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Qué hacer en Cayastá

Te contamos la historia y te dejamos los puntos clave para conocer Cayastá, la vieja Santa Fe

Setenta y siete años después de que don Juan de Garay fundara Santa Fe de la Vera Cruz, se produjo el traslado de ésta a su actual emplazamiento, 82 Km al sur, por la actual RP 1. Pero el sitio original donde quedó lo que hoy llamamos Santa Fe La Vieja, está junto a la imperdible localidad costera de Cayastá.

El propósito de “abrir puertas a la tierra”, mediante el establecimiento de una ciudad que facilite la comunicación entre la metrópoli y Asunción, se vio frustrado por los sucesivos ataques de los aborígenes (abipones, mocovíes y otros) que se proclamaban dueños de ese territorio y los reclamaban. El malón era el medio que usaron para vulnerar la seguridad y alentar la huida de los nuevos habitantes. Además, las crecientes del río, periódicas e implacables, provocaban inundaciones que impedían el ansiado contacto con Asunción. Ante este panorama, después de diez largos años de tratativas e intentos de traslado, éste llegó a concretarse definitivamente.

La antigua Santa Fe, recibió el nombre de Cayastá y fue consolidándose con el tiempo en una comuna en la que conviven dos grupos de habitantes. Uno corresponde a los descendientes de antiguas generaciones que trabajan en la explotación de los recursos naturales, como la pesca y la agricultura y en  todas las actividades derivadas de ellas. Otro grupo es el de habitantes ocasionales, que tienen sus casas de fin de semana provenientes de las grandes localidades cercanas y se dedican a la pesca deportiva y a los deportes náuticos, con modernas embarcaciones, que nada tienen que ver con las de los pobladores permanentes.

El valor de la costa santafesina

La proximidad de Cayastá con el río permite que en verano puedan disfrutarse las playas y el gran Camping Municipal que organiza numerosos y convocantes eventos.

En 1949 comienza un nuevo movimiento que ubica a esta comuna en uno de los lugares más elegidos para el turismo que recorre la costa santafesina y es el que inicia el Dr. Agustín Zapata Gollán estableciendo definitivamente el lugar de la fundación de Santa Fe, del que no había certeza hasta el momento.

Una vez autorizado el comienzo de las excavaciones se fueron descubriendo desde las primeras, escombros provenientes de derrumbes de techos de teja, muros de tapia y cimientos que permitieron determinar la distribución de las construcciones del período fundacional. En primer lugar pudo establecerse la ubicación de una iglesia, a partir del hallazgo de restos humanos dentro de sepulcros, ya que era costumbre de la época sepultar a los muertos, dentro de los templos.

A partir de allí, se encontraron las ruinas de otras tres iglesias, del Cabildo, de la Casa de Gobierno y de otras edificaciones. Utensilios de la vida doméstica de origen hispano americano, como tinajas, vajilla de cerámica vidriada y cerámica indígena, campanas de bronce, estribos, espuelas, herramientas, monedas, por citar algunos, completan lo descubierto.

En 1952 se aprobó la autenticidad de estos descubrimientos y cinco años más tarde se lo declaró Monumento Histórico Nacional.

Hoy en día las “Ruinas de Cayastá” también llamadas las “Ruinas de Santa Fe la Vieja”, son visitadas por muchísimo público que cubre un amplio espectro. Este abarca a alumnos de las escuelas de distintas procedencias hasta turistas que se sorprenden ante este valioso sitio histórico. Sus instalaciones están muy bien mantenidas y provistas de todas las comodidades para los visitantes.

Turismo e historia conjugados a la perfección

Un especial atractivo es la representación de un día en la vida de una familia común de aquellos tiempos, que se realiza en vivo, con actores locales y en dependencias de una casa cuyos cimientos y parte de las paredes son originales. El entorno, exquisitamente engalanado con flores y aromas de antiguas especies completa la magia.

Pero, un capítulo aparte es la sorprendente y emocionante visita a las ruinas de la iglesia de San Francisco, en la que se puede recorrer una plataforma elevada del nivel del piso, que rodea la nave central y desde la que se ven, con todo detalle, los restos humanos en sus sepulturas, ubicados conforme a la usanza de la época, es decir: los cadáveres que tienen la cabeza “mirando” al altar, eran gente del pueblo, mientras que los que tienen la cabeza de espaldas eran sacerdotes.  Se destacan los del primer gobernador criollo del Río de la Plata, Hernando Arias de Saavedra y su esposa, Jerónima de Contreras, hija de don Juan de Garay. Un clima de sobrecogedor respeto habita todo el lugar y produce en el visitante una extraña sensación de trasladarse al pasado y tener, al alcance de la mano, las raíces de la historia.

 

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