clima-header

Buenos Aires - - Sábado 03 De Diciembre

Home Turismo Ciudad Autónoma de Buenos Aires Historia de los barrios porteños. Villa Urquiza, por Amor de los Vecinos

Historia de los barrios porteños. Villa Urquiza, por Amor de los Vecinos

De los 48 barrios porteños, singular es Villa Urquiza que creció en el empuje de los vecinos. Ellos imprimieron un sello particular de comunidad y solidaridad, una leyenda de pura cepa porteña.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Villa Urquiza

“Academia del Gotán/con Gerardo Portalea/que en el tango se florea/dando cátedra al bailar…/Agachado y compadrito/viene el negro Lavandina/con un «8» y una mina/que es una barbaridad”, dedicaba Enrique Cadícamo al Club Sin Rumbo, templo tanguero que saca viruta al piso en la calle Tamborini. Y nombrando a próceres del firulete como Virulazo y Don Benito Avellaneda, el gran bardo porteño semblanteando un club, semblantea un barrio. Porque Villa Urquiza fue casa de grandes poetas y artistas, Celedonio Flores, Ricardo Molinari, Norah Borges y Pascual Contursi; Jorge Luis Borges caminó sus cuadras apacibles y florales en busca del amor perdido, bajando del famoso tranvía que surcaba Triunvirato, motor de la modernización barrial, como hoy el subte.  Pero en ese cuadrilátero de veinte cuadras por lado lo que se gestó en Villa Urquiza fue algunas de las contraseñas de la identidad porteña que será por siempre la buena vecindad y la amistad. Delponti, Chas, Lacroze, Seeber, Copello y Alposta, algunos de los apellidos que se pusieron al hombro eso de fundar un barrio para vivir, trabajar y respirar. O sea el típico barrio porteño que ningún masterplan puede desaparecer. Clubes de barrio de fama mundial como el Pinocho, cines-teatro que son gemas como el 25 de Mayo, bibliotecas populares centenarias y más en Villa Urquiza, donde se respiran los buenos aires de quintas del ayer y las tardes de zaguán y pelota que nos llama mamá.

Los principios del barrio están íntimamente relacionados con los primeros tiempos del barrio de Belgrano, más bien el pueblo, y lo que serían los futuros barrios de Chacarita, Villa Ortúzar y Saavedra. Hasta bien entrado el siglo XIX eran conocidas como las tierras de Banegas, grandes lomas circundadas por pajonales e inmensos pantanos. Uno de los divertimentos de la época, que incluso siguió en los primeros años del siglo siguiente, resultó caza de perdices sobre lo que sería la avenida Crisólogo Larralde, en los tiempos del temible barrio La Siberia, que serían inmejorablemente descriptos el “Adán Buenos Ayres” de Leopoldo Marechal o “Siberia Blues” de Néstor Sánchez. También la caza y doma de caballos salvajes.

Haras de progreso en el lejano oeste porteño

Todo esto cambiaría con dos hechos transcendentales para la futura Villa Urquiza. Primero fue la necesidad de la empresa Muelles de las Catalinas de Francisco Seeber, un rico comerciante y militar, brioso intendente de Buenos Aires en la presidencia de Juárez Celman (1889-1890), de rellenar la propiedad que poseía en lo que es hoy la avenida Leandro Alem y Paraguay, a fin de construir un muelle. Desistió de unos terrenos linderos por la oferta tentadora en la indómita Lomas Altas, que con sus 39 m sobre el nivel del mar, proveyó de abundante tierra al Bajo, además de la posibilidad de construir hornos; que distinguieron los primeros tiempos del barrio, antes que apareciera la famosa Fábrica de Cigarros “Avanti” (1904) en la avenida Guanacache (Roosvelt), aquella que durante medio siglo impuso “Fume uno y pedirá otro”. Una vez terminada la obra en el centro -y que causaría un impacto ambiental por décadas en la zona, que padecieron varios inundaciones-, Seeber encomienda a Emilio Agrelo la la traza de las primeras 66 manzanas y los lotes fueron adquiridos, en buena medida, por personal que trabajaba en la construcción de los muelles y en la empresa de Seeber. Quienes en su mayoría eran entrerrianos y pujaron para que el paraje se denomine Villa Urquiza, en homenaje a su héroe provincial. Y lo conseguirían el 18 de octubre de 1901 con un decreto firmado por el presidente Roca.

Ya es tradición recordar que Villa Urquiza fue fundado por don Francisco Seeber el domingo 2 de octubre de 1887,  día de la celebración oficial. Consignemos que esta fecha no ha sido documentada, y que el mismo Seeber, en su libro “Importancia económica y financiera de la República Argentina”, registra como año de fundación el de 1888, acota Luis Alposta, el reconocido historiador barrial. Lo cierto es que hasta 1901 fue denominado Villa Catalinas -en honor a la empresa de Seeber-, con una coqueta fracción llamada Villa Modelo (catorce manzanas, con tan sólo doce casas, cuyos límites estaban dados por las actuales Avenida Triunvirato hasta Bucarelli, entre La Pampa y Olazábal). Después pasaría a conocerse todo como Villa Urquiza y el aspecto edilicio que aún mantiene de la tranquilidad de sus anchas y arboladas calles.

