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La Laguna del Sosneado, un lugar soñado

Emplazada en la Cordillera de Los Andes. La laguna atrae, sobre todo, a turistas locales. Aguas termales y una ruta al costado del Río Atuel.
Mendoza
La Laguna del Sosneado, un lugar soñado
13 diciembre, 2019

El paisaje más espectacular que ofrece Mendoza es el de cualquier espejo de agua entre las montañas, en la Cordillera de Los Andes. Tal es la postal que entrega, por ejemplo, la conocida Laguna del Diamante, de la que podrá hablarse en otra oportunidad. O el dique Potrerillos, quizás el más conocido. Sin embargo, en esta nota, hablamos de una laguna menos reconocida. Algunos mendocinos ni siquiera saben de su existencia. En la profunda montaña de San Rafael asoma la Laguna del Sosneado.

El camino

Se ubica a 330 kilómetros al sur-oeste de la Ciudad. El viaje hacia este lugar ya es, de por sí, toda una atracción imperdible. Por asfalto partimos hacia el sur por la ruta 40, cerca de 100 kilómetros hasta la localidad de Pareditas, en San Carlos. Allí comienza lo mejor, desvío hacia el oeste y camino de tierra hacia el sur, paralelo a la majestuosa cordillera, con quebradas y rectas eternas, aunque con algunos sectores sinuosos, típicos trazados de montaña. En total, ese tramo son 160 kilómetros, donde el intenso azul del cielo mendocino confluye con los picos de las más imponentes cumbres. Un deleite.

Ese trayecto termina en la localidad de El Sosneado, ya en el departamento de San Rafael. Ahí existe una estación de servicio y es la última proveeduría que podemos encontrar. Desde allí son 45 kilómetros montaña adentro hasta la laguna, siguiendo el trazo del río Atuel, uno de los más importantes y caudalosos de nuestra provincia.

Es importante mencionar que se recomienda realizar todo el viaje en vehículos aptos como motos o 4×4. No obstante, si nos armamos de paciencia, los autos también pueden llegar.

La laguna

Después de tanto andar, llegamos a destino. Un imponente espacio verde, con vegetación atípica para la zona y con la laguna como eje central. Fauna autóctona y puesteros nos dan la bienvenida. Sin embargo, el plan no concluye allí. Algunos kilómetros más hacia el oeste encontramos el hotel abandonado, con la pileta de aguas termales a un costado. Si bien el hotel luce totalmente descuidado y apenas en ruinas, la pileta y las aguas termales siguen surgiendo. Así es que los visitantes aprovechan y se dan un relajante baño natural.

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