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Una vendimia a orillas del rio Nanat

Cuando la palabra vendimia suena nuestra mente asocia con Mendoza. Sin embargo, hay un lugar en la Argentina donde este evento tiene una particularidad. Descubrilo.

En inmediaciones del centro de Trevelín, un pueblo con orígenes Galeses, se encuentran las Viñas del Nant y Fall. Se ubican a orillas del río que lleva ese nombre, y todos los años realizan una importante fiesta para festejar el comienzo de la recolección de las uvas, entre abril y mayo.

La vendimia es el celebrado eslabón en la cadena de producción vitivinícola. La primera cosecha de las Viñas del Nant y Fall fue en 2016, en lo que significó la primera gran fiesta de la producción de la vid en el Valle 16 de octubre, en el oeste de la Provincia de Chubut. Era la primera vez que se cosechaba uva para hacer vino en el lugar y de allí en adelante, cada año, se multiplicaron los visitantes que, visitando la Argentina, arribaron para esa época a compartir la fiesta de una producción impensada en el lugar, décadas atrás y que hoy contagia a nuevos emprendedores.

Desde la primera cosecha de 2016 de las Viñas del Nant y Fall, la región se viene posicionando en esta industria, recibiendo reconocimientos internacionales por las particulares cepas cultivadas y los singulares vinos que desde aquí parten a los paladares más exigentes y curiosos del país y del mundo. En ese marco, la producción vitivinícola se ha incorporado a la selecta lista de esplendorosos atractivos de la zona, junto a nada menos que las capillas galesas, el Parque Nacional Los Alerces, el centro de Actividades de Montaña La Hoya, las casas de té y el Expreso Patagónico La Trochita.

Una tradición que cruzó el Océano

Este año, el aislamiento preventivo dictaminado oficialmente para prevenir la propagación del Coronavirus obligó a tomar precauciones. Empero, considerando todas las medidas de seguridad recomendadas, la cosecha se llevó adelante y fue celebrada, aunque de manera íntima, en este viñedo que a través de esta noble tarea teje lazos interoceánicos con una tradición familiar que se inició en el norte de Italia a principios del Siglo XX.

Al visitar la bodega conocerás la historia que comenzó con la compra de cuatro hectáreas de chacra de mosqueta a orillas del río Nant y Fall, en 2010. Ese fue el inicio de un camino para este nuevo capítulo en la historia de la familia Rodriguez. Pico, pala, tractor y cable de acero hicieron falta para quitar la mosqueta. Mientras tanto, en paralelo se realizaban estudios de prefactibilidad técnica para evaluar la posibilidad de implantar un viñedo en estas latitudes. Análisis de suelo, pedidos de registros térmicos históricos, pruebas de campo, trabajos de genética vegetal y asesoramientos sobre varietales aptos para el frío concluyeron en que era posible emprender la vitivinicultura. Empero, había que recurrir a la tecnología para que las heladas no arruinaran los cultivos. Y a la paciencia.

En la actualidad, las Viñas del Nant y Fall cuentan con dos hectáreas y media cultivadas con cuatro cepas. Más de la mitad corresponde al Pinot Noir, con la que elaboran una variedad tradicional, otra rosada y otra blanca. Comenzaron con 300 botellas y en 2019 completaron un promedio de 13 a 14 mil botellas anuales. El clima de la cordillera está marcado por las estaciones. Los veranos son cálidos con noches frías, lo que viene bien a nuestras uvas. Por eso los vinos explotan en aromas y tienen una intensidad de sabor por encima de los promedios tradicionales.