Un ámbito marcadamente residencial de casas bajas que se codeaban con las quintas de antaño, con fondos de frutales y animales de granja, que se podían observar bien entrado el siglo XX como la Quinta de Trisiani, la de Zamboni, la del Matambre o La Magnolia, que en 1925 fue expropiada para la construcción de viviendas económicas. “El casco de la población estaba alrededor de la plaza -Esteban Echeverría-”, comentaba un cronista del novecientos, "del otro lado de la vía, casi no había pobladores. No había adoquinado y si llovía, las calles eran intransitables. La comunicación con el centro -o sea Plaza de Mayo- era dificultosa. Se podía salir por ferrocarril, con pocos trenes diarios y no había estación, sino modesto paradero; o por una “breaks” -mateos rápidos-, tirados por flacos caballos, que iban de Villa Catalinas a Belgrano, por la calle Monroe, si no había llovido… era realmente un pueblo muy pobre, como suburbio, o un apéndice Belgrano”. Aquí aparece otro mojón que transformaría el barrio. Y sería la llegada del ferrocarril en 1889, que impulsó notablemente el asentamiento alrededor de lo que al momento eran grandes verdes propiedades de pocos, entre baldíos y verdaderos bañados salvajes. Brillaba en ese entonces la pulpería de las actuales Melián y La Pampa, en las cuales se corría carrera de cuadreras hasta el Centenario, y el almacén de Andriotti (Roosvelt y Triunvirato) , conocido en toda la ciudad como La Leonera por las altas rejas, donde los rudos jornaleros del ladrillo y la madera jugaban sueldos enteros a las bochas y las cartas.

 

La sangre italiana porteña no fluye solamente en La Boca

“La población de Urquiza, es obrera son mayoría, y compuesta por italianos”, registraba la revista Caras y Caretas en 1919, “la fábrica de cigarros ha traído muchos obreros expresamente de Italia, en calidad de especialistas en la preparación del tabaco. A pesar de que Urquiza no depende de la provincia, tiene calles que merecen figurar en Santos Lugares en los pueblos del oeste”, graficaba en un barrio que aún si llovía resultaba mejor plan “esperar que el viento y el sol  se dignen a arreglar los caminos”. Villa Urquiza esperó más que otros las cloacas, la electricidad y la mínima infraestructura urbana.

A este panorama desalentador las familias villaurquinas trabajaron intensamente creando una red social diferencial en el ejido urbano, como quedar registrado el anécdota que cuenta Diego del Pino de dos vecinos pioneros de Villa Urquiza, Leandro Copello y Francisco Chas. Se trataba de adoquinar la calle Pampa y para ello había que entrar en los terrenos el fundador del residencial -y misterioso- microbarrio Parque Chas. Cita del Pino a Copello, “el señor Chas nos recibió cortésmente Y declaró que se negaba abrir la calle -molesto porque Don Leandro no cumplió con el protocolo de las tarjetas en la bandejita del mayordomo; sencillamente porque este humilde trabajador no las poseía-  pero en compensación se comprometía construir 20 casas para obreros. Y luego hizo ambas cosas: construyó las casitas y un día permitió el avance de la calle”. Y así, entre todos, potentados y trabajadores, se hizo Villa Urquiza.

“Yo no he sentido el liviano tiempo en Granda, a la sombra de torres cientos de veces más antiguas que las higueras, y sí en Pampa y Triunvirato: insípido lugar de tejas anglizantes ahora, de hornos humosos de ladrillos hace tres años, de potreros caóticos hace cinco”, escribía en “Evaristo Carriego” (1930)  un Borges antes de Borges, que ya había dedicado versos a su añorada Villa Urquiza en 1923, “la  calle  Pampa,  larga  como  un  beso;/las  alambradas  que  son  afrentas  del  campo,/y  la  dichosa  resignación  de  unos  sauces/Paraje  que  arraigó  una  tradición  de  amor…/ser  el  sitio  implorado  de  una  pena”, penaba de nuevo Jorge Luis por amores, ahora de Norah Lange quien vivía en Villa Mazzani -Villa Ortúzar-.  Seguramente pasaba herido por los árboles de Roosvelt y Pacheco que Vicente Battista inmortalizaría, “es imposible saber cuántos años hace que están allí. A las dos Gingko Bilova, el macho y la hembra, no les inquieta ese mero dato estadístico. Tampoco aparece preocuparle al hombre que se ocupa de la buena salud Y el mejor aspecto de ambos árboles. Los dos mejores Gingko Bilova de la Argentina, asegura el hombre. Si se los observa durante una especial semana de otoño, cuando su copa se cubren de miles de hojas doradas, no hay duda de que efectivamente solo mejores del país”. Seguramente estuvieron cuando en 1892 se habilitó la iglesia que hoy es la “Parroquia de Nuestra Señora del Carmen”, ubicada en la esquina de la avenida Triunvirato y Cullen, el punto más alto por décadas de Villa Urquiza. O cuando clausuraron en los veinte el cementerio que funcionaba desde 1874 en la actual plaza Marcos Sastre (algunas bóvedas sobrevivirían hasta 1946).

