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La Toma de los Españoles: un dique perdido en Mendoza

Muy pocos conocen La Toma de los Españoles. Un espacio de agua de color paradisíaco, un dique muy cercano a la Ciudad.

Al hablar de “Toma de los Españoles”, muchos podrán pensar en la ocupación de tierras que efectuaron los españoles hace siglos en nuestro continente. Sin embargo, como todo tiene que estar en su debido contexto, es preciso explicar que, para los mendocinos, una toma es la derivación o desvío del agua de un río o canal principal. Los restos de la Toma de los Españoles fueron declarados en 1989 como Monumento Histórico Nacional, mediante decreto N° 325.

 

Luego de obras, remodelaciones y fuerte inversiones estatales, esta toma, con más de 300 años de historia, se presenta como una atracción turística escondida. Su estructura, con fuertes y puentes de piedra han sufrido el desgaste de los años, por lo que ahora sólo queda el paisaje como principal objetivo.

Caminando o en bicicleta

El lugar se emplaza a unos 30 kilómetros de la Ciudad de Mendoza. Se puede llegar en vehículo, hasta su ingreso por RP 82, o en bicicleta, pudiendo entrar pedaleando hasta el dique. Así, La Toma de los Españoles se convierte en otro atractivo del tradicional camino a Cacheuta, que presenta entre sus opciones: la Playa de Luján, el café Entre Dos, distintos campings, paradores, restaurantes, cabañas, las Termas de Cacheuta y los Puentes Colgantes. Todo se ubica al costado de la mencionada ruta 82, la cual concluye en el Dique Potrerillos.

Pero, volviendo al tema que nos convoca en este artículo, la Toma de Los Españoles tiene su ingreso a la altura de las vías del tren, antes del control policial. Hay que ir muy atentos porque el cartel que marca su ingreso no está debidamente identificado. Desde la ruta hasta la Toma, nos conduce un camino de tierra. Se lo puede hacer caminando o en bicicleta. De hecho, es un destino cada vez más elegido por los ciclistas que parecen cansados de ir siempre a los mismos lugares. Y como este lugar asoma como una nueva opción, está muy de moda últimamente.

 

Al llegar, la gente se maravilla con las estructuras, fuertes, puentes y compuertas de piedras y madera que todavía siguen en pie. Se nota que los aluviones, el viento y otros fenómenos meteorológicos han hecho su parte, lo cual resulta lógico, después de 300 años. Sin embargo, esto, a su vez, hace que el lugar parezca un viaje en el tiempo. Allí la tecnología no se ha manifestado, el ruido de los autos y la ciudad quedan muy lejos. Por lo tanto, la soledad, el viento y algunos animales son lo único que irrumpen en un paisaje totalmente natural.

 

Por ahora es un lugar bastante virgen, digno de visitar y disfrutar durante estos meses. En cualquier momento, la gente lo conocerá de forma popular, y su toque de naturaleza se perderá.

 

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