Buenos Aires - - Lunes 10 De Agosto

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El Cruce de los Andes, tras la huella de San Martín

Fue una de las mayores hazañas militares de la historia. Hacerla, es un desafío y también sentir lo que vivieron esos patriotas en 1817. Serargentino.com estuvo allí.

Mendoza

Este, mi primer cruce de los Andes tuvo lugar en febrero de 2020, el mejor mes del año para emprenderlo. La aventura comenzó en el Valle de Uco, la cuna del vino de altura en Argentina, un lugar salpicado de Malbec, Cabernet Sauvignon y Cabernet Franc, viñedos ubicados a unos 90 kilómetros al sur de la ciudad de Mendoza. Esta región vitivinícola, situada a lo largo del río Tunuyán, se encuentra a una altitud de 1200 msnm. Allí me encontraba listo para montar hasta los 4.235 metros. 

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Valle de Uco Viñedos.

El lugar de encuentro fue el Manzano Histórico, en Tunuyán, un pequeño pueblo ubicado al pie de las estribaciones de Los Andes. A quien le preguntes en ese poblado te contará que El Libertador, al regresar a la patria de su campaña libertadora, entró a la provincia por el Paso del Portillo. Eso ocurrió, los últimos días de enero de 1823, cuando decidió descansar en la estancia Los Chacayes.  

El coronel Manuel Olazábal lo recibió y los dos dialogaron, rememorando las hazañas militares que los tuvieron como protagonistas. La tradición recuerda que la charla se dio bajo la sombra de un manzano. San Martín durmió esa noche, en un catre de campaña, bajo a ese árbol. Al día siguiente continuó su marcha hacia la ciudad de Mendoza. Un monumento en el lugar recuerda ese encuentro. 

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Manzano histórico Tunuyan.

Cumplir esta misión, iba de la mano de acompañar a las Agrupación Gaucha Batuque y a la ONG 4000 Ponchos que irían a colocar una placa recordatoria de la gesta, en el Refugio Real de La Cruz, del Ejército Argentino. Este gesto sirvió para perpetuar esa maravillosa proeza llevada a cabo hace más de 200 años y, a los 4000 ponchos donados por los cordobeses para abrigo de los patriotas. Anduvimos por el Paso de Portillo que, en aquellos tiempos, fue cubierta por una columna de 155 hombres al mando del Capitán José León Lemos, nosotros éramos un poco menos, cuarenta y cinco.  

Salimos en camioneta por la Ruta Provincial 94, bordeando el margen izquierdo del Tunuyán, recorriendo lo que se denomina Quebrada del Arroyo grande, hasta un puesto de Aduana, el Refugio de Gendarmería Alférez Portinari. Para mi sorpresa el paisaje, en este punto de la cordillera, era exuberante y lleno de flores silvestres. El viento, y el ruido de las aguas golpeando contra las piedras me daban la sensación de estar en un lugar soñado. Amo las montañas y esta aventura me generaba cada día más emoción y adrenalina. Pasamos un buen tiempo allí haciendo control de fronteras.  

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Puesto de gendarmería.

Esta sección de la Cordillera de Los Andes corre entre dos líneas con un valle en el medio, y esta es la primera. La frontera de Chile se encuentra en el punto más alto de la segunda elevación.  Seguimos avanzando con los vehículos por un camino cada vez más serpenteante hasta llegar a el refugio Antonio Scarvelli a 3200 metros de altura. Allí una tropilla de criollos nos esperaba para ayudarnos a concretar la travesía. 

Antes de emprender el recorrido el grupo, mirando al Oeste, realizó en silencio una oración solicitándole permiso a la Madre Tierra para cruzar el cordón montañoso. Y en esta rogativa de conexión entre lo sobrenatural y lo mundano pedí arrodillado: kumé huenu eluen fachantú lucututuan mapu meu gnechén una oración mapuche que significa algo así como “éste día arrodillado en la tierra, Dios, dame buen cielo”. 

Con un pequeño puñado de hojas de coca colocado en la boca entre mejilla y la mandíbula, subimos a los caballos y comenzamos a andar.  

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Comenzamos a andar.

Subiendo constantemente, a menudo caminando junto a los caballos, llegamos al Paso de Piuquenes (4235 msnm) la parte más difícil de cruzar. Mirando desde ese sitio hacia el valle del río Tunuyán, divisamos una gran variedad de vida silvestre, incluyendo guanacos, zorros y cóndores andinos.  

Luego devino el descenso, que se da sólo en una comunión de confianza con el animal que montamos. La senda se pierde en la mirada, y es él quien conduce la bajada. Reclinado sobre las ancas, para no cargarle peso en las patas anteriores, inspiré profundo y me decidí a disfrutar de un cielo diáfano pincelado con algunas nubes. El silencio de la comitiva marcaba la sensación de todos, el sonido de los pedruscos rodar, una leve brisa, y un aroma a inmensidad nos abrazo a todos. Sentí en ese momento que Ngnechen, Dios supremo Mapuche, velaba por nuestro bienestar.  

Unas horas de cabalgata más adelante nos puso frente al Refugio Real de la Cruz, propiedad el Ejército Argentino, una construcción de piedras a dos aguas que parece un prodigio en medio de la Cordillera. El destacamento esperaba con un guiso humeante y el calor que da la leña nos abrazó a todos. Este lugar se encuentra a orillas del Rio Tunuyan que vadearíamos al día siguiente.   

Con el amanecer, luego de izar la bandera argentina y cantar el himno, cruzamos el río. Su corriente es muy fuerte y se lo debe atravesar con cuidado ya que una roca impulsada por el agua podría tumbar fácilmente a un caballo. 

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Ascenso segunda cresta.

Mas adelante comenzamos el ascenso a la segunda cresta de Los Andes, donde se encuentra el hito de frontera entre la Argentina y Chile. Atravesar estos falsos horizontes, donde cada penacho conduce a otro, fue agotador. 

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Llegar al hito.

Llegar al poste fue un gran momento, y lo sentí como un verdadero logro. Ese pilar metálico llama la atención en un lugar donde la inmensidad parece no tener límites. Me generan algún tipo de seducción estos mojones fronterizos, los siento como un aviso no como una barrera. Ese punto que en el mapa se ve demarcado con una línea intermitente, aquí inexistente, indica que cumplimos el objetivo. Estar ahí es difícil explicarlo con palabras, inspiré lo más profundo que pude, agradecí a los dioses, mientras contemplaba el Cajón del Maipo en Chile, donde comenzó una parte de esta gesta heroica de la cual como americanos estamos orgullosos. 

Agradecimientos: 

Organizadores: Ricardo Braconi y Alberto López Villagra 

ONG 4000 Ponchos: presidente Luis García Montaña 

Agrupación Gaucha Batuque: presidente Marcelo Ferrer. 

Ejército Argentino: Refugio Real de la Cruz – Cuerpo de Ingenieros 

Amérian Executive Mendoza Hotel, José Ramos – Gerente de Operaciones 

Fecha de Publicación: 11/03/2020

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Por: Toribio de Luzuriaga 11 marzo, 2020

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