Mendoza es visitada todos los años por cientos de miles de turistas. Nos visitan por nuestros paisajes, nuestra gastronomía y nuestra cultura en general. Inclusive, la mayoría de nuestros visitantes se vuelven contentos con el trato recibido. Pero hay algo que se esconda bajo el velo de la amabilidad: los mendocinos somos cerrados y conservadores.
No son muchos los que advierten esa característica de nosotros. Quizás, los pocos que lo hacen son los artistas, sobre todo, los músicos. En más de una ocasión se ha criticado al público mendocino, cerrado, que no aplaude propuestas nuevas. O en teatro. Somos un público que prefiere los clásicos de la dramaturgia mundial y no el teatro ciego, por ejemplo.
A nivel político, lo mismo: conservadores. Siempre eligiendo los históricos partidos de nuestra provincia. Si aparecen propuestas nuevas, el razonamiento es “más vale malo conocido que bueno por conocer”. Y así deambulamos, siempre entre los mismos.
En lo deportivo, ¿a qué juegan la mitad de los deportistas de nuestra provincia?: al fútbol. Y el resto se reparte en apenas un puñado de otros deportes, bastante clásicos por cierto. ¿De quién somos hincha los mendocinos?: de los mismos 4 equipos de siempre.
Un pueblo de montaña
Así somos, y es lo peor de nosotros. Diferentes orientaciones sexuales son vistas de reojo. Vestimentas que salen de los parámetros tradicionales son juzgadas con la peor de las miradas. Si terminaste la secundaria y no quisiste ir a la universidad, estás desperdiciando tu vida. Y así con tantos otros ejemplos. Mantenemos las mismas prácticas de hace 60 o 70 años al menos.
Algunos explican que es porque somos un pueblo de montaña. El frío, la adversidad de nuestro clima árido y la falta de agua nos vuelve más cuidadosos con lo que tenemos, sin dar lugar a intentar cambiarlo. Pero es nuestra realidad, la aceptamos y convivimos con ella, sin perspectivas de cambiarla.
Argentino, mendocino. Licenciado en Comunicación Social y Locutor. Emisor de mensajes, en cualquiera de sus formas. Poseedor de uno de los grandes privilegios de la vida: trabajar de lo que me apasiona. Lo que me gusta del mensaje escrito es el arte de la imaginación que genera en el lector. Te invito a mis aventuras.