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Historia de los barrios porteños. Caballito, corazón de Buenos Aires

Barrio que guarda la memoria de una ciudad en crecimiento, sin abandonar la escala humana, Caballito avanzó con el traqueteo sentimental que es parte de la melodía porteña.

Cuna del rock argentino con Sui Generis y las infancias de Juan Perón y Ricardo Güiraldes, a metros de la Escuela Naval que funda el presidente Sarmiento. En su Mercado del Progreso se reclutaron los revolucionario de 1890 y el anarquista Buenaventura Durruti se entrenaba asaltando estaciones de subte para la Guerra Civil Española. Posee el centro geográfico de la ciudad, que algunos señalan en la intersección de Felipe Vallese y Culpina, plaza Amadeo Sabattini, como también el mérito de la primera cancha de polo, fundada en 1882 en los playones del ferrocarril por ingleses. Sin embargo Caballito sigue impulsando vientos de cuando la ciudad se ventilaba en sus quintas, y La Porteña echaba humo de vapor, deteniendo la marcha ennegrecida en las inmediaciones de la antigua pulpería de Vila. Entre árboles centenarios, casas de estilo inglés mezcladas con inodoras torres del siglo XXI, vuelve la memoria de los paseos aristocráticos de los Lezica y los Guerrico. O los cafés en La Ideal o El Coleccionista, esos interminables de Conrado Nalé Roxlo, soñador frente “antiguas casas y añosos paraísos con un telón teatral”, y Baldomero Fernández Moreno, buscando el poeta flores en los balcones. Un horizonte legendario en Caballito que perdía los ojos del Adán Buenosayres de Leopoldo Marechal, con el ritmo misterioso de aquel barrendero de Plaza Irlanda que amontona y baraja de nuevo, todas las hojas somos del viento.

Parece extraño pero el crecimiento del barrio fue más bien lento. Extraño porque desde los primeros tiempos el Camino a Flores o Camino Real del Oeste, antiguo  Camino Real de los Reinos de Arriba, luego Camino del General Quiroga, hoy avenida Rivadavia, constituyó un punto de privilegio de las comunicaciones y la logística de Buenos Aires colonial. Ya casi desde los tiempos de Domingo Griveo, quien en los 1600 era encomendero, dueño de amplios campos en los límites, y a su entera disposición indios vilachichis que sembraban esclavizados cereales, en las cuadras aledañas a la estación Caballito. Tan relevante es el barrio desde siempre que la red ferroviaria argentina es un expansión del primer tendido del Ferrocarril Oeste de Buenos Aires, instalado por Caballito dirección Floresta (en verdad, San José de Flores) en 1857. Y sin embargo hasta fin entrada la década el cuarenta del siglo pasado quedaban retazos de las esplendorosas mansiones, deliciosos aromas de jazmines y acacias. Y  que se iban adosando todavía al cordón umbilical que unía Plaza de Mayo con Flores, como en los albores del novecientos. Pese a que desde 1897 corría el primer tranvía eléctrico por la avenida Pedro Goyena, las chacritas y los hornos de ladrillos al sur seguían sus labores, y la sombra de la mansión Piñeiro era preponderante al norte, actualmente Parque Centenario. Caballito, pionera en el transporte subterráneo y colectivo de Latinoamérica, recién aceleraría el cambio a la gran urbe con la definitiva fragmentación de la Quinta Lezica, en los veinte, y el nacimiento nodal del Parque Rivadavia, en la presidencia de Alvear.