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Parroquia San Isidro Labrador: una que queremos todos

Hay edificios de la ciudad con los cuales nos encariñamos, vaya a saber por qué. Quizá sea porque representen algo significativo de nuestra historia personal o social o, simplemente, porque su estética cuidada embellece nuestros recorridos. Tal es el caso de la Iglesia San Isidro Labrador de Núñez.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Parroquia San Isidro Labrador

Por Mariela Marino

Cuando vamos camino a casa solemos andar por el amplio y arbolado boulevard que conforma la Avenida San Isidro Labrador. Hacer, a veces, la señal de la cruz y elevar la vista. Detenernos, como hoy, un poco más a mirar y admirar su belleza y preguntarnos cosas. El sol vespertino y caliente de este enero recorta su perfil inmaculado de ocres y blancos. Nos acercamos. Nos quedamos.

Queremos tomar fotos del gran portal que se arma en la fachada, esa piel plástica aplicada sobre el muro, con medias columnas pareadas a cada lado de un gran portón central de madera. Pero sucede que, justo, hay un señor limpiando el umbral y eso nos impide tomar las fotos. Rápidamente decidimos que es genial que, justo, haya un señor limpiando el umbral y se nos ocurre incluirlo, con su permiso, no solo en las fotos sino también en el relato.

Parroquia San Isidro Labrador

Se llama Jorge y hace más de veinte años trajo su juventud desde Chaco para encargarse del cuidado y limpieza de la iglesia y del edificio parroquial contiguo. La cara se le llena de sonrisa cuando le decimos que sí, que claro que queremos que nos cuente la historia del edificio. Nos invita a pasar con una reverencia sagrada contagiada de este espacio fresco, luminoso y casi vacío.

La recorrida de la mano de Soldi

Nos dirige primero al significado de la luz roja encendida junto al altar y nos abre el sagrario, una especie de cubículo revestido en plata (¿o alpaca?) donde se conserva el Santísimo Sacramento. Mientras su relato discurre entusiasmado, voy recordando las enseñanzas religiosas de las monjas de nuestro colegio. Vemos en sus ojos la fuerza de su fe y la gratitud a la vida por estar allí.

Parroquia San Isidro Labrador

Ya en el altar no podemos evitar resaltar, casi a coro, la delicadeza del mural que se ubica en el ábside plano. Se trata de una obra del reconocido artista argentino Raúl Soldi quien, a principios de la década del setenta, pintó estas figuras de ángeles sosteniendo al Niño Jesús, que llevan la huella inconfundible de su estilo: siluetas estilizadas flotando, como etéreas, en tonos tierra y pastel. “Quiero que mi pintura tenga un efecto sedante para el alma, que transmita paz, tranquilidad y sobre todo poesía”, dijo el propio Soldi. Y creemos firmemente que lo logró.

Parroquia San Isidro Labrador

Los bancos de madera están muy bien cuidados, los pisos de piezas color rojo brillan como si estuviesen plastificados: “Solo les pongo cera líquida, transparente”, las paredes, vitrales y luminarias lucen espléndidos. Aquí se respira con ojos más grandes. Y entonces somos nosotros los que hablamos de la cuestión más fría del asunto: que se trata de un edificio en planta de cruz latina, con una nave principal central elevada y luminosa y dos laterales bajas y penumbrosas, que la cubierta es abovedada en medio cañón y que el crucero consiste en un tambor octogonal que remata en cúpula. Y aclaramos, para que él lo pueda sumar a los relatos que hace a la gente que le pregunta “que el crucero es esta parte, acá, el espacio más alto del edificio, donde justamente se cruzan los dos brazos de la cruz, el largo y el corto.”

El labrador que no labraba (tanto)

Pero como entramos principalmente a empaparnos de las historias de Jorge, nos acercamos al otro mural, al lateral, en el cual se ve una imagen campestre. “Acá aparece de nuevo San Isidro Labrador, el de verde. El primero era aquél, el del altar, allá. Pero a éste se lo ve en escena, en su ambiente, digamos. Isidro era labrador, en un campo cerca de Madrid que pertenecía a un señor terrateniente allá por el siglo XI. Parece que sus compañeros de tareas se le quejaban al amo porque Isidro perdía tiempo de trabajo y se ponía a rezar. Pero lo cierto era que, al final del día, Isidro lograba mayor producción que el resto.”

Lo que empezó siendo una paradoja pasó a llamarse milagro. Y a un milagro le siguieron otros y otros tantos más que fueron suficientes para que lo canonizaran cinco siglos después y que lo nombraran el Santo Patrono de Madrid y de los agricultores. ¡Hostia, tío!

Nos vamos pero volveremos

Ya de salida, pasamos por el baptisterio que está ubicado junto a la salida y protegido con rejas labradas. Jorge se concentra contándonos que “ahí, ves, junto a la pila bautismal” también cuenta con una obra de Soldi que representa al Arcángel Miguel luego de haber cortado las cabezas de dos demonios. Y nos hace observar que una de esas cabezas tiene una pipa en la boca y nos menciona, divertido, que se trata de la cabeza de Jorge Romero Brest, un crítico de arte con quien el pintor, por entonces, se encontraba enemistado. Pero hay otra cabeza y solito desliza los nombres de Manuel Mujica Láinez y Clorindo Testa, pero no hemos podido, luego, ratificar o rectificar que se trate de alguno de ellos dos.   

Nos despedimos con un “Hasta pronto”, hasta cuando tengamos más necesidad de fotos, de historias o de milagros.

Parroquia San Isidro Labrador

Epílogo con más historias

El inicio de la obra de la Iglesia San Isidro Labrador tuvo lugar en 1930, en un terreno donado por la familia Martínez Justo. La obra fue financiada por Concepción Unzué de Casares (la misma que donó terreno y dinero para el Asilo Unzué en Mar del Plata) en honor a su fallecido esposo que había sido gobernador de Buenos Aires. La iglesia fue inaugurada en 1932 por el entonces obispo auxiliar de Buenos Aires, Santiago Copello.

El diseño perteneció a Carlos Massa, quien erigió también una réplica en la ciudad de Carlos Casares. La fachada -que cuenta con un cuerpo principal y una única torre campanario rematada en una pequeña cúpula acampanada- copia la fachada del siglo XVII del templo de la Universidad Francisco Xavier de Chuquisaca (hoy Sucre, Bolivia).

Parroquia San Isidro Labrador

Corresponde al estilo Neocolonial que surgió en Argentina y en varios países de la América Hispánica, luego de los festejos del Centenario (en 1910) en respuesta a un fuerte sentimiento de nostalgia en relación a la identidad hispana perdida durante la época afrancesada de la Generación del ’80. Con fuertes rasgos del barroco español, este estilo fue muy utilizado por arquitectos como Ángel Guido (Museo Casa de Ricardo Rojas), Martín Noël (Palacio Noël, hoy Museo Fernández Blanco) y Mario Buschiazzo (remodelación del Cabildo de Buenos Aires y de la Casa Histórica de Tucumán), entre otros.

 

Imágenes: Mariela Marino

Fecha de Publicación: 08/02/2024

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