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Buenos Aires - - Viernes 12 De Agosto

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Soda Stereo, aún con Gustavo Cerati desde una pantalla, sigue siendo el mejor grupo de rock del continente

Las fechas realizadas en el Campo de Polo de Palermo pusieron en marcha un tour que seguirá a principios de 2022 en América Latina, un espectáculo que ofrece múltiples lecturas y que marca la despedida en vivo de esta formación sin su líder y cantante.

Música

El final formalmente hablando del brillante grupo Soda Stereo no ocurrió con la función del sábado 21 de diciembre de 2007 en la cancha de River, esa sexta noche en el court del Monumental que marcó la última actuación en vivo con todos sus integrantes originales a bordo de un espectáculo inolvidable. La clausura de un ciclo majestuoso para la música y cultura de este país ocurrió la mañana del jueves 4 de septiembre de 2014, cuando todo el equipo médico ubicado en la Clínica ALCLA determinó que los signos vitales de Gustavo Cerati habían cesado, después de un calvario de 4 años y medio donde el brillante artista navegó en ese limbo entre la presencialidad ausente y un cuerpo herido mortalmente, que no supo ser tratado acorde a las circunstancias, cuando las primeras señales en Caracas se convirtieron en infinitas alarmas pidiendo auxilio atendidas muy burocráticamente. Han pasado 11 años desde el accidente cerebro vascular en el final de la gira “Fuerza Natural” y 7 temporadas desde que el cuerpo de un descomunal creativo se rindió en el laberinto de un irreversible daño, problema de salud que el mediocre sistema médico socio-progresista de la administración Chávez no supo evitar. Un gigantesco fracaso político, reivindicado por sus socios del continente con impresentable manipulación verbal, dejó a la cultura de una nación sudamericana herida gravemente hasta nuevo aviso. Ni hablar por supuesto de lo estrictamente personal, sobre alguien que se extraña cada segundo en cada vida.

 

Cuando Charly Alberti y Zeta Bosio tomaron la decisión de llevar a cabo esta última gira a fin de cerrar un ciclo de un proyecto artístico intachable que marcó un antes y después en la música de este país, la cantidad de personas que se consideraron jueces éticos de la situación, fue más larga que la fila de personas esperando para ver el cadáver de Maradona en la Casa Rosada en un histórico velatorio. Malas noticias, el 66 por ciento restante de la formación que puso al rock argentino en la consideración local y extranjera a un plano de infinita valoración cultural, sabe que le asiste el respetuoso derecho de ejercer ese último acto por más que los tribuneros, influencers y seudo críticos musicales descalifiquen esta tournée llamada “Gracias Totales”, un proyecto que los detractores calificaron como “gran estafa” cuando ni siquiera se había llevado a cabo un show de este espectáculo. El destino quiso que después de cuatro actuaciones en suelo extranjero, la despedida ingresara en modo “pausa”, forzada por una pandemia a raíz de un virus creado desde un laboratorio de un país poco amante de las democracias, restricciones sanitarias que paralizaron en parte la vida alrededor del globo hasta que las vacunas emparejaran el partido y mejoraran una realidad, que todavía asoma incierta por los huecos de un planeta que no actúa de manera sincronizada en esta clase de problemáticas que han costado millones de muertos. Habrá que ver que es más grave, si el virus o la estupidez humana subestimando el problema.

 

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Han pasado 21 meses desde que la enorme infraestructura debió llamarse a silencio, tras un parate donde ciertas productoras de algunos países debieron cancelar las actuaciones que habían sido programadas sin chance de reacomodarlas a futuro. El reinicio del tour, curiosamente ocurre en el país de origen de la banda, nación que a pocos días de vivir la inédita experiencia de este espectáculo, quedó sumida en un confinamiento respetado por la sociedad y desoído por ciertos políticos a la hora de celebrar algún cumpleaños, lugar donde los fans del grupo aguardaron religiosamente para comprobar como era este show y como encastraba en la historia de una formación que siempre se caracterizó por ofrecer al público espectáculos de una monumental seducción por donde se los analice. Este último fin de semana Soda Stereo retomó la gira de sus“Gracias Totales” con dos conciertos que ofrecen al espectador un sinfín de lecturas, entre ellas volver a tomar conciencia del peso histórico que tiene la obra de Gustavo Cerati en el mundo musical, ese que después de su partida física, es un abominable cinturón ecológico con nuevos seudo intérpretes, quienes una y otra vez se autoproclaman “artistas”, creyendo que así la gente se convencerá de una capacidad creativa que carecen en estos mediocres y tecnológicos tiempos.

