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Viña Las Perdices y una propuesta imperdible

Recientemente, la bodega Viña Las Perdices abrió un nuevo y moderno edificio. En esta nota te contamos detalles.

Viña Las Perdices da una vivencia aconsejable para todos los que desean comprender Mendoza, gozar de la hermosura del paisaje y el recibimiento cálido del conjunto que compone el Enoturismo.

El establecimiento está en Agrelo, Luján de Cuyo, a tan solo 40 kilómetros de la Capital de la provincia, recostado sobre la Cordillera de Los Andes. La bodega está localizada en una finca característica de la región de 96 hectáreas de viñedos. Posee vides de más de 40 años de antigüedad y con un abanico de 17 variedades diferentes entre blancas y tintas. Esta cualidad les permite tener una amplia oferta de vinos poco habitual en bodegas familiares.

El lugar brinda una visita que empieza con un relato sobre la Familia Muñoz López, creadora de Viña Las Perdices, y los inicios de la bodega. Después se recorre el viñedo más viejo, un parral de Bonarda situado en las proximidades del nuevo edificio, y se sigue al área de los tanques. Aquí el visitante aprenderá todo sobre desarrollo de la preparación de vinos y espumantes. Finaliza con una cata, que se hacer en el deck, la terraza o la recepción.

Hay tres tipos de degustaciones. Una incluye cuatro vinos de diferentes líneas clásicas. Otra, en cambio son cuatro etiquetas distintivas. La última además de saborear tres etiquetas emblemáticas de la vina suma una tabla de quesos.

Arquitectura

Si hablamos de arquitectura edificio original de Viña Las Perdices se refiere a las creaciones llevadas a cabo en España a finales del siglo XIX y principios del XX, propio de las habituales bodegas mendocinas. Es de ladrillo visto y techo de tejas musleras a dos aguas. La construcción fusiona la tradición andaluza de los fundadores con alta tecnología y maquinaria de más reciente generación. Transmite una imagen fuerte y emblemática en oposición al paisaje natural del Cordón del Plata y los viñedos que la cubren.

El ingreso al nuevo sector de turismo se hace luego de recorrer un sendero determinado por gramíneas y aromáticas, que lleva a una cascada que forma un espejo de agua que en horas de la tarde refleja el nuevo edificio.

El ingreso es por medio de un vestíbulo que conecta al visitante con la recepción, la zona de tanques y una escalera que transporta a la planta alta.

El vestíbulo está adornado con el dibujo del Ojo de la Perdiz en el piso que se reitera en el techo. El iris de la figura posee un tragaluz, haciendo que la luz natural caiga cenital sobre su igual en el piso.

Un enorme ventanal en el salón facilita gozar de la visión al espejo de agua, la acequia, las viñas y las montañas. Por medio de un deck que une el edificio con el verde, se ingresa a la terraza desde la que se tiene una vista maravillosa. Una vivencia imponente para el visitante a toda hora y en cualquier estación del año.

Credito de las Fotografías Viña Las Perdices

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