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Mutquín, un paraíso en las serranías del Ambato

Te recomiendo este maravilloso lugar en el corazón de Catamarca.
Catamarca
24 octubre, 2019

Visité Mutquín, en el corazón de la provincia de Catamarca, más precisamente en el departamento de Pomán. El poblado, de poco más de mil habitantes, descansa sobre la ladera oeste del cerro El Manchao, la mayor cumbre (4561 MSNM) del cordón del Ambato. Se llama Manchao (y no Manchado), porque significa manch = miedo, ao = lugar, o sea: Lugar del Miedo. Algún desprevenido puede creer que es por las manchas que tiene el cerro, pero no. Es un “lugar de mucho viento y de mala fama porque espanta con sus ruidos” me cuenta José Barrionuevo, director de turismo del lugar.

Mutquín es perfecto para visitar todo el año ya que las actividades que ofrece al turista son heterogéneas. En virtud de su altitud, Mutquín tiene un microclima bastante fresco, incluso en los días de verano, donde por las noches la temperatura suele bajar de los 15º C. Si lo visitas en esa estación podrás disfrutar no solo del Festival de la Nuez sino también de un verdadero carnaval norteño.

¿Cómo llegar?

La localidad se encuentra a 172km de San Fernando del Valle de Catamarca. Desde la terminal de ómnibus hay un transporte público que te lleva regularmente. Yo, en cambio, hice el recorrido en auto. Tomé la ruta nacional 38, como yendo a La Rioja. Al llegar a la RN 60 giré a la derecha para cruzar el Ambato por la quebrada de La Cébila. Veinte kilómetros de camino de montaña que serpentea con el río Salado, algo tan bello como indescriptible.

Una vez cruzada quebrada, doble a la derecha por la ruta provincial 46. Luego de un camino anodino volví a la aventura de los caminos zigzagueantes. Fueron 12 km de ascenso para llegar a Mutquín, por una bella cuestecilla, como le dicen por aquí, que es la ruta provincial 133.

¿Cómo es Mutquín?

El poblado es en un lugar de paz y tranquilidad. Un pueblo que te hará sentir que llegaste al paraíso terrenal. El verde de sus nogales se amalgama con el aroma a hierbas que baja de los cerros. Precisamente de allí proviene en nombre de la región. Mutki en el idioma de los pueblos originarios significa oler. Todo eso conjugado con el andar tranquilo y la amabilidad y sencillez de su gente, hacen que tu estadía sea confortable.

En Mutquín se puede desarrollar diferentes actividades, desde el descanso pleno viendo, tendido en la hierba, ponerse el sol sobre los cerros. Hasta la dinámica actividad de montaña. Para los más avezados hay excursiones para hacer cima en el Manchao, con un grado de dificultad media. Si estás, como yo, entre los que nos gusta las caminatas por senderos este es el lugar perfecto.

En busca de Los Chorros

El Mutquín es un río que proviene desde una recóndita quebrada en el Manchao. Se desliza hacia el poniente y atraviesa el pueblo. Ellos utilizan su agua para riego y consumo. Este torrente deja en su camino cascadas y saltos de agua, a quienes los locales llaman Los Chorros.

Te sugiero, para realizar la caminata, que lleves calzado especial para trekking. Yo lo hice con unas Fury 3M de Salomón que son resistentes al agua. Nuestro guía llevaba unas Kaïpo CS WP 2 M de la misma marca. Son necesarias porque para llegar a Los Chorros hay cruzar el Mutquín varias veces. Vos elegirás, de acuerdo con el calzado, caminar por sus aguas o saltar sobre las rocas de su lecho.

Hay un hermoso sendero en ascenso. Uso para este tipo de caminatas la aplicación del celular Strava que junto con mi reloj Garmin Tactix Charlie me permiten medir alturas, tiempos, y me marca el punto de regreso para las veces que salgo sin guía. En este caso es imposible perderse porque la senda está perfectamente señalizada.

La App me marcó una caminata de 1750 metros hasta el tercer Chorro. El más grande, tiene una caída de 15 metros de alto. El altímetro marcaba 2037 MSNM. He recorrido nuestro país muchísimo, pero tengo que decirte que nunca vi un lugar como este y una cascada que te deje tan atónito.

Los chorros de Mutquín – Foto SZ Emilio

La historia de Carolina

Cuando hablé con el director de turismo le pedí que me sugiriera un lugar para comer. Me dijo “anda a lo de Caro, yo le aviso que vas a pasar”. Carolina Villafañe es una NyC (nacida y criada) catamarqueña. Cuando terminó el secundario sintió que la cocina era su pasión. Se recibió de Cocinera en la Escuela de Formación Gastronómica de Catamarca. No conforme con eso realizó especializaciones en cocina solar, de autor, entre otras.

La vida quiso que allí conociera a su mejor amiga y a través de ella a Mutquín. Viajó por primera vez hasta aquí para realizar una capacitación gastronómica en un comedor infantil y, como yo, se enamoró del lugar. Tanto que después de haber viajado por el mundo, durante 15 años, sintió que aquí debía detenerse para echar raíces.

Su especialidad es la cocina fusión, “deseo que quien pruebe mis platos sienta a Mutquín” me dice. Y lo experimente al probar un risotto de nuez. O el mote, una comida típica de la región, que se hace con carne, porotos y maíz blanco. “El secreto es cocinarlo lento y al rescoldo” me cuenta Carolina y agrega “este lo hice con leña de nogal”. No existe en el diccionario de la lengua un adjetivo para describir los sabores que se conjugaron en tu boca cuando lo pruebes. Sensaciones indescriptibles como las que viví cuando contemplé Los Chorros.

Después de comer y saborear un exquisito jugo de membrillo me despedí de Carolina y su esposo prometiendo volver a Mutquín para cuando tenga terminado el complejo hotelero gastronómico Renacer, realizado íntegramente con domos geodésicos.

Carolina y Luis
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