Gloria, caída y gloria eterna de Villa Urquiza

Durante los 40 y los 50 la avenida Triunvirato y alrededores presentaban una plétora de pizzerías y cines, el barrio contó con siete salas, que dieron intensidad y glorias a la vida social. De todos estos lugares se destacaba el cine Edén Palace de la calle Bauness, con los continuados interminables, y la porción de pizza reparadora en El Volcán de Monroe. “Volvíamos llenos de imágenes, romances y memorables aventuras”, acotaba el adolescente vecino de Belgrano R, José Pablo Feinmann en 1993, y agregaba, “luego, crecimos. Y Villa Urquiza se transformó en un barrio de bancos cooperativos, de una clase media laboriosa, que vive de los créditos, que compra en cuotas, que anhela la estabilidad. Pero para nosotros, los pibes de los 50, Villa Urquiza fue y será el barrio del Edén Palace. El barrio del pirata hidalgo”, observando cierta declinación del brillo comunitario.

En tanto Maximiliano Tomas, en 2007, ahondaba, “Villa Urquiza era, 15 años atrás, un entramado de carencias, un conglomerado urbano sin restaurantes, sin discotecas, librerías, centros comerciales, teatros o cines… menguada por la cercanía y los reflujos de Belgrano… aprisionada entre la estación de trenes y el patio trasero del Parque Sarmiento, Urquiza profunda: la de la plaza, la iglesia, el colegio de repetidores, los clubes sociales y deportivos, las casas con viejos en la vereda que escuchan la radio y discurren su vida en cuotas, sentados en sillas desvencijadas por los confortables ciclos de la rutina”, en un fresco que distaba del futuro venturoso y en comunidad que auguraban las primeras familias. Sin embargo los últimos años, el arribo en 2013 del subterráneo -completando el plan del gobierno militar de 1969-, la revalorización del cine-teatro 25 de mayo (1929), el embellecimiento de la plaza Esteban Echeverría (1895, en tierras donadas por Seeber, y que posee retoños de alcanfor donados por la familia Urquiza); listamos los ejemplos de aquel Villa Urquiza que en Pirán y Constituyentes alumbró el genio del Negro Flores y Roberto “Polaco” Goyeneche.

“Es una historia silenciosa, de esfuerzo y de trabajo de gente y de acontecimientos, desesperanzas y frustraciones;  cosas que han ido desfilando incesantemente por Triunvirato hacia afuera y hacia el centro”, aparece en “Barrios, calles y plazas de la Ciudad de Buenos Aires” para definir a Villa Urquiza, gentileza del Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires. Lejos de la realidad. Quien camine por sus calles, con los poros abiertos, la mente atenta y el corazón bombeando, escuchará bulliciosos nombres propios, héroes anónimos, que construyeron Villa Urquiza. Lejos del Centro, “Calle del barrio de Urquiza,/de crepúsculos/pintados/con granadas y glicinas” (Rogelio García Garrido. 1997), cerca de la persona que tenían del otro lado de la medianera.

 

Fuentes: Alposta, L. Geografía íntima de Villa Urquiza. Buenos Aires: Editorial Aldea. 1980; Del Pino, D. A. El Barrio de Villa Urquiza. Buenos Aires: Cuadernos de Buenos Aires XLV. 1974; buenosaireshistoria.org; elarcondelahistoria.com

Imagen: Buenos Aires.gob

Fecha de Publicación: 02/10/2022

Compartir
Califica este artículo
5.00/5

Te sugerimos continuar leyendo las siguientes notas:

Mataderos Historia de los barrios porteños. Mataderos, la flor campera de Buenos Aires
Puerto Madero Historia de los barrios porteños. Puerto Madero, de muelle a barrio

Temas

cat1-artículos

¡Escribí! Notas de Lector

Ir a la sección

Comentarios


No hay comentarios

Dejar comentarios


Comentarios

Espectáculos
Museo historia rockera santafesina El Rock Argentino ceba su mate en el Paraná

Se presentó en Buenos Aires el Museo que recorre la rica historia rockera santafesina de sesenta año...

Así somos
Hinchas argentinos Cuando juega la Selección

Cada vez que la pelota comienza a rodar, se pone en juego mucho más que un partido de fútbol. ¿Qué n...

Deportes
Argentina - Polonia Argentina se puso en Modo Campeonato

La gran victoria de la Scaloneta ante los polacos encendió las ilusiones, pero el partido contra el...

Música
Coldplay-Soda Soda Stereo. Me verás volver a River

Los músicos Charly Alberti y Zeta Bosio participaron de los dos últimos shows de Coldplay en Argenti...

fm-barcelona

Artículos


Quiero estar al día

Suscribite a nuestro newsletter y recibí las últimas novedades