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Historia de los barrios porteños. Vélez Sarsfield, el barrio invisible

Curioso barrio que tiene una plaza, un club y un hospital con su nombre pero en otros barrios. Y que sus vecinos no saben qué pisan las tierras del “Mirlo de Vélez Sarsfield”, el ídolo de Gardel, Gabino Ezeiza.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires
velez sarsfield

Hacia los filos de los siglos XIX y XX, en lo que algunos conocían como los Campos de Perdiel, y otros el alfalfar de Silveyra, uno de los más extensos de la Buenos Aires rural, existía el Almacén de las Ranas, en las actuales Falcón y Baradero. De las pocas construcciones, además de la de Don Bernardo, el campeón de pelota vasca que vivía en lo que hoy es el barrio de Vélez Sarsfield, se llamaba así esta pulpería por la cantidad de anfibios que la rodeaban en sus arroyos, y que cantaban durante las cuatro estaciones. Un vecino que vivía en la calle Azul se acercaba cuando no estaba de gira en teatros y circos, o en los comités radicales, y payaba de lo lindo. Era el gran Gabino Ezeiza. Y el “Mirlo de Vélez Sarsfield” entonaba para vecinos y parroquianos, muchos  que venían de los barrios más lejanos escuchar al Martín Fierro Negro. Entre ellos, tal vez, un purrete llamado Carlos Gardel.

Desde el 12 de diciembre de 1895 -día del aniversario barrial- que se había creado la parroquia civil de Vélez Sarsfield, que se desprendía del barrio de Floresta, y era de los primeros trece barrios de Buenos Aires, estas tierras que el Cabildo había dejado a la merced en 1608, empezaron a buscar fisonomía propia. Las amplias hectáreas del antes “Mojón del Pozo Verde”, propiedad del poderoso comerciante gaditano Francisco Álvarez Campana hacia 1700, a metros de la pionera estación Floresta (1857), de todas maneras tardaron en adquirir perfil urbano, y los hornos ladrilleros más las chacras permanecieron hasta casi la década del treinta, a la vera de los viejos campos de los Olivera, el vecino barrio de Parque Avellaneda.

Va un testimonio de 1931 para la revista Mundo Argentino, “cuando yo vine aquí, con la tropa de carros que tenía mi padre, esto era algo así como el fin del mundo… Era un desierto, así como lo oyen; era todo un alfalfar grandísimo, que se extendía desde la loma del lado Norte de la calle Rivadavia, hasta allá abajo, por los bañados del cementerio de Flores. ¡Lo viera!, era igualito que un mar verde…. Le llamaban “el alfalfar de Silveyra”, creo que porque así se llamaba el dueño. A quien nunca conocimos por estos lados. Y daba gusto verlo tan parejito y tan limpio, sin casas ni nada. Sólo tenía allí, por la parte del medio un ranchito en donde vivía el arrendatario, que era un vasco llamado don Bernardo, y al cual todos le llamábamos “Chico” de sobrenombre, porque en sus tiempos había sido un gran jugador de pelota vasca, y “Chico” lo habían bautizado en los frontones de pelotaris. Entre otras cosas, decía la gente que en el alfalfar había cuevas de bichos y madrigueras de zorros. Y a esos zorros les echaban las culpas alguna que otra vez cuando a alguno les faltaban las gallinas o los patos, pero, por mi parte, yo creo que esas gallinas las robaban otros zorros… ¡pero zorros con pantalones!…”, describía Don Bartolomé Nóbile, que por entonces presidente de la Sociedad de Fomento de Vélez Sarsfield; en este rescate de revisionistas.com.ar

¿Dónde estamos?

Precisamente ese número de la revista de la influyente Editorial Haynes, firmado por el importante periodista Paulino Castro, se titula “Los decanos de los barrios” Y eso denota el privilegio de Vélez Sarsfield a pesar de que a sus habitantes les cueste reconocerse en baldosas que vieron nacer a los colectivos porteños, en la esquina de Lacarra y avenida Rivadavia en 1928, o inspiraron el nacimiento de los clubes más importantes del fútbol argentino, Vélez. Que se fundó con tres alumnos del Colegio Saturnino Segurola en 1910, en lo que era la Estación Vélez Sarsfield, hoy Floresta, contó con la primera sede en la calle Bonifacio, pero que se trasladó a Liniers. Encima la plaza Vélez Sarsfield se ubica en Floresta, y el hospital, con el mismo nombre del barrio que recuerda al prestigioso jurista argentino, había estado emplazado sobre la calle Avellaneda, y se trasladó a Monte Castro, antes de pasar por Villa Luro. Se entiende la confusión de los porteños, que se agrava cuando notan que dos calles, con el mismo apellido, Cervantes, Miguel de Cervantes Saavedra y Alejandro Magariños Cervantes, ¡se cruzan!

Vivo en Vélez Sarsfield

Si bien el barrio fue creciendo al ritmo de la explosión urbana de los cuarenta y cincuenta, y se perdieron joyas como la frondosa quinta del doctor Juan A. Boeri, de los mayores benefactores del Oeste porteño, siguió conservando un toque de tranquilidad en sus pasajes, entre ellos el Pasaje El Sereno, un único homenaje a los trabajadores nocturnos. Sigue también el respiro en el insólito Pasaje Particular, pegado a la plaza Falcón, o el mágico La Selva, que transportan ecos de compadritos y serenatas. Muy cerca de ellos se levanta la Catedral Ucraniana Santa María del Patrocinio (1968), que resultó visitada por el Papa Juan Pablo II en 1987, y el Seminario Teológico Internacional Bautista, que replica la Facultad Bautista de Louisville, Kentucky, Estados Unidos.

Más tristes son los ecos del pasado de dolor que piden justicia y que Vélez Sarsfield custodia para las nuevas generaciones. Entre 1978 y 1979 funcionó en la antigua terminal de tranvías el Ex Centro Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio “Olimpo”, uno de los peores debido a que pocos detenidos-desaparecidos de los 500  allí sobrevivieron a la brutal represión de la dictadura. En Falcón y Olivera se constituyó en los dos mil un Espacio de la Memoria para decir Nunca Más. Los ricos aromas de las damas de noche y jazmines en Vélez Sarsfield son las esperanzas del tiempo nuevo que vendrá, cada vez más visible.

 

Imagen: Club Atlético Vélez Sarsfield

Fecha de Publicación: 12/12/2025

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