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Un fin de semana en Tucumán

Sergio Dobrusin, un lector de Ser Argentino oriundo de Misiones, nos propone un plan inmejorable.
Tucumán
17 octubre, 2019

¿Te gusta la idea? Sergio Dobrusin, un lector de Ser Argentino oriundo de Misiones, nos propone el siguiente plan:

Viernes a la tarde/noche: llegada al aeropuerto de Tucumán y de ahí a Raco (a solo 40 km. del aeropuerto). Nos van a estar esperando con una cena regional increíble: tamales, humita y, obviamente, empanadas tucumanas.

El pueblo de Raco está en medio de las Yungas, una combinación perfecta de selva con serranías. Nos alojamos en “La Pedrera”, una casa de una familia tradicional de la zona convertida en un pequeño lodge de 6 habitaciones, con un parque hermoso de casi 2 hectáreas, mucho verde, quincho y una pileta espectacular. ¿Querés algo más? Hay: mucho silencio, buen servicio y tranquilidad.

El sábado nos relajamos en la pileta, y si tenemos espíritu de aventura, hacemos una caminata o una cabalgata por la zona, apreciando las Yungas, las sierras y unas vistas espectaculares. No nos va a llevar más de 4 horas.

A la tarde, algo distinto: a 13 km. de Raco se encuentra Siambón, un pueblito de montaña hermoso, que alberga un monasterio benedictino en lo alto de un cerro. Podemos visitarlo y además comprar sus auténticos productos regionales: dulces, alfajores, miel y hasta vinos. El corolario, increíble: todos los días, a las 18:40 puntual, los monjes nos deleitan con la misa cantada, el famoso Canto Gregoriano. Siguen el principio de San Agustín: «El que canta bien, ora dos veces». Un momento muy especial, de gran valor espiritual y ecuménico. Yo soy judío, pero estar ahí, en ese entorno mágico, en ese monasterio de piedra en lo alto del cerro, escuchando a esos monjes cantar, emociona a todos, sin distinción de creencias.

El domingo, si pasear en auto es lo que nos gusta: San Javier, Villa Nougues y Yerba Buena, tres lugares increíbles en el entorno de San Miguel de Tucumán. Históricamente son las villas veraniegas tradicionales de los tucumanos, con sus casas señoriales que le dan un marco bien particular al paseo. Al mediodía, un rico asado acompañado con un buen vino de los valles Calchaquíes para cerrar la visita con todo. A la tarde, de vuelta a casa. Estuvimos dos noches en Tucumán, y volvimos completamente renovados: naturaleza, cultura y relax, ¿Qué más necesitamos?

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