 

 

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Dos desafíos, entre muchos existentes a la hora de armar este show, asoman claves dentro del complejo contexto de poner en funcionamiento un enorme mecanismo artístico como el que siempre propuso Soda Stereo. Desde lo instrumental, la opción no era demasiado amplia, había que colocar a quienes pudiesen encarar la ejecución en vivo de guitarras a esta altura tan icónicas como su intérprete original. Por eso la decisión fue muy acertada al convocar a Richard Coleman y Roly Ureta como los encargados de construir aquella arquitectura guitarrística. El primero con el trabajo menos vistoso pero más edificador a la hora de cimentar un soporte armónico en un power trío con clara identidad, desempeño que el líder de Los 7 Delfines desarrolla cada noche en vivo de una monumental manera hasta la última canción. Habiendo tocado con Gustavo los últimos seis años de la carrera solista del músico fallecido en 2014, Richard resulta indispensable para vuelta de Soda y eso queda en claro desde el primer segundo de espectáculo. A su lado aparece quien lo acompañó en la segunda etapa de Fricción, con quien conformaron una de las mejores y más productivas duplas de la escena dark-pop a fines de los ‘80s Roly Ureta aparece en esta configuración como el mejor socio para que el perfil violero del grupo aparezca con fantástica respuesta en dos ejecutantes tan capacitados como superlativos construyendo un sonido de ese instrumento impactante y seductor. A ellos en varios pasajes se suma el joven Simón Bosio, hijo de Zeta, trilogía de guitarristas que replican las multipartes del enjambre eléctrico que Gustavo creaba en vivo mediante pedales y otros artilugios. En los teclados, un Fabián Quintiero mucho más maduro y afiatado, aporta musicalidad desde sus instrumentos, amén de alguna coreografía twistera súper desopilante. 

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La incógnita de quiénes debían ocupar la voz líder en estas 19 canciones elegidas, elevó el desafío de reemplazar lo irremplazable. Por eso la solución conjuga una poderosa serie de articulaciones que mancomunan la obvia idea de un espectáculo pensado con un tono clarísimamente panregional, en el cual se suman cantantes de los países donde el grupo recaló con éxito durante su carrera, más alguna sorpresa y por supuesto, contando con la voz original en los momentos donde nadie puede colocarse en esa ubicación vocal que la gente identifica automáticamente con el cantante que las interpretó en su momento. Este operativo provocó en su momento, un minucioso casting hecho por Charly y Zeta para descubrir quien asumiría la voz cantante en cada composición, proceso que dejó grandes hallazgos y zonas menos luminosas, en especial cuando los elegidos no tienen sobre sus espaldas una superlativa trayectoria vocal o pergaminos que ameriten ese lugar. El show abre de manera espectacular con “Sobredosis de TV” y si uno cierra los ojos durante esos primeros 45 segundos, parece que el reloj estuviese marcando las 22 horas del sábado 21 de diciembre de 2007 en plena euforia masiva en el estadio Monumental. El hit “Hombre al agua” recae en la garganta de Richard Coleman y es la persona indicada, mientras todo el engranaje sonoro comienza a generar un clímax contagioso y embriagador.

