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Cuando lo que brilla sí es Oro

En San Luis podés experimentar lo que se siente entrar en una mina real.

Encontrar una mina de oro es algo con lo que muchos de nosotros soñamos alguna vez. En La Carolina (San Luis) podés experimentar lo que se siente entrar en una real y, de paso, revivir una parte de nuestra historia tal vez no tan conocida. A ochenta y tres kilómetros de la ciudad de San Luis, dentro del departamento de Coronel Pringles. Específicamente al pie del cerro Tomolasta, se encuentra este pueblo inmerso entre valles y cerros de altura que supo ser un sinónimo de oro. 

Cuenta la historia que fue el Marqués de Sobremonte, por ese entonces intendente de Tucumán, quien mandó a instalar allí un pueblo minero en 1792, luego de que (en 1784) se descubrieran pepitas de oro en la región. Decidió bautizarlo La Carolina en honor al rey Carlos III de España. En esa época el preciado mineral era abundante y Sobremonte no dudó servirse de los aborígenes de la región para explotar las minas. 

Este pueblo supo ver su auge en el siglo XIX, cuando un descubrimiento casual generó la más descabellada fiebre de oro que sufriera el país. Durante su tiempo de esplendor –entre 1784 y 1955–  La Carolina tuvo tres períodos de explotación de sus minas: el español, el inglés y el de las empresas nacionales. En esos años, las protagonistas fueron tres minas: Buena Esperanza,Extensión y Romualdo. La explotación se realizó de forma ininterrumpida, con mayor o menor éxito, hasta la década del cincuenta cuando se agotó por completo el preciado mineral.

Hoy los túneles de las viejas minas se reabren apuntados a una nueva actividad: el turismo minero en las sierras puntanas. La idea de esta experiencia es recrear el proceso de extracción de oro, tal como lo hacían los antiguos trabajadores, y apreciar los valiosos minerales que aún hoy se observan en su corteza. Se pueden hacer visitas durante todo el año, se recomienda hacerlo con guías del lugar, ya que, hay muchos túneles que han sido inundados y son peligrosos para quién no conoce la zona. 

Para llegar se debe hacer una caminata de diez minutos desde el casco del pueblo a la entrada de la minas, una vez allí, provistos de cascos con linternas y botas de goma, se transitan los casi 400 metros dentro de la mina donde se pueden observar distintos minerales de la corteza terrestre, formaciones de estalactitas y estalagmitas. En el recorrido nos explicarán los métodos de extracción de antaño y las penurias de los mineros. 

Otro de los atractivos del lugar es el paseo por el arroyo donde se puede jugar a ser un buscador de oro y “pescar” pepitas zaranda en mano. Esta actividad es más bien recreativa ya que hoy en día no se encuentra oro en las inmediaciones. El pueblo ofrece también en su circuito turístico visitas a las cuevas de Inti huasi, cavernas que datan de 8000 años cuyas paredes están cubiertas por pictografías de la cultura Ayampitín.

 Por último para quienes disfrutan de los museos cuenta con dos atracciones; el Museo de la poesía, creado en honor al poeta Juan Crisóstomo Lafinur, nacido en este pueblo; y el Museo Arqueológico Inti Huasi, donde se pueden encontrar puntas de flecha, cuchillos y restos de cerámica antiguos encontrados en la región de las minas. Si llegamos en la primera semana del año podremos participar de La Fiesta del Oro donde se presentan cantores populares de la región, se organizan búsquedas del tesoro para todas las edades, campeonatos de fútbol, concursos de literatura y asados populares. Sin dudas un destino que nos ofrece las más variadas actividades en torno a la actividad que le ha dado más esplendor: la minería. 

La Carolina propone conocer los vestigios de un pasado esplendoroso en pleno contacto con la naturaleza: un alto en la ruta que no te podés perder la próxima vez que tus planes de viaje te lleven a San Luis.

 

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