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¿Qué gusto tiene la sal?

Si sos argentino alguna vez te preguntaste qué gusto tiene la sal. En Córdoba está la respuesta. Te contamos cómo y dónde encontrarla.

Este destino es el que nos va a despejar todas las dudas en torno a la sal. La pregunta “¿qué gusto tiene la sal?” es constitutiva de la cultura argentina. Se trata de una pregunta que marcó el imaginario colectivo de todos los argentinos. Era la interacción que Carlitos Balá tenía con su público en un programa infantil que marcó la niñez de casi todos.  Muchos crecimos con la duda existencial que marcaría este personaje popular. Sin embargo, no sabíamos que en Córdoba estaba la solución a ese enigma.

La Salinas Grandes son un extenso territorio de 6000 km² que se ubica en el centro- noroeste de nuestro país. Ocupa territorios de múltiples provincias argentinas. Entre ellas Córdoba, La Rioja, Catamarca y Santiago del Estero. ¿Querés más?. Esta maravilla natural constituye uno de los destinos más anhelados por muchos viajeros de todo el mundo. Ya que es impactante ver cómo el cielo se funde con el suelo, reflejándose en un terreno salino de una amplitud magnífica. Todos quieren vivir esa experiencia.

Los procesos geológicos que sucedieron hace millones de años para dejarnos este paisaje son impensables. Por eso, visitar este lugar es volver en el tiempo, conectar con la naturaleza y darnos cuenta de la cantidad de recursos naturales que nuestro territorio nos brinda. Eso sí, es importante que las visitas hacia adentro del salar sean con guías y vehículos especiales. Ya que el terreno es inestable y dentro de este espacio se encuentran espejos de agua que pueden convertirse en una trampa mortal para cualquier vehículo.

Salinas con tonada

Del lado cordobés, se accede al manto blanco a través de las RN 60 y 38. Una vez llegando a destino, se recomienda no atravesar el territorio salino en vehículo, ya que el terreno es pantanoso y se corre el riesgo de enterrar el auto. Las Salinas Grandes comprenden los departamentos de Cruz del Eje, Ischilín y Tulumba. Estas forman parte de lo que hoy llaman Reserva de Usos Múltiples Salinas Grandes. La Reserva se creó en 2003 y se encuentra en las cercanías de Deán Funes y Cruz del Eje.

Alrededor de este vasto territorio salado se instalaron pocos pueblos, ya que los suelos no habilitan a otra industria que no sea la extracción de sal o minerales. Solo se crearon comunidades cuando se dio el auge de la explotación de las Salinas Grandes. En este período surgieron los pueblos que hoy conocemos como San José de la Salinas, Lucio V. Mansilla, Totoralejos y otros parajes. Estos espacios eran habitados por trabajadores del salar y sus familias.

Esta gran porción de tierra blanca causa asombro y admiración. Es necesario visitarla con la mayor parte del cuerpo cubierta, gorro, lentes de sol y protector solar. Ya que el efecto rebote del sol contra el espejo de agua y sal ocasiona estupendos bronceados y quemaduras dolorosas. Sobre todo, en verano. El atardecer de sal es un espectáculo increíble, la noche en este territorio, lo es aún más. Esta combinación de suelo y cielo sin diferenciación es un shock de amor y conexión con el universo.

La naturaleza condimentada

Entre suelos claros y áridos, las variedades autóctonas pueden subsistir. En este ambiente salado, en la localidad de Lucio V. Mansilla, se encuentra el refugio Vida Silvestre Monte de las Barrancas. Allí se encargan de preservar y cuidar las especies, concientizando sobre el turismo ecológico. Y, sobre todo, partiendo de la idea de que los visitantes de esos espacios, somos nosotros, no los animales. El puma, el gato montés de las salinas, el guanaco, el quirquincho, la liebre criolla y el conejo de los palos son solo algunas de las especies nativas. También les hacen compañía un sinfín de familias de aves. El espectáculo de un bosque en medio de un desierto salino es imperdible. Sin embargo, este espacio está especialmente preparado para el acceso de investigadores científicos autorizados. Y/o visitantes con previa autorización de la Secretaría de Ambiente de Córdoba, además del acompañamiento de un guarda parque.

 

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