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Historia de los barrios porteños. Parque Chacabuco, la chispa verde

Orígenes que funden jesuitas y polvorines, esta barriada de clase media late bajo las sombras de añosos árboles, casas con razón popular y un aire fresco que trae magia y personajes.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Parque Chacabuco

“En el barrio de Cafferata/en un viejo conventillo/con los pisos de ladrillo/minga de puerta cancel/donde van los organitos/su lamento rezongando/está la piba esperando/que pase el muchacho aquel”, iría canturreando Carlos Gardel a mediados de los veinte, el tango de su amigo Pascual Contursi, “Ventanita de arrabal”. Caminaba a visitar al amigo bandoneonista Rafael Rossi en la calle Butteler de Parque Chacabuco. Y, a los lejos, vería que lo espera en la placita en medio del barrio, inconfundible, Enrique Santos Discépolo, ambos conjurados de las mismas fuerzas naturales que algunos dicen que allí Doña Azucena Butteler y el artista Xul Solar esparcieron para proteger a los más vulnerables. Quizá luego enfilarían al imponente Parque Chacabuco diseñado por Carlos Thays, pasarían por el portal rodeado de ligustrinas, y pedirían leche fresca cremosa extraída de los tambos, oliendo el aroma dulzón salido de la fábrica de los dulces La Gioconda. Mordisquito Discépolo reiría con el recuerdo de que estaban sentado en el mismo terreno de un viejo polvorín colonial ¡Qué le iban a contar a él de escribir letras incendiarias! Todas estas vidas y más atesora el Parque Chacabuco, el tercer pulmón de la ciudad, pionero en aunar la vida sana y el esparcimiento, junto a las viviendas sociales. “Pidió una guitarra y pa' ella cantó/Aquel que un domingo bailaron un tango/Aquel que le dijo: "me muero por vos"”, acabó de tararear el Mudo soñando Parque Chacabuco.

arque Chacabuco

Los antecedentes del barrio aparecen tempranamente cuando el gobernador Hernandarias otorgó extensos terrenos en los pagos de la Matanza a las familias León y Navarro en 1609. Sin embargo hasta que llegaron los jesuitas esta zona permaneció indivisa, apenas se nombra a un Mateo Leal como posible dueño, y, de hecho, la orden se apropió de fracciones hacia el oeste de su Chacarita de Belén -actual Caballito- Los religiosos en 1746 adquirieron los hornos de ladrillo, las cultivos y los esclavos por 1050 pesos de plata aunque dejaron que se asienten familias de campesinos. Con la expulsión de los jesuitas aparecen en el cuento el matrimonio de Agustín Pesoa y Agustina de Echeverría reclamando esas 700 varas de frente -cerca de 600 metros-, que formarían el núcleo de Parque Chacabuco, que lindaba con la chacra de los Berois -entre las actuales Rivadavia, José María Moreno, Alberdi y Emilio Mitre- Durante treinta años este matrimonio utilizó artilugios legales, que a veces sumaban intimidaciones físicas a los labradores que ocupaban estas indómitas tierras, y finalmente en 1816 se les otorgó los plenos derechos. En el medio de su propiedad desde 1781, el virrey Vertiz, había ordenado construir un polvorín con las maderas de las residencias jesuitas (sic) “Pólvora de Juan Diego Flores” se la conoce en 1799, nombre de su primer fabricante, y, con el paso a la Independencia, se transformó en el principal, desplazando a las otros polvorines en Parque Lezama y Retiro.

Allí fueron los primeros invasores británicos en 1806 a robar las existencias en veinticuatro carretas, aunque Juan M. Beruti contaría que la arrojaron al piso con la mala suerte de que se les ocurrió carnear un buey. Y asarlo en el mismo lugar, “este se prendió, reventó y mató más de 20 hombres y otros tantos heridos”  No sería el único hecho militar acontecido en Parque Chacabuco. En 1962, en la revuelta castrense entre “azules” y “colorados”, luego del golpe que derrocó el presidente Frondizi, tanques y disparos causaron en el parque, e inmediaciones, muertos y heridos nunca exactamente informados por las autoridades.