 

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Después, ya con ese repertorio de vocalistas invitados conviene evitar las comparaciones y recordar cuan atractivos son los temas menos radiales del grupo, como “Disco Eterno” o “El rito” en las voces de León Arregui o Álvaro Henríquez desde la pantalla. Presente en Argentina, quien cambia el clima y levanta a la gente de ese disfrute aplacado es Rubén Albarrán (Café Tacuba), que montado en “Lo que sangra” (La cúpula), desarrolla una gran interpretación con una banda que se puso en modo turbo sin titubeos. Julieta Venegas en vivo también encara “Signos” y es la menos lucida de las versiones, porque la canción solo queda bien plantada en una voz masculina. Minutos después, haciendo ese divertidísimo derroche de simpatía que lo caracteriza, Wallas (Massacre) canta “Juegos de Seducción” y el Campo de Polo levanta pulsaciones en un momento contagioso y bien encarado. Tras una escueta presentación de Zeta Bosio, llega Benito Cerati y con un enorme despliegue escénico entona “Zoom” con acierto vocal y mucha energía, instantes donde su imagen y la de su padre en pantalla juegan un trabajo de espejos inevitable. “Gracias Charly, gracias Zeta, Gracias Papá, los amamos” dice el primogénito y el lugar explota en una ovación de sentida expresión.

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Desde ahí el show pega bruscas subidas y descensos, según quien interprete la canción de cada parte. Adrián Dargelos entona desde la pantalla “Tratame suavemente” y lo mismo se reitera técnicamente con Andrea Etcheverri en “Pasos”, dos buenas voces que no lucen a la altura de lo esperable tal vez porque no son los apropiados para esas canciones. Ahí con el show por primera vez tambaleando por un casting de voces que desajustan la emoción del repertorio, llega al rescate ni más ni menos que Gustavo Cerati desde la pantalla para cantar “La ciudad de la furia” y el “jet Stereo” pone su proa a 80 grados con gran velocidad y potencia. Draco Rosa y Gustavo Santaolalla en el escenario aparecen para encarar “En remolinos” y “Cuando pase el temblor”, en versiones simpáticas pero nada más que eso, lo que conlleva una nueva altitud del show en un brusco descenso de pulsaciones. El recital expone su lado más íntimo cuando Charly Alberti y Zeta Bosio quedan solos durante la versión de “Fue” con Gustavo en pantalla, instantes de brutal emoción multitudinaria en las 60 mil personas que presencian la segunda función en Palermo. La muy carismática Mon Laferte tiene a su cargo “Un millón de años luz” y eso lleva el tema a buen puerto desde la pantalla, por más que esa canción sin dudas luciría mejor en una garganta masculina.

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Fernando Ruíz Díaz, inexplicablemente desde la pantalla estando en Argentina, entona “Persiana Americana”, un tema que él ya venía haciendo mucho con los Catupecu Machu, canción que le encaja perfectamente y que con esas imágenes jugando con la cortina deja sabor agradable al final de la misma. No ocurre lo mismo con Juanes, un buen artista que no empatiza 100 x 100 con “Prófugos”, que también merecía una voz más energética para darle ese tono heroico a la canción, una indiscutida falla de casting, pero bajo presión por darle a este show un inevitable carácter panregional. Ese gran tema incluido en “Signos” hubiese encajado mejor en la voz de Fabi Cantilo, pero nadie pensó en ella. Después del efecto gravitacional adverso con esa pieza, reaparece Gustavo Cerati aportando su mágica voz y guitarra desde las pantallas, otra vez a solas con Zeta y Charly en escena. Escuchar “Primavera Cero” a pocos minutos que el show diga adiós alerta al público que esta fiesta está por culminar y que no habrá bises por más que pataleen los espectadores. Sin dudas el efecto de vinculación entre el público y lo propuesto desde el escenario alcanza enorme empatía, una celebración a un repertorio inmaculado que permanece impoluto y genial sin alterarse con el paso de las décadas.

