Subirse frente a la Estación Polvorín, en el barrio de Caballito, a uno de los nueve tranvías históricos que recorren las calles de Buenos Aires, no es viajar al pasado. Es abordar el futuro. Éstos medios de locomoción por casi cien años dominaron el transporte y la movilidad, en su versión a sangre y eléctrica, y quedaron preñados de las ansias modernizadoras de los Billinghurst, Villafañe y Lacroze. Empresarios y emprendedores argentinos que cimentaron el rubro del transporte público con visión inclusiva para las próximas generaciones. Así que cada vez que subas al N° 258 "Lacroze", el primero en volver en 1980, o al N°3361 "FM", el primero genuinamente argentino y orgullo de la estatal Fabricaciones Militares, y el guarda te saque el boleto, abrí los oídos a una trama celeste y blanca que tiene mucho para contarte. Sobre vos y los sueños de una ciudad verde, segura, económica y sin contaminación.
No perder más
Sostenido por la Asociación Amigos del Tranvía desde 1980, con vecinos esenciales como Aquilino González Podestá, Cristian Werkenthien, Carlos Achával, entre otros, no se queda en el mero recreacionismo, que también está en los operadores vestidos de motorman, sino que han puesto manos a los motores para reconstruir un inmenso legado típico porteño.
Aunque el primer tranvía eléctrico haya circulado en La Plata, a fines del siglo XIX, Buenos Aires llegó a tener 845 kilómetros de extendido por sus calles, de los mayores en el mundo, al momento del fatídico no va más del 24 de diciembre de 1962. A partir de ese día existió un borramiento de este pedazo de nuestro ser, aquel que cantaron los poetas Homero Manzi y Agustín Cuzzani, y de semejante proporción que se levantaron vías a troche moche y se desguazaron los coches -en 1909 eran dos mil y se cree que se multiplicaron por diez en el radio urbano-, sin dejar ni un tranvía entero. Así el estado de desmemoria y pérdida de la identidad orquestado, que los amigos del tranvía, un par de meses nomás del golpe de 1976 -¡vaya año!-, en julio trabajan denodados para que no perdamos más.
El pionero en el rescate de la memoria colectiva rodante fue el querido 258, un modelo portugués similar a los que usaba la Compañía de Tramways Lacroze de Buenos Aires Ltda. entre 1907 y 1939, y que empezó a circular todos los fines de semana en el circuito cerrado Emilio Mitre, la Avenida Rivadavia, Hortiguera, y Avenida Directorio, un 15 de noviembre de 1980. El Lacroze, en honor el visionario Federico, hoy es Monumento Histórico Nacional. Y circula por hierros parte de la Línea 3 que, en verdad, servían para acarrear materiales y rodantes a la Estación y Talleres Polvorín, inaugurada en 1912, pero no de tranvías, sino de un primo, el subte. El espectacular entorno del Barrio Inglés se explica porque era el hogar de los empresarios y trabajadores calificados de la Anglo Argentina, la monopólica británica que manejó a garra de fierro, y corrupción, el negocio de los tranvías durante más de medio siglo. Y que, digamos también, mantuvo durante cuarenta años un único valor en toda la Capital, los famosos diez centavos.
Vaya por el Lagarto
Pero nuestros amigos no se quedaron con la pieza inaugural importada de Europa, ni con la biblioteca popular que en Thompson 502 atesora documentación y atiende con esmero los días hábiles de 13 a 18; y además de incorporar otra joya en 1982, el “Belga Angosto” de la Compañía de Tramways Anglo Argentina Ltda., buscaron esperanzados que aparezca alguno de construcción nacional. Y el milagro ocurrió.
En los fondos del establecimiento educativo de las Hermanas de la Resurrección, de Lanús, se encontró uno de Fabricaciones Militares, producidos en la Fábrica General San Martín, en Migueletes, desde 1957 hasta 1962, y que fueron de los últimos en uso. Y volvió en Caballito a moverse justo para los veinte años de la entidad en 2000. De los dieciocho que en la actualidad se tienen en guarda en este real Museo de la Locomoción de Buenos Aires, se destaca uno que volvió a girar 2006 luego de una secuencia que es una síntesis de cosas que debemos mejorar como pueblo que respeta sus logros y su gente: el PM N° 2 "Lagarto"era un La Brugeoise de la Línea A -que circuló cien años bajo tierra entre 1913 y 2013-, que se había transformado en 1989 en moderno prototipo, que no se llegó a utilizar en el Premetro de Flores-Villa Lugano, y que terminó de ¡bar! en el Hospital Rivadavia. Seducido y abandonado la rodado, nuestros amigos, a esta altura imprescindibles guardianes de tesoros nacionales, consiguieron refaccionarlo y desde julio de 2006 su verde claro, y el cartel “Centro Cívico”, conectan nietos y abuelos, padres e hijos, vecinos y turistas. Nunca mejor elegido el título para un vagón. Entre las novedades en restauración se destacan el Tranvía Nº 291 (original de Quilmes, luego perteneciente a la red tranviaria rosarina), y un inusual tranvía a tracción por sangre, “Calle de Cuyo”.
Una historia viva del tranvía parte del Polvorín los fines de semana, sostenida tesoneramente por hombres y mujeres porteños, y continúa tendiendo la mano para que nadie quede en la estación recuerdo.
+ Info Recorridos “Tramway Histórico de Buenos Aires”
Sábados, domingos y feriados por la tarde.
Marzo a Mayo de 16hs a 19hs
Junio a Agosto de 15hs a 18hs
Septiembre a Noviembre de 16hs a 19hs
Diciembre a febrero de 17hs a 20hs
Emilio Mitre esq. José Bonifacio (Emilio Mitre al 500)- CABA. Gratis.
Periodista y productor especializado en cultura y espectáculos. Colabora desde hace más de 25 años con medios nacionales en gráfica, audiovisuales e internet. Además trabaja produciendo Contenidos en áreas de cultura nacionales y municipales. Ha dictado talleres y cursos de periodismo cultural en instituciones públicas y privadas.