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Historia de los barrios porteños. Almagro, gloria de guapos, idilios y poesía

De las barriadas porteñas más populosas que acuñó la industria nacional, la educación, la Fe, los medios de transportes y la música ciudadana desde la Rubia Mireya a Osvaldo Pugliese. Cerca de todo, cerca del latido porteño de Carlos Gardel.

Ciudad Autónoma de Buenos Aires
Las Violetas confiteria

“Quiero este barrio de Almagro/donde sembré mi tiempo” eran los versos de Mario De Lellis, uno de los tantos poetas que cantaron a esta vecindad de compadritos, trabajadores, alumnos y poetas. Almagro con su 230 manzanas vocea las palabras de la Buenos Aires moderna, sede de la primera fábrica cárnica, la gran obra salesiana educativa, el primer hospital de niños, la primera biblioteca de ciegos, el nodo fundacional del sistema ferroviario del país, entre edificios notables como el Palacio Raggio o el Hospital Italiano. Muchas historias saldrían de los conventillo famosos almagrenses,”La Cueva Negra”, habitada por afroargentinos, o el de “María la Lunga” de Castro Barros, donde dicen vivió la Rubia Mireya, aquella muñeca brava que enseñó a los hombres a bailar el Tango. Almagro que inspiró a ya un ciego Jorge Luis Borges a escribir milongas, “acaso demasiadas”, y “eso se debe, creo, a haber sido amigo de payadores como Luis García, un ceceoso del barrio del cuchillo”, payador que vivía cercano a la Confitería Las Violetas, en pie desde 1884 en Medrano y Rivadavia. Un poco más allá, un morocho se codeaba con los payadores y despuntaba un Zorzal. Era Carlos Gardel. Almagro será siempre ese milagro de zaguanes y aromas de quintas, de empedrados y amores de calle, que sus poetas locales y nacionales salvaron de las dentelladas del tiempo. Y como dice Delfín Leocadio Garasa, ese milagro no será tan fácil de destruir.

 

Como es bien sabido Juan de Garay en 1580 diseñó la ciudad hacia el sur y el norte, en la costumbre española, pero poco se preocupó por el oeste. Vasta región de espaciosas chacras durante siglos, propiedad del Cabildo que dictaba normas contra los bandoleros que atacaban escondidos en los abundantes montes, recién con la llegada del rico hacendado portugués don Carlos dos Santos Valente comenzaría la perezosa urbanización. Santos Valente, que poseía 18 hectáreas a mediados del siglo XVIII, hoy aproximadamente entre la Plaza Once y avenida La Plata, realizó la importante obra de nivelar terrenos y plantar exóticas especies más siembra de frutales y trigo, en colaboración con los jesuitas. Su impresionante casona, demolida hacia 1860, y que se hallaba próxima al actual Confitería Las Violetas, albergó al virrey Ceballos y fue cuartel de los invasores británicos en 1807.

En tiempos de la Revolución de Mayo aún se conocía estos parajes poco habitados como el “Barrio de Valente” o “Barrio San Carlos”, por la capilla que había montado el potentado -a pocos metros de la contemporánea Basílica de María Auxiliadora y San Carlos Borromeo, que con su estilo neoromántico lombardo es considerada la más bonita de la ciudad, en Quintino Bocayuva e Hipólito Yrigoyen-. Para ese entonces don Carlos había fallecido, en 1757, pero dejó una inmensa fortuna que donó en gran parte a la labradores vecinos, la beneficiencia y la educación, “se den 2000 pesos a una pobre muda, cuyo nombre no tengo presente, y de quien darán razón los dichos mis parientes porque uno de ellos la tienen su casa”, cuando, si comparamos, a una hermana había legado la misma suma. Un pionero de Almagro que no tiene ni placa.