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En noviembre de 2017 Coldplay sorprendió al público argentino encarando una versión de enorme calidad del máximo hit de “Soda Stereo”, situación que alertó a Zeta y Charly sobre quien, llegado el caso, podría entonar ese himno del grupo y la buena relación del inglés con los argentinos facilitó todo a la hora de pedirle al británico que grabara su parte para el tema que cierra el evento. Por eso, en un poderoso show que tiene su suave carga melancólica, la participación de Chris Martin es un impactante hallazgo para bajarle la persiana a esta reunión del grupo con sus fans después de las cosas que ocurrieron. “De música ligera” es la última canción del show y la presencia del cantante de Coldplay le da ese descomunal tono internacional que alguien así puede conferirle a la despedida del conjunto. Conviene contarle a los lectores que la versión que se escuchó en el Campo de Polo este último fin de semana se potenció de la hecha inicialmente a principios del año pasado, porque desde la segunda parte del tema se incorporó la voz y la guitarra original de Gustavo, sumatoria donde las voces de Martin y Cerati emocionan muy profundamente en esa mancomunión. El show, así con las pulsaciones arriba y la adrenalina explotando en el predio hípico, compensa en parte el incómodo y duro sabor de comprender que justo el único que tiene que estar en ese sitio no está.

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Acompañado por Zeta Bosio y los demás, Charly Alberti por primera y única vez tomó el micrófono para hablarle al público. “Estamos felices de estar con ustedes en estos shows y acompañarnos de esta manera, este es el fin de un ciclo, el final de una etapa, queremos agradecer a mucha gente que lo hizo posible, pero el principal agradecimiento es a todos ustedes por tantos años de compañía, por ser parte fundamental de esto, gracias Gustavo, gracias…totales!”, tal la expresión del baterista en palabras que parecieron la despedida del grupo si es que esta gira no finaliza en Buenos Aires como aparece organizado en este momento del tour. Soda Stereo retomará las fechas reacomodadas de su tour mundial para presentarse el próximo 12 de febrero en la Casa de Campo Altos de Chávez en República Dominicana. El día 27 de ese mes de 2022 el grupo tocará en el FTX Arena de Miami, en los Estados Unidos, para luego continuar en suelo norteamericano y concretar otra fecha en The Forum, Los Ángeles el 03 de marzo. Después la banda se trasladará a México para tocar el día 9 de ese tercer mes del año en el Palacio de los Deportes, México. La tournée marcará nueva escala el 2 de abril de 2022 en el Jockey Club de Asunción, Paraguay, tras lo cual la banda se mudará con su estructura a Chile a fin de presentarse el 10 de ese mes en el Estadio Nacional, en Santiago. Quedan por reprogramar dos fechas: una en Tijuana, México, en el Estadio Caliente, y también otro show en Ciudad de Panamá en la Plaza Amador, las cuales se irán acomodando lentamente en las próximas semanas. La enorme duda que sobrevuela la situación, es si Soda Stereo decidirá finalmente despedirse aquí en Argentina sumando un “último concierto” o si el desenlace de este tour acontecerá en otro país donde quede establecida la última fecha de este tour recuperado post-pandemia.

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Resulta realmente curiosa la reacción de los medios después de estos conciertos. Los dos principales matutinos del país no publicaron críticas del show en formato papel y todos los demás hablaron con cierta frialdad, haciendo la previsible comparación entre el show de los Fundamentalistas del Aire Acondicionado y el doblete de recitales en el Campo de Polo de Palermo, tan previsible como impresentable. Un comunicador del medio ubicado en la calle Tacuarí al 700 sostuvo por Twitter que el rock argentino se convirtió en ciencia ficción, para soportar su leyenda y seguir estando, pero el mensaje hablaba de hologramas y ninguno de esos espectáculos los tiene. Además, una persona lamentablemente falleció y la otra en realidad no lleva a cabo espectáculos en vivo, porque su última aparición en una parcela de Olavarría provocó dos muertes por mala organización del concierto. El absurdo se amplifica cuando otro comunicador en esa misma nota alude al libro de Simon Reynols sobre la adicción del pop a su propio pasado. Esa pésima comparación donde se habla de fantasmas absurdos, proviene de un comunicador que fue silbado por la gente durante una conferencia de Soda Stereo en Museum cuando la banda anunció su regreso en 2007, tras una pregunta relacionada con las ganancias económicas del espectáculo “Me verás volver” que se ponía en marcha a fines de esa temporada. El actual espectáculo de Soda Stereo no solo no es una re-escenificación sino la limitación que afronta un grupo que perdió justo a su referente más icónico y esencial, por más que los tres lo sean en el ensamble general y eso debería entenderlo quien confundió su análisis al respecto.

