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De qué se trata la ruta jesuítica y los viñedos de Córdoba

La orden religiosa se dedicó a la producción de vinos en Estancias excepcionales para sostener colegios gratuitos que se enmarquen en sus objetivos de “educar y evangelizar”.

En el corazón de la Argentina, en la Provincia de Córdoba, se sitúan las rutas jesuíticas y sus viñedos, declarados Patrimonio Histórico de la Humanidad por la Unesco. Se trata de un viaje hacia el interior de la identidad territorial marcada por tensiones religiosas y políticas, pero también por una cultura vitivinícola que atrae miradas a nivel mundial.

 

Todo empezó en el siglo XVII, puntualmente en el período de tiempo comprendido entre 1599 -año de la llegada de los Jesuitas a Córdoba- y 1767, cuando se produce su expulsión. Ya que el lema de esta orden sagrada es “educar y evangelizar”, construyeron colegios gratuitos, acordes al voto de pobreza que predicaban. A su vez, para sostener financieramente este objetivo, fueron levantadas estancias que se destinaron a la producción de vino.

 

Las Estancias Jesuíticas y sus viñedos representan un destino perfecto para los amantes de la Historia y esta bebida milenaria, ya que invitan a experimentar tanto los caminos que forjaron a los jesuitas para sostener sus creencias y atraer nuevos fieles, como también a disfrutar de excelentes catas, cuyos productos llegaron por aquel entonces a la Corte española y que hoy gozan los miles de visitantes que recorren esta ruta.

 

El itinerario turístico cultural se compone por la Manzana Jesuítica en la ciudad de Córdoba y las Estancias de Caroya, Jesús María, Santa Catalina, Alta Gracia y La Candelaria. Para llegar, es recomendable comenzar por la primera de ellas, donde se puede apreciar la Iglesia de la Compañía, la Capilla Doméstica, la Residencia de los padres, y el antiguo Rectorado de la Universidad Nacional de Córdoba (antes Colegio Máximo de la Compañía). Luego, a 50 kilómetros al norte de la Capital, las Estancias de Caroya -por su perfecto mantenimiento y cuidado- permiten sentirse en un viaje al pasado, siendo el primer establecimiento rural de la orden jesuítica.

 

Por su parte, en Jesús María se podrán apreciar los lugares en los que se molían las uvas para la fabricación del vino. Situada a solo 4 kilómetros al norte de la Estancia de La Caroya, siguiendo siempre por la RN 9 en la provincia de Córdoba, se revela que su ubicación no es fortuita: por allí pasaba el Camino Real hacia la capital del Virreinato.

 

El recorrido finaliza con Santa Catalina, la estancia más grande, seguido de Alta Gracia, donde está el Museo Nacional jesuita y, por último, la estancia La Candelaria, en el medio de las Sierras Grandes, con 300.000 hectáreas para aprender y divertirse con una copa en la mano.

Fuente y creditos fotos: Prensa Córdoba

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