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Historia de los barrios porteños. Villa Lugano, el tamaño de mi esperanza

Con la juventud del barrio de mayor crecimiento en los últimos cincuenta años, Villa Lugano es la cuna de la aviación argentina y de las manzanas con el mayor arte mural del país. Obra de un emprendedor visionario que marca un sendero de trabajo y honestidad.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Barrio 20 Villa Lugano

El escritor Elías Cárpena cuenta una anécdota que pinta el espíritu de Villa Lugano, el segundo barrio más grande de Buenos Aires, y el más renovador de los históricos. El campo de “volación”, cuna de la aviación argentina, hace un siglo, convergía en un punto incesante de encuentro de intrépidos y curiosos, empresarios y soñadores. Y no existía crecida de Río Matanza que detuviera el fervor de estos pioneros, ni siquiera las terribles inundaciones de mediados de los Diez que casi hacen desaparecer las cuarenta familias; quienes fundaron el barrio en los alrededores de la bella, y única en estilo ecléctico, estación de tren. Paul Castaibert, padre de la aeronáutica argentina, precursor de la industria nacional, estaba convencido que podía despegar en medio de la laguna en que se había transformado la pista. Miraba de reojo a las garzas, teros y patos que surcaban de vuelta en sus antiguos terrenos. Entonces “El Francés”, como Carlitos Gardel, ingenió una sistema de flotadores en vez de ruedas. Y despegó raudo sobre el Riachuelo ¡Inventado Castaibert el primer hidroavión argentino, y el primero latinoamericano, a pocos años de un primer vuelo similar en Francia! Cada vez que preguntaban admirados por su empresa porteña los visitantes extranjeros, que arribaban maravillados a observar las instalaciones y los hangares en Villa Lugano,  Don Paul repetía, cita Cárpena, “¡Mi felicidad la tengo en el campo de aviación de Villa Lugano; en su aire, en ese espacio que sustenta mis sueños y mis ansias!”.

Villa Lugano

El aeródromo dejaría de funcionar en los treinta y, en su solar, varias décadas después, se levantarían el principal complejo habitacional de Buenos Aires, en el barrio General Savio, Lugano I y II, más de 118 edificios en una increíble microciudad. Complejo urbanístico además relativamente nuevo con otros similares cercanos en Villa Lugano como el barrio Comandante Luis Piedrabuena, Barrio Cardenal Samoré y Barrio Cardenal Santiago Copello, que sumados al cinturón de villas miserias que bordean el Riachuelo, con su epítome en la denominada Ciudad Oculta -por su murallón por avenida Eva Perón-; todo constituye de las manzanas más recientes, verdes y populosas del ejido. Y con una realidad social compleja que dista de aquel proyecto civilizador y armonioso que anhelaba José Soldati, el inmigrante italiano también unido a las instituciones de los próximos Villa Riachuelo y Villa Soldati.

Fue un 18 de octubre de 1908 que Don José, fundador de bancos, droguerías y sociedades de fomento, oriundo de Lugano -Suiza-, empezó a lotear los terrenos alrededor de la aún en planos Estación de Ferrocarril de Villa Lugano – inaugurada en 1909, todavía en Somellera 5739-. Ese día que celebra el barrio cambió estos parajes ondulados, la segunda cota en altura ciudadana,  que pertenecían más a la pampa que a la flamante capital.

Cuando la pampa se hizo ciudad en el Progreso de Lugano

Recién en 1888 se incorporaron estos paisajes salvajes de chacras y tambos que pertenecían Arroqui, Torres, Cazenave y Felipe Rufino. Es más. Rufino tenía de los pocas edificaciones en el siglo XIX, punto de referencia de los antiguos mapas de 1810 y 1850, y que con su estilo colonial sobrevivió hasta 1945 en una de las lomas que ocupa la actual Escuela de Policía, en la avenida Escalada. Algunos historiadores ubican a los radicales revolucionarios de 1890 deliberando en esas habitaciones para alzarse contra el presidente Juárez Celman, poco antes de marchar y copar el Parque de Artillería frente al actual Teatro Colón.