Almagro Maria Auxiliadora

Don Julián, el pionero reconocido de Almagro

Las extensas héctareas, colindantes al norte a la quinta de Isidro Lorea, quien moriría defendiendo la ciudad en 1807, tuvieron el capítulo curioso de que allí se instaló la fábrica de pastillas de caldo de carne que dirigían los galos hermanos Liniers, uno de ellos don Santiago, héroe posterior de la Reconquista y Defensa de Buenos Aires. Cerrada a fines del 1700, por sospechas a los franceses de espionaje -curiosamente las mismas qué soportó Valente, agravado por la condición de mulata de su esposa-, resultó el antecedente fabril de Almagro, que luego tendría mataderos, curtiembres, tabacaleras e imprentas por doquier, como la célebre Imprenta Profumo o la imprenta de los salesianos. Los Liniers vivirían en la esquina Hipólito Yrigoyen y, claro, Virrey Liniers.

En un salto en el tiempo, los hermanos Esteberena, propietarios de otra de las grandes quintas, ofrecieron a los salesianos en 1876 no solamente los terrenos para la iglesia sino que algunas hectáreas sobre Victoria -actual Hipólito Yrigoyen, el primer camino hacia el oeste antes de avenida Rivadavia-. En pocos años la convirtieron los religiosos de Don Bosco en la cabeza de la parroquia y fundaron la Escuela de Artes y Oficios, la primera de Latinoamérica en su tipo, actual Pío IX. Luego se expanderían inaugurarían más instituciones educativas, en las cuales estudió Ceferino Namuncurá y Gardel, y la Casa San Antonio, donde 1 de abril de 1908 se fundó el Club San Lorenzo de Almagro -antes Los Forzosos de Almagro-, por la acción del padre Lorenzo Massa. Gran educador en un barrio que cobijó grandes dirigentes sociales como el radical Pedro Bidagain y los socialistas hermanos Domingo y Nicolás Repetto. Almagro tiene la marca del progresismo desde su origen.

Pero resta saber por qué se llama Almagro y por qué se celebra el 28 septiembre como el día del barrio. Aquí entra la historia Julián de Almagro que adquiere por 6500 pesos la parte norte de la antigua propiedad de Valente en esa fecha, en 1839, sobre el reciente Camino General Quiroga, una nueva ruta que el rosismo había abierto en 1834 a fin de modernizar la comunicación de la polvorienta ciudad, actual avenida Rivadavia, obviamente otra de las ironías de la historia. Durante veinte años Almagro, otro gran benefactor en la zona, propulsó la actividad comercial, en especial la labranza y la fabricación de ladrillos, y cuando llegó el ferrocarril del Oeste en 1857 donó sin costo, y proveyendo de recursos a la empresa, lo que serían los importantes talleres que pasaron a llamarse, entre Gascón y Medrano, junto a la estación, Almagro. Esta estación se transformaría en el motor del crecimiento urbano rodeada de tambos, almacenes y frontones de pelota vasca; los vascos de los primeros inmigrantes  junto a los italianos. Unas cuadras más arriba, en Medrano y avenida Corrientes, partía el tranvía rural de los Lacroze hacia Chacarita porque en Almagro también ocurrió el nacimiento de esta querida red urbana. En 1871 circuló el primer tranvía por iniciativa de Mariano Billinghurst. Y que se electrificó en 1898 con el nombre de Tramway La Capital.

 

Sonido y visión de modernidad

Para principios de siglo pasado habían desaparecido gran parte de los frutales y las tunas, las quintas habían sido parceladas y Almagro se transformaba aceleradamente en un barrio populoso y bullanguero. Con sus conventillos, sus mil lenguas que inmortalizaría un vecino ilustre, Alberto Vaccarezza, y el tango que poner letra y música “Barrio del alma, fue por tus calles/ donde gozaron mi juventud/ Noches de amor viví,/ con tierno afán soñé”, en el tango “Almagro” (1930) Iván Diez y Vicente San Lorenzo, que cantara Gardel. Tardó bastante de todas maneras tomar forma sus cuadras ya que aún en 1900 se recuerda que la mujeres lavaban la ropa en las lagunas y charcos que abundaban por Yatay y Querandíes, en los terrenos qué lo ocuparía importante metalúrgica IMPA, que en la década del 40 fabricaba desde productos para el industria cosmética a balas y fuselajes de aviones. No por nada la cota menor de Buenos Aires corresponde al nivel de la calzada de la calle Jerónimo Salguero, a la cual cruza el puente ferroviario, con un valor de 0,83 metros. Para esas primeras décadas, en Bulnes 45, se instala Argentina Sono Film, la responsable de la primera película sonora óptica, “¡Tango!” (1933) Hoy funciona la Escuela de Cerámica Nro. 1, fundada por el maestro español Fernando Arranz. Otra de las instituciones que se asienta por la época, y que cumple 100 años en 2022, es el único colegio japonés porteño, el Nichia Gakuin de la calle Yatay.