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Lo que no dicen los medios, es que lo que propone la banda ahora liderada por Charly y Zeta, es una despedida usando la tecnología para aprovechar aquél material existente del último tour para refrendar ciertos tramos del espectáculo donde no puede aparecer otra persona cantando ciertas canciones. “Gracias Totales” corre el foco del escenario y pone a disposición de aquellos que se animen a verlo, un espectáculo donde las pantallas juegan un papel dominante, tal como sucede en la vía pública con la gente cayéndose al suelo por no sacar la vista del celular en medio de algunas baldosas flojas. La producción del show a manos de Diego Sáenz vuelve a maravillar de manera sorprendente: las pantallas a cada lado del escenario y las ubicadas detrás del grupo tienen una brutal definición 12K que a cada segundo provocan infinitos gestos de asombro, especialmente cuando los invitados cantan virtualmente con el grupo en vivo y ni hablar cuando aparecen los sincronismos de   Gustavo tocando con sus compañeros. La despampanante fiesta audiovisual se completa con un audio acorde a las circunstancias en este planeta y solo Adrián Taverna puede dar al grupo, ese demencial sonido sin saturaciones con microscópicos detalles en cada tema y poner a la audiencia en clima, ni bien Charly Alberti baja su brazo sobre el tambor para que la gente en Cabildo y Juramento se entere que arrancó el recital de Soda. Armado con cuidado en cada aspecto por la productora PopArt, el espectáculo dejó su nítida huella en el esperado regreso de los shows masivos en Capital Federal, con una eficaz organización. acorde a los pergaminos de esta empresa. Aquellos que no asistan a estos shows, tendrán a futuro la chance de verlos en un doble CD-DVD que Sony Music Argentina publicará de la gira en una fecha a determinar.  

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Soda Stereo comenzó el principio del fin, el cierre de una gloriosa etapa y la culminación de un brillante ciclo que nadie podrá repetir o igualar en los próximos cincuenta años o más. Ponerse a discutir el formato del concierto es sencillamente patético, entendiendo en definitiva que tanto a Charly como Zeta les asiste el derecho de un último tour, para así cerrar un circuito que inesperadamente el destino alteró la mañana del histórico jueves 4 de septiembre de 2014. El chusmerío vecinal de influencers, comunicadores saturados de limitaciones y medios que prefieren darle una página a Wanda Nara en vez de ofrecerla a un grupo así, hablan a las claras del turbio presente que vive la comunicación El mentado “nuevo rock argentino”es una vergonzosa farsa que nació sin señales de vida, sostenido artificialmente por redes sociales e hipócritas de turno hablando de las grandes bondades de unos buenos para nada. Exhibiendo infinitas limitaciones musicales, respirando bajo el contaminado oxígeno de mucha tecnología, poca calidad y nulos talentos, la actual vuelta de Soda Stereo aún bajo esta situación, deja a las claras la infinita distancia existente entre un grupo de rock en serio y todos esos impresentables que primero abren un Instagram con el nombre del conjunto y después se ponen a ensayar. No hay nostalgia ni melancolía, hay una realidad: el rock y la verdadera música pop, salvo contadas excepciones, transitan el peor tiempo que se conozca en toda la historia del arte de combinar los sonidos en esta parte del planeta y semejante realidad, tan devastadora, no da para decir “Gracias Totales”.        

 

Fotos Shows Soda Stereo: Urban Grupo/ Productora PopArt/ Gabriel Anchorena Uriburu.   

Fecha de Publicación: 23/12/2021

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