El Puente de la Noria, a doscientos metros de su ubicación presente debido a que se rellenó sus adyacencias a fin del autódromo Manuel Gálvez, era de los pocas estructuras visibles a kilómetros a la redonda. El mismo Cárpena recordaba que en las noches que salía a cazar ranas y tariras en las lagunas, sentado sobre alguna lomita, podía visualizar el campanario de la Iglesia de San José de Flores. Como hoy se puede observar desde la avenida Rivadavia y San Pedrito, nodo florense, la Torre Espacial de la ex Interama, hoy Parque de la Ciudad, en la actualidad un desactivado mirador privilegiado, el único que une el norte con el sur de la ciudad y el conurbano, desde 228 metros de altura. Es una de las construcciones más altas de Buenos Aires y que se eleva con la misma gallardía  de la “Elaboración General de Plomo”, fundada en 1909, y que fue la primera fábrica de plomo de Argentina. Las grandes empresas Pirelli y Camea también se instalaron en la zona, en los treinta, e instauraron un polo industrial distintivo en Villa Lugano por décadas.

Españoles, lituanos, armenios e italianos, quienes construyeron sus primeras casas de chapa y zinc sobre una superficie totalmente silenciosa y despoblada, fueron los colonos que acompañaron el sueño de Soldati. Claro que no resultó una tarea fácil ya que hasta la definitiva rectificación del Riachuelo, durante la construcción de la General Paz y la gestión del peronismo, las inundaciones eran una constante. Avenida Riestra y Martiniano Leguizamón se transformó en el irradiador de la vida social de Villa Lugano, en las buenas y en las malas, bajo su mástil y escultura “La Agricultura”. Ésta pieza notable que perteneció al pabellón argentino  en la Exposición Universal de París de 1889, obra de Barriás, y es parte de un grupo de cuatro alegorías, desperdigadas en cuatro barrios. Y, claro, pegado a estos focos vecinales, el último cine de barrio en pie, gracias a los esfuerzos de los luganenses, el Cine-Teatro El Progreso, fundado en 1945, en avenida Riestra 5625.

 

 

A volar en las alas verdes de Villa Lugano

Hito aparte es el aeródromo de Villa Lugano, nido de cóndores, que supo congregar a notables como Jorge Newbery, Osvaldo Fresedo y Florencio Parravicini, varios de los primeros pilotos con carnet, y más señeros de la cultura porteña empezando por Gardel y Roberto Arlt. Un barrio que respira tango, por demás, con su propio paseo y cuna del genial José Libertella, bandoneonista y compositor de “Rapsodia de arrabal” y “Universo”.

Volvamos a volar. El 23 de Marzo de 1910, vísperas del Centenario de la República, aproximadamente entre las actuales Chilavert, Larrazabal, Roca y de la Torre, se realizan los vuelos inaugurales en el aeródromo y fábrica que funcionaría hasta 1934. El flamante Aero Club Argentino instala su escuela de aviación con pilotos franceses, entre ellos Castaibert -tiene su homenaje al costado de la Autopista Dellepiane, en forma de corajudo avión- , y recibía a diario un gran flujo de visitantes vía los briosos ferrocarriles, que conectan los Nuevos Mataderos con la avenida Rivadavia. Muchos aviadores viajaban en la Maquinita que parte de Lacarra y Rivadavia, a todo vapor por la avenida Olivera, y bordeaba el Arroyo Cildañez. La República de los Aviadores de Villa Lugano posee varios monolitos recordatorios de la aviación argentina en sus esquinas; y un Mirage III C en la plazoleta "Aeronáutica Argentina”, combatiente en la Guerra de Malvinas, en homenaje a los pilotos argentinos caídos.

Reserva Ecológica Lago Lugano

Parque Almirante Brown, Parque Roca, Parque de la Ciudad, Parque Indoamericano. Todos proyectos ecológicos desde los sesenta para que Villa Lugano sea efectivamente el pulmón que necesita Buenos Aires, ya que ofrece 400 hectáreas verdes, mucho más aire que los Bosques de Palermo y Parque Avellaneda juntos. Un jardín que no fue, acota maliciosamente alguna fuente, por las gestiones de arriba que miraron invariables al norte, salvo algún gesto de concreto olímpico, a medio terminar; o un fortificado ministerio sobre las ruinas de un elefante blanco. Los vecinos de Lugano, los vecinos del mitológico Sansón, la leyenda urbana del barrio que defendía con sus brazos a los trabajadores y las mujeres, saben que son aún el tamaño de la esperanza porteña. Y que no se arrepienten de este amor.

 

Fuentes: Cárpena, E. Barrios vírgenes. Escenas de Floresta y Villa Lugano. 1911-1914. Buenos Aires: Del Autor. 1961; Garasa, D. L. La otra Buenos Aires. Buenos Aires: Sudamericana. 1984; “Villa Lugano, el jardín que no fue” en lanacion.com.ar; “Villa Lugano en su primera década 1908-1918” por Jorge Resnik en barriada.com.ar

Imágenes: Turismo Buenos Aires / Buenos Aires

Fecha de Publicación: 18/10/2023

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