 

De a poco el barrio muestra un aspecto más señorial, en particular cercano al avenida Rivadavia, ya que aparecerían lujosos edificios diseñados por afamados arquitectos como Virgilio Colombo (Rivadavia 3667) o Andres Kalnay (Lezica y Medrano). De todas maneras persistieron en las calles interiores las casas tipo chorizo habitada por italianos, preferentemente, que le dieron un tono típico a sus calles; como así también la pasión deportiva, en especial por el boxeo, con la Federación Argentina de Box en Medrano y el Club de Box Almagro en la Avenida Díaz Vélez -prócer quien, a propósito, poseía una quinta en el actual terreno del Hospital Italiano, donde probablemente escribió el Código Civil-. La poca altura de las edificaciones era salpicada por los numeros templos construídos en torno el Centenario, entre los cuales se destaca Jesús Sacramentado de la avenida Corrientes al 4400, que sería saqueado y casi quemado durante la Semana Trágica de 1919.

Almagro, manantial de tinta, paletas y memoria

Quienes darían alas definitivas a Almagro serían los poetas y artistas. La casa de Elías Castelnuevo se convirtió en el cuartel general del Grupo Boedo en los veinte y treinta, con visitantes gigantes como el socialista Mario Bravo –¡qué imaginaría que esa calle Sadi-Carnot llevaría hoy su nombre!-, Roberto Arlt -que si el dueño no estaba leía horas y horas en la escalera- y Horacio Quiroga. Unas décadas más tardes Gyula Kósice, desde su taller de la calle Humahuaca, agitaría en una revolución en el arte moderno de onda expansiva que no se detiene, y el último Antonio Berni instalaría su taller en Lezica y Rawson para seguir señalando y denunciando monstruos, juanitos y ramonas en plena dictadura.

La intensa vida social no se agotó en el nuevo milenio, por más que el monumental Cine Roca haya pasado a sede de un vaciado templo evangélico, y la activa red de vecinos suele organizar variados festejos como el callejero La Toma de Almagro (2019). Vida de horizontes compartidos que educó a un niño Juan Gelman en Salguero 351, hijo de Paulina Burichson. Ella junto a su marido José fueron de los miles de judíos rusos que escaparon de los pogroms del zar. Y recalaron en Argentina con la esperanza de progresar. En Almagro. Paulina fallecería en 1982 durante el exilio forzado de su hijo, el poeta Juan, y perdería a un nieto y nieta-nuera, Marcelo y María Claudia, ambos detenidos-desaparecidos. Paulina tampoco conocería a su bisnieta, nacida en cautiverio, la nieta recuperada María Macarena. Y el poeta Juan Gelman, en el descomunal “Carta mi madre” (1989), canta amoroso y memorioso a su madre, desea volver a la cálida mano maternal en la frente, con la misma calidez que mamó entre las madreselvas y pasajes misteriosos de Almagro, “¿Por eso escribo versos?/ ¿para volver al vientre donde toda palabra van nacer?”

 

Fuentes: Llanes, R. El barrio de Almagro. Buenos Aires: MCBA.Cuadernos 26. 1968; Cunietti-Ferrando, A. J. Apuntes históricos sobre el barrio de Almagro. Boletín del Instituto Histórico de Buenos Aires Nro. 7. 1982; Abós, A. Al pie de la letra. Buenos Aires: Alfaguara. 2011.

Imágenes: Télam / FB Las Violetas confitería

Fecha de Publicación: 28/09/2022

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