Parque Chacabuco

Barrios-parque porteños

En 1825 el gobierno de Buenos Aires decide comprar los terrenos a Agustina de Echeverría, pese a que nunca pudo comprobarse fidedignamente que tenía algún título, y comienza la apertura de calles alrededor del Camino del Polvorín, actual Emilio Mitre. Desde ese instante los vecinos empezaron un fuerte prédica para que se retire la fábrica militar, con el antecedente peligroso en 1846 de los incendios en campos cercanos por una intensa sequía. Varias veces la Municipalidad de Flores reclamó el Gobierno Nacional hasta que en 1879 comenzó la paulatina mudanza a polvorines cercanos en el arroyo Maldonado, actuales barrios de Palermo y La Paternal. Con la federalización de 1880 se renovaron los reclamos y, recién en el novecientos, el intendente Alberto Casares firmó la ordenanza, “art 1: En los terrenos conocidos como el Polvorín de Flores, se formará un parque…que se denominará “Parque Chacabuco”…en honor a la batalla del Libertador San Martín”, señalaba para el alivio de los primeros pobladores contemporáneos, en su mayoría inmigrantes de escasos recursos. Y que no padecieron ninguna explosión en 1898, como se suele afirmar de motivo para demoler las instalaciones militares en 1908, ya que la citada fatalidad fue en verdad en el polvorín que funcionaba en la actual Agronomía. En 1972 sería independizado de Caballito si bien se recuerda la fecha del 15 de mayo de 1903 como nacimiento del barrio Parque Chacabuco. Barrio que puede arrogarse cuna de la medicina social argentina, ya que en la Plazoleta José Luis Romero, el Deán Saturnino Segurola aplicó las primeras dosis de la vacuna antivariólica en 1805, a la sombra de un pacará -el actual es un retoño del original árbol-.

Designó el gobierno municipal a Carlos Thays para el diseño paisajista, a quien le llevó casi seis años inaugurar el parque en 204.870 metros cuadrados, con la apertura definitiva de la avenida Asamblea y el pavimentado de Emilio Mitre. Entre las novedades se destinó una hectárea a estadio de fútbol y allí jugaron de local San Lorenzo y Atlanta hasta la década del veinte, registrándose el único partido bajo la nieve del fútbol argentino en 1918, el match que San Isidro ganó a Atlanta por dos a cero. Ese predio se transformaría en la pista de atletismo vital para el desarrollo de los deportes porteños, sede de juegos internacionales. Otros atractivos eran la pista de bicicletas de 350 metros de largo por 14 de ancho, y espacios destinados a juegos infantiles y áreas de entrenamiento físico. En este diseño original se contemplaba los paseos coronados por esculturas, algunas lamentablemente desaparecidas como  “Adolescencia”, robada en 1991, que se completaba con la icónica “Fuente de los sapitos”, y el emblemático “Yaguareté” de Emilio J. Sarguinet -el mismo autor del Resero de Mataderos-, que expropiado en 1974 y montado en el Zoológico, retornaría gallardo a Parque Chacabuco en 2001. Varias de estas piezas de afamados escultores, Emilio Peynot o Emilio Tomás Andina, o el magnífico rosedal inaugurado en 1932 con tres mil variedades de rosas, fueron recolocados -o perdidos- luego de las transformación imparable de las autopistas a fines de los setenta, esa herida absurda que desfiguró el barrio, advertencia de las otras heridas absurdas del nuevo milenio.

