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Dos consejos claves para cuidar y cuidarse en los bosques fueguinos

Un enemigo obvio de los bosques y otro no tan conocido.

La masa boscosa de Tierra del Fuego pertenece a los denominados Bosques subantárticos o Bosques Andino-patagónicos. La formación se extiende sobre la parte austral de la Cordillera de Los Andes constituyendo una angosta e irregular franja que se inicia en el noroeste de la provincia de Neuquén, llegando hasta la costa del Canal Beagle, hasta extinguirse en su extremo sudeste y en la Isla de los Estados. Los bosques fueguinos constituyen la última porción de la formación, estando ubicados al sur. Tanto los factores climáticos como los edáficos, tienen influencia en la distribución de la vegetación de Tierra del Fuego. 

El clima en los bosques fueguinos, es de características Subpolar y presenta una marcada influencia de la masa de hielo antártico, de las corrientes occidentales frías y de la alta relación masa oceánica-masa terrestre. Mayoritariamente compuestos por lengas y ñires, estos árboles datan de cientos de años de antigüedad. Para aquellos intrépidos acampantes o para los turistas que vayan al fin del mundo, existen una serie de advertencias sobre cómo preservar la buena salud de los bosques fueguinos, y que también valen para cualquier bosque del mundo..

El fuego, el principal enemigo

Año tras año, la cultura extractivista y la nula conciencia ambiental llevan a quemar millones de hectáreas de bosque en todo el mundo. Con intención y fin económico o por descuido y negligencia, los bosques sufren cada vez más la acción humana. 

Por esto, cuando alguien hace fuego, es obligatorio tomarse el tiempo para apagar las brasas aunque parezcan extintas ya que pertenecen encendidas por un tiempo prolongado, y cualquier ráfaga podría avivarlas y trasladarlas. Otro de los claros peligros es hacer fuego cerca de árboles. Las ramas medias de los árboles pueden ser alcanzadas por llamas que aparentan ser más pequeñas. Pero además de las copas, los árboles también pueden ser incendiados desde la raíz. Algunos, como el olivillo patagónico, tienden a expandir su agresivo sistema radicular por muchos metros casi al ras de la superficie, por lo que si se calienta mucho el suelo se puede desatar un incendio.