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Simoca: entre sulkys y trueque

En las ferias sucede la vida del pueblo. Y, si la tradición permanece después de tres siglos, significa que la magia continúa intacta.

En las ferias sucede la vida del pueblo y si la tradición permanece después de tres siglos, significa que la magia continúa intacta. La Feria de Simoca, la más grande de Tucuman, tiene lugar en la localidad que le da el nombre, los días sábados. A tan solo 50 kilómetros de la capital de la provincia se encuentra este pueblo de tradición azucarera, cuyo nombre (de origen quechua) significa “lugar de gente tranquila”. Es uno de los pocos lugares donde aún persiste una costumbre casi abandonada: el trueque.

Incluso antes de la fundación del pueblo, la feria tenía lugar en este sitio, que era posta y punto de intercambio por ser un importante cruce de caminos. Así, desde hace 300 años los habitantes del pueblo, y de los campos aledaños, se juntan cada semana para realizar sus compras. Hoy es un punto obligado de la ciudad que para muchos lugareños representa su fuente principal de ingresos. En la plaza principal se instalan los puestos o “ranchos” donde se ofrecen los más diversos productos. 

En la feria pueden encontrarse desde artesanías hasta puestos de comidas preparadas, frutas y verduras, quesos regionales, animales vivos y la típica chala de Simoca (una suerte de cigarros mezcla de tabaco negro y anís estrellado). Se venden productos para el campo tales como monturas, fustas y estribos. Los ponchos, botas de cuero, cintos y alpargatas también son protagonistas entre los diversos puestos. 

Entre las opciones gastronómicas una de las curiosidades que se pueden encontrar en la feria (y vale la pena probar) son los pasteles de novia. Un pastel agridulce, infaltable en las fiestas de casamiento tucumanas, que forma parte de la tradición culinaria de la provincia. Hay quienes las hacen con carne de cerdo y membrillo, otros las hacen con pollo desmenuzado y duraznos espolvoreados con canela. En muchos casos los presentan cubiertos de merengue. 

Los residentes, en ocasiones, recurren al sistema de trueque para realizar sus transacciones: uno de los pocos lugares del país donde se sigue realizando a la vieja usanza. Una docena de empanadas o un par de botas de cuero se puede convertir en moneda de cambio entre los feriantes. Si bien, los turistas suelen pagar con dinero no dejan de sorprenderse ante esta milenaria costumbre del lugar. 

¿Cuándo es la mejor época para visitar Simoca? Su momento de mayor esplendor es en el mes de julio, cuando tiene lugar la Fiesta Nacional de la Feria. Nació en 1980 para homenajear al pueblo simoqueño y desde entonces se festeja todos los años con la apertura del desfile de sulkys y de caballería gaucha. Durante los fines de semana de julio las actividades comienzan por la mañana y terminan pasada la medianoche. Los visitantes pueden disfrutar gratuitamente de espectáculos musicales, desfiles de gauchos y ballets folklóricos.La fiesta, una de las más antiguas del Norte argentino, se convirtió en punto de encuentro y reunión de grandes folkloristas.

Pero las atracciones de Simoca no terminan en la feria ya que, además, la localidad es la Capital Nacional del Sulky, vehículo que todavía se produce de la manera tradicional por los últimos tres fabricantes que quedan en la ciudad. Los talleres Naranjo, Lezcano y Torrejón, asociados bajo la marca Sulky de Simoca, son quienes llevan adelante la producción con insumos y mano de obra tucumana. Su trabajo se aprecia por las calles del pueblo, que aún hoy lo usa como medio de transporte, se puede ver cómo algunos vendedores (los más longevos) llegan a sus puestos en este vehículo y lo estacionan cerca de la feria. Sin embargo, donde más se lucen es en los desfiles de la Fiesta Nacional del Sulky que tiene lugar en noviembre. 

Simoca es, sin dudas, una visita obligada que tenés que hacer en tu próximo viaje a Tucumán.

 

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