Parque Chacabuco

Despabílate amor

Una de las grandes particularidades del barrio es que está subdividido en minibarrios, que empezaron por tener el destino de obreros, y que terminaron siendo hoy residenciales. El primero es el Barrio Butteler fundado en la donación de Azucena Butteler, entre avenida La Plata, Zelarrayán y Senillosa, de 1907, y que contiene 64 viviendas “baratas” en una manzana, dividido en un  trazado sobre de diagonales hacia el centro, plazoleta Enrique Santos Discépolo, y todas con el mismo nombre de la benefactora, Azucena Butteler. El Barrio Cafferata, 158 amplias viviendas de estilo inglés, fue el impulso del diputado socialcristiano Juan Cafferata en 1915 a través de la Comisión Nacional de Casas Baratas. Cercano, entre 1917 y 1923, el Banco Municipal levantó el Barrio Mitre, que tiene callecitas llamadas Del Buen Orden, De las Artes, De las Ciencias, De las Garantías, De la Industria, Del Progreso, Del Comercio. Durante el peronismo se construyó el Barrio Simón Bolívar sobre la avenida Curapaligüe, y el Banco Hipotecario Nacional financió edificios bajos desde los sesenta, recién terminando en 1985.

Los habitantes de las manzanas populares trabajarían en las innumerables fábricas que surgieron apiñadas a pasos del pulmón del Parque Chacabuco, las galletitas El Orden, las cocinas y estufas Volcán, los dulces La Gioconda, y la más recordada, la de postres, flanes y gelatinas Royal, que fundió en los ochenta -pasó a ser un efímero shopping en los noventa y, luego, un hipermercado que  llegó “en 2003 ….-y- que fundió la microeconomía del barrio”, en palabras de Romina Metti del diario La Nación. Economía que se basaba en varios mercados, que autoabastecían a otro de los barrios-pueblo porteños, el más famoso El de Centenera, avenida Asamblea 701. Fundado en 1918 con 1380 metros cuadrados, hoy con otras utilidades comerciales, y que aún conserva el café Bonafide más antiguo, inaugurado en 1942.

Parque Chacabuco

Magia y personajes que en adelante pasaron ante los ojos de la Virgen de más de  cinco metros de altura, sobre una cúpula que mide cincuenta metros, santa realizada en París, e inaugurada sobrevolando el neorománico Santuario Nuestra Señora de la Medalla Milagrosa en 1941. La basílica que quiso ser la catedral católica más grande de la ciudad. Por allá abajo el vecino Ástor Piazzolla llevaría a sus hijos a jugar sobre el Yaguareté, luego de disfrutar una película de acción en el Cine Asamblea, sus favoritas, antes que Piazzolla sea Piazzolla en el mundo. O dar vueltas con ellos en la calesita Tatín, loco, loco, loco, dibujando una de las entrañables postales de Parque Chacabuco. Cerquita ensayarían el Gato Barbieri y su hermano Rubén. El campanario instalado por el padre de Elsa Bornemann, el relojero Wilhelm Karl Henri Bornemann, en la Medalla Milagrosa, marcaba el compás. Parque Chacabuco, barrio de estampas imperecederas, ardientes como el fuego, impreso en celuloide con nostalgia y humor en “Despabílate amor” (1996) de Eliseo Subiela, con la poesía de Mario Benedetti, “y el amor viene y va y regresa/y la ciudad es el testigo/de sus abrazos y crepúsculos/de sus bonanzas y aguaceros”

 

Fuentes: Olivetti, M. C. La familia Pesoa y el polvorín de Flores. Orígenes de Parque Chacabuco en revista Historias de la Ciudad. Una revista de Buenos Aires. Año VII Nro. 42. Buenos Aires. 2007; Parque Chacabuco. El barrio que nació de un polvorín. Revista El Observador Porteño. Año 3 Nro. 20. Septiembre 2020. Buenos Aires; Lovotrico, R. El Parque Chacabuco y sus casitas baratas y Aproximación a la historia de un barrio: Parque Chacabuco.  Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires. 1986
Imágenes: Buenos Aires.gob

Fecha de Publicación: 15/05/2022

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