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Paraíso de flamencos

Muy cerca de Santa Fe, los flamencos ofrecen un paisaje digno de documentales televisivos. Conocé una propuesta de turismo bien silvestre.

A solo 40 kilómetros de la capital santafesina, se extiende una singular laguna, denominada Añapiré. En sus aguas, se alimentan y “bailan” miles de flamencos, espátulas, cisnes y otras especies de aves.

El flamenco rosado impresiona al volar en bandada. Este animal, tan pintoresco por su color, es el mismo que suele encontrarse en Mar Chiquita y otras lagunas de Santa Fe. Pero, en ningún lado, el paisaje es tan imponente como aquí. Ocurre que la laguna de Añapiré es muy rica en una especie de microcrustáceos que son, justamente, los que le dan el colorido a su plumaje y al de las espátulas.

La laguna debe su nombre a las lenguas originarias de la región. Su traducción sería algo como “cáscara o piel de diablo”. Ya recibía este nombre en tiempos de Juan de Garay. Parece que el mismo conquistador tuvo campos por esta zona.

A la laguna se llega solo por camino de tierra, luego de arribar a Campo Andino por la ruta provincial 82.

Si vas a ir en verano, tenés llevar binoculares o cámara fotográfica con lente de alto alcance, porque las aves suelen encontrarse en el centro de la laguna, donde podrás verlas haciendo su singular danza. En invierno, las cantidades de bandadas son mucho mayores. Los especialistas han contado ¡más de seis mil!

Si no sabías dónde podés encontrar, en Argentina, una expedición digna de un documental de Discovery, venite a Santa Fe que, acá cerquita, tenés un paraíso de fauna silvestre. Lo que sí, sé respetuoso: el flamenco es una especie amenazada. Su hábitat es continuamente destruido, por eso se va trasladando de humedal en humedal. También, lamentablemente, son muy buscados para el tráfico ilegal. Se los suele ver en lujosos parques.

Cuidemos a los flamencos, mientras apreciamos el único paisaje que ofrecen.

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