La estratégica zona del Puerto santafesino y su vibrante transformación de la última década lo posicionan como el barrio más joven de la capital provincial. Además, es el que comandó la recuperación de la autoestima perdida de una ciudad que venía golpeada.
Las sucesivas inversiones en el sitio no solo le cambiaron la cara a un lugar que, estaba de espaldas a la ciudad, muros mediante, sino que también comandó un salto de calidad del conjunto. Lo hizo con genuinas y transformadoras inversiones privadas. Shopping, Casino, clubes, marinas, edificios de calidad en una zona de gran seguridad, cercanía, vistas y exclusividad al mismo tiempo.
Muchos actores relacionados con el urbanismo y el desarrollo inmobiliario lo visualizan como “nuestro Puerto Madero”. Empresas constructoras locales participaron activamente de esta transformación con proyectos de calidad que hoy se disfrutan por los santafesinos y los turistas que llegan a conocerlo. Edificios para vivienda de primer nivel fueron y siguen siendo desarrollados en el joven y hermoso barrio portuario de la capital santafesina.
Ciertamente, la zona tiene similitudes con Puerto Madero: la combinación de locales comerciales y gastronómicos con edificios premium de oficinas y viviendas, todo de gran nivel constructivo. Además, en el caso santafesino, con un plus de seguridad: hay sólo tres entradas, todas controladas por Prefectura Naval Argentina y las calles internas tienen escaso impacto de tránsito, pese a estar a metros del microcentro.
La zona portuaria de la capital de la se destaca, entre otras cosas, por el entorno natural, la tranquilidad, la seguridad y la conectividad. La combinación de proximidad y privacidad; la posibilidad de estar en el centro y a la vez en contacto pleno con la naturaleza; la seguridad, y el nivel constructivo de todo el conjunto, hacen que sea un espacio único.
Breve historia de un puerto
Ya desde su traslado a la ubicación actual en 1660, Santa Fe nace como una ciudad portuaria. Pero para 1780 el puerto perdió mucho calado y comenzó a caer en desgracia.
La zona cercana a la capital santafesina tuvo en el siglo XIX otros importantes puertos que, con el tiempo, también dejaron de funcionar. Tales son los casos del que estaba en la localidad de Helvecia y el de Colastíné. Este último mucho más cercano y en una zona que geográficamente está dentro de los límites de la ciudad. Con el correr de los años, fueron quedando en desuso. Pasaba esto ya sea por cuestiones geográficas (ya se mencionó que los ríos perdían la profundidad necesaria para e ingreso de grandes barcos) o por decisiones políticas.
Llegó la presidencia de Julio Argentino Roca quien, recorriendo la región en 1902, entendió que el puerto debía estar al lado de la ciudad, como ocurría en todas las ciudades europeas y la posición del entonces gobernador Rodolfo Freyre respondió al requerimiento de Roca. Así, el primer barco ingresó al "dique uno" el 1º de enero de 1911. El puerto quedaba habilitado para operaciones de ultramar.
Era lógico que la capital provincial tuviera un puerto “adentro de la urbe”. Ya pasaba en Rosario que tenía uno de los más importantes del país, orgullo que sigue ostentando. Durante toda la segunda mitad del siglo XX la historia de la pérdida de importancia del puerto volvió a repetirse. Hasta los primeros años de la década del 2000, el espacio estaba casi abandonado, triste y hasta tenebroso. Todo cambió con el desarrollo que te contamos en esta nota. El turismo, el ocio y la diversión le dieron vida a una zona de Santa Fe que hoy es inevitable conocer.
Argentino, nacido en la ciudad de Santa Fe. Licenciado en Comunicación Social, especializado y apasionado por la redacción. Amante de las canciones, los idiomas y la interculturalidad. Me gusta emocionarme con un lindo texto y dejarme sorprender como un niño. Juego a que soy escritor y músico.