en ese país, lugar donde en anteriores temporadas sus conciertos eran presenciados por miles de espectadores, provocando un impactante boom fronteras afuera del suelo argentino. La banda, incómoda obviamente por ese traslado, pero feliz por estar en un lugar donde todas sus cosas eran mejor consideradas, inició su etapa creativa en el exterior.

En los ‘90s, Los Enanitos Verdes publicaron seis discos, muy desiguales en el enfoque y resultado alcanzado, tiempos donde la decisión de haberse radicado en México no cayó bien, irónicamente en los medios que habían ignorado al recordado conjunto mendocino por aquellas épocas ochentosas. Llegaron “Igual que ayer” (1992), “ Big Bang” (1994),
“Guerra Gaucha” (1996) y “Planetario” (1997), publicaciones que contenían algún single destacado, pero que al no ser respaldado por la banda a nivel difusional en Argentina con apariciones y shows de manera constante, lejos estaban de alcanzar esa gran repercusión que habían logrado en la década anterior. El divorcio de la banda mendocina con su país no había explotado del todo, porque el disco “Big Bang” contenía una canción que daría a la banda un respiro con otro gran hit, muy inoxidable en el tiempo.
Fue así que el romance establecido cuando la democracia regresó a la Argentina bastantes años antes, pareció revivirse con “Lamento Boliviano”, un tema que sonó inagotable en la escena radial sudamericana, amén de un sensual videoclip que lo acompañaba. Pero todas las señales parecían estar muy claras en ese deteriorado vínculo con el país de origen, tras publicarse el primer álbum en vivo del conjunto llamado “Tracción acústica”, un recital en ese tono grabado en México en 1998, conducta que se repitió con la llegada de la siguiente obra de estudio llamada “Néctar” en 1999.

En el nuevo milenio la banda mendocina, amén de publicar algunos discos recopilatorios, sacó menos trabajos y se dedicó mayormente a los conciertos por distintos países de este bloque continental. En el 2002 se conoció “Amores lejanos”, seguido de un nuevo álbum de sus actuaciones bajo el título de “En vivo” en el 2004, y después publicaron el registro “Pescado Original” en 2006, pero en 2009 la banda, bastante desgastada de un recorrido muy demandante en lo psicofísico vio como Daniel Píccolo dejaba la batería. Luego del adiós del encargado de los tambores, Los Enanitos Verdes se convirtieron en un dueto al que se les sumó como integrante estable el baterista Jota Morelli. Con este prestigioso instrumentista llegarían en 2013 primero “Tic Tac” y después “Huevos revueltos” en 2018, trabajo que sería en el contexto global hasta la partida física del bajista, el último disco.
Horacio Eduardo Marciano Cantero, tal su nombre completo, había lanzado dos discos en carácter de solista, los interesantes “Luna Nueva 1989” y “Beat Club” en 1991, durante el nuevo milenio se había nacionalizado mexicano. En estas últimas temporadas el conocido músico había participado del disco "Rock en tu idioma sinfónico" del 2015, interpretando “La muralla verde", amén de haber cantado con Bad Bunny y J Balvin el tema "Un peso", lo que favoreció su conocimiento para las nuevas generaciones. Recientemente el artista había sido noticia por su regreso al país para casarse con Viviana, la mujer que había sido su novia a mediados de los ‘80s, romance que se interrumpió por más de tres décadas en donde cada uno formó distintas parejas. Inspirado en ella, Cantero había compuesto por aquél momento “Tus viejas cartas”, y más recientemente, “Francés Limón”.
La muerte del bajista y cantante Marciano Cantero, ocurrida el jueves 8 de septiembre en una clínica de Cuyo, a sus 62 años, se debió a una veloz complicación renal, la cual provocó su urgente internación e intervención quirúrgica para extirparle un riñón y parte del bazo, momentos donde no se precisó la gravedad de su cuadro. Enorme amante del aeromodelismo, el talentoso músico vivía en Mendoza y se encontraba celebrando en vivo el 40 aniversario de su grupo, con muchas actuaciones en México y los Estados Unidos.
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Imágenes: Télam / Redes Enanitos Verdes
Fecha de Publicación: 23/09/2022
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