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En desafiante equilibro.

Tandil fue hogar de la piedra movediza, una mole de 300 toneladas que mantenía su equilibrio al borde de un cerro.
Buenos Aires
24 octubre, 2019

29 de febrero de 1912: Se cae la piedra movediza de Tandil

Lo inexplicable nos da licencia para soñar. Cuando un hecho no puede entenderse por vía científica, todas las otras opciones están abiertas: historias maravillosas, mitos poderosos y sacrificios de amor desesperado. Lo inexplicable –además– causa fascinación, atrae multitudes como un imán, nos hace creer que todo puede pasar.

La localidad bonaerense de Tandil, durante mucho tiempo, convivió con lo inexplicable. Fue hogar de la piedra movediza, una mole de granito de más de 300 toneladas que, extrañamente, se mantenía en desafiante equilibrio al borde de un cerro.

Numerosos geólogos de distintos lugares se acercaron a lo largo de las décadas durante las que estuvo allí suspendida para estudiar el extraño fenómeno. El resto fueron solo leyendas, historias y excusas para dejar volar la imaginación.

Un 29 de febrero de 1912, entre las cinco y las seis de la tarde, lo inesperado sucedió: la piedra movediza de Tandil dejó de oscilar y cayó hacia el pie del cerro. Las versiones que explican su caída aún hoy se debaten: estas van desde el desgaste de su base a causa de las botellas de vidrio que los turistas dejaban para comprobar si la piedra las aplastaba, hasta teorías sobre un atentado a mano de canteristas anarquistas que la consideraban un símbolo del establishment.

Los cierto es que, con ella, cayeron todos los mitos que la mantenían en ese lugar. Se encuentra hoy allí debajo, partida en tres pedazos, como un sueño roto, desde donde mira con recelo a la impostora que hoy la reemplaza en el que fue el escenario de su esplendor.

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