Una obra con muchos años de antigüedad hace de Córdoba una ciudad muy particular. Se trata de La Cañada, que no solo cruza la ciudad, sino que también atraviesa el corazón de muchos cordobeses. Es el encauzamiento de un arroyo que desemboca en el Río Suquía. La Cañada es un ícono de la ciudad. Alrededor de esta, crecen árboles típicos que se inclinan hacia adentro del arroyo por un poco de agua. Estos árboles son las Tipas, y pintan de verde la ciudad.
La construcción del calicanto que contiene La Cañada comenzó en 1671, y fue inaugurado en 1944. O sea, hace 75 años que la muralla forma parte de la ciudad. Cuenta con casi 3 km de largo, comienza en la calle El Tronador y desemboca en el Suquía en la Humberto Primo.
Alrededor de ella se fueron formando diferentes actividades e instituciones reconocidas. Por ejemplo, el Paseo de las Pulgas, la Municipalidad, diversas plazas, colegios, peatonales, etc. Y, cotidianamente, aloja a los habitantes de la ciudad. De día, vendedores ambulantes, naranjitas o empleados que se toman un descanso a la orilla del mural. De noche, jóvenes que disfrutan del paisaje y del reflejo del cielo en el suelo.
En torno a ella se gestan leyendas urbanas, como la historia de La Pelada de La Cañada. Y también nacen personajes propios del lugar. En sus muros, La Cañada aloja historias, amores, desamores, encuentros y desencuentros. La Cañada es una de las siete maravillas artificiales de la ciudad de Córdoba. Es una obra que, además de tener historia, nos constituye como cordobeses.
Un ícono de la ciudad
Es un ícono de la ciudad. En la zona céntrica, a su alrededor se levantaron bares y boliches. Así como en sus proximidades teatros, centros culturales y cines. La Cañada todo el tiempo es una fiesta. Un punto de encuentro, un motivo para visitar la provincia, un encanto. Es la mimada de la ciudad, el orgullo y la magia. Con una mística particular, compartir momentos en este lugar se vuelve un ritual imperdible.
Argentina, nacida en Córdoba. Investigadora en el área de lingüística. En formación constante sobre las Letras y sobre la vida, gracias a la Universidad Nacional de Córdoba. Mis experiencias en viajes me llevaron a aprender cada vez más idiomas y querer conocer diversas culturas desde adentro. Pienso en la escritura como una herramienta para transformar el mundo y volverlo un espacio justo y equilibrado.