¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Jueves 08 De Octubre
En uno de los mejores cuentos de Bernardo Verbistky, “Un juglar en la ciudad” el personaje soñador, Reinaldo, decide instalar su calesita en el último baldío libre después de 1955. Y en el último que respira la solidaridad y la comunidad ahora atrapada en la jungla de cemento. Era en Villa Luro que el calesitero ofrecería por última vez la ansiada pera con la sortija de la felicidad. Uno de los más pequeños barrios del Oeste porteño, otrora de los más importantes nudos ferroviarios de la Capital, es testigo vivo del crecimiento urbano y de las pequeñas hazañas comunitarias de vecinos, que domaron el Arroyo Maldonado, y pusieron nombres a sus calles y plazas de artistas del mundo. También de la fe de un pueblo con la Parroquia Corpus Domini, que resguarda parte del retablo de la Iglesia San Nicolás que fue demolida para construir la 9 de Julio en 1936, y el santuario de San Ramón Nonato, lugar de peregrinación todos los 31 de agosto de las mujeres que desean ser madres. Y de la pasiones y las tragedias nacionales ya que en la puerta de la parroquia San Francisco Solano fue asesinado en 1974 el padre Carlos Mugica al salir de misa.
Estas eran tierras que habían pertenecido a los Oliveras a mediados del siglo XIX, en aquella inmensa propiedad que origina varios barrios del oeste de la Ciudad, desde Villa Lugano a Villa Luro, y que eran poco habitados después de pasar la arboleda de La Floresta, en los polvorientos caminos a Morón que gustaban, sin embargo, a los Virreyes. Para dar cuenta de ello digamos que sobre la actual Rivadavia, antes de la llegada del ferrocarril, estaban las fondas y pulperías de La Parada, en la actual Lacarra; El Arbolito, en la esquina de Medina; Del Ombú, en Pola; y la más importante, La Granja Nacional, en Rivadavia el 9000, que tenían para hospedar a los pasajeros, e importantes tambos que servían en concentrar la producción de las vecinas estancias de los Olivera y los Rodríguez. Solamente cuatro edificaciones en cinco kilómetros lineales.
Todo este paisaje rural iba a cambiar drásticamente en 1895 cuando Pedro Luro, uno de los pioneros de Mar del Plata, comienza a lotear las cuadras paralelas al ferrocarril a Liniers, en lo que ya empezaba a llamarse Villa Luro mucho antes que aparecería la vieja estación con el mismo nombre, que los vecinos denominaban “El cajón” por su curiosa construcción -y que se encontraba a un par de cuadras de la actual, construida en 1923- .
Cuando el 1 de diciembre de 1911 se habilita la estación Villa Luro, fecha que se toma para la celebración barrial, los inmigrantes que empezaban a cambiar la fisonomía de quintas y hornos ladrilleros ya buscaban las referencias como “la villa de Luro”. O también se lo conocía el escuálido barrio bajo el nombre “De las tres vías”, debido a que el Ferrocarril de Oeste tenía en la zona un importante empalme que iba en cinco direcciones, Once, Liniers, Versalles, Sáenz Peña (al Pacífico) e Ingeniero Brian (al Riachuelo). Luego de la desaparición de la estación en los veinte, el empalme quedaría en desuso siendo definitivamente sepultado con la ampliación de la avenida Juan B. Justo en los cincuenta.
En su mayoría españoles e italianos (eso explica que haya habido antes calles llamada Mazzini -actual Homero- y Garibaldi -hoy White-) poblaron los lotes que la familia Luro, Costa y Penco (que poseía un impresionante chalet hoy demolido en la cercanías de Juan B. Justo) iban rematando sucesivamente. Las posibilidades que dieron la electrificación ferroviaria y la explosión del transporte, además del adoquinado que llegaría a la avenida Lope de Vega y la rectificación del arroyo Maldonado, conferirían definitivamente la fisonomía de apacible barrio porteño de casas bajas enmarcado, en centenarias tipas, a pesar de que las viejas quintas de verduras asomaban por Yerbal y Bacacay, aún a principios de los sesenta.
Entre las edificaciones notables se encuentra la bella Escuela Carlos Guido y Spano, la primera escuela que aún existe en Ramón L. Falcón 4801; el primer Mercado de Villa Luro de 1929, Avenida Rivadavia y Lope de Vega; y la casa más antigua en Yerbal y Ruiz de los Llanos, una edificación del siglo XIX que funcionó durante muchos años a la manera de espacio gastronómico.
«Villa Luro: complejidad de lo sencillo,/lacrimoso rasguear de las guitarras…/Villa Luro tu venosidad de mapa me hostiliza…” cantaba el poeta Nicolás Olivari, vecino del barrio como el enorme José Amalfitani, notable dirigente social y del Club Vélez Sarsfield, por quien se celebra el 14 de mayo el Día del Dirigente Deportivo. El Barrio Centenario, según el gran historiador porteño Hugo Corradi, Villa Luro, que algunos desorientados en torres inodoras denominan Villa Luro Hollywood, en las cercanías de la Plaza Ejército de los Andes, todavía gira hermano en las vueltas de la ciudad sin límites, profundamente y apasionadamente argentina.
Fecha de Publicación: 01/12/2024
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