¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Miércoles 09 De Septiembre
Jorge Fontevecchia estaba a punto de lanzar una publicación. La revista Noticias impondría un nuevo y referencial estilo en el periodismo nacional. Y por ello el director pensaba en algún símbolo que marcara una gran diferencia, un símbolo de nuevos tiempos. A miles de kilómetros en Berlín un hecho cambiaría el curso de la Historia. La caída del Muro, un símbolo de la violencia, la opresión y las dictaduras de cualquier signo, estaba gestándose con el derrumbe del bloque soviético y nuestro empresario argentino quiso soplar en esa dirección del viento de cambio y esperanza. Así ocurrió que la mayor extensión del ignomioso muro se pueda apreciar en Argentina, en el porteño barrio de Barracas, tal como se veía minutos antes del amanecer del 10 de noviembre de 1989. Derriben los muros, ladrillos por ladrillos.
El muro que separaba ambas Alemanias tenía 155 kilómetros pero un tercio pasaba por Berlín, el punto álgido de la denominada Guerra Fría, que enfrentaba a los países capitalistas contra los comunistas. Poco tenía de fría ya que fue un periodo de varios conflictos, Corea, Vietnam y Afganistán por citar los más de 300 en los años posteriores a 1945, y menos en Alemania, que era un posible escenario de conflagración militar y nuclear. El 13 de agosto de 1961 la soviética URSS levantó este muro de seguridad con la excusa de que necesitaba protegerse de elementos que boicoteaban al estado comunista de la República Democrática Alemana, mientras del otro lado, los países alienados con EEUU, artillaban los pasos por temor a la infiltración roja. De esta manera quedaron separadas familias y hogares alemanes que, sin embargo, intentaban cruzar con el saldo de centenares de muertos con disparos y minas de ambos lados.
El colapso de la URSS a fin de los ochenta aceleró los cambios políticos que anticiparon la reunificación alemana de 1990. Ese espíritu de unidad impulsó a Jorge Fontevecchia, fundador junto a su padre de la Editorial Perfil, a interesarse en la suerte de los bloques que empezaban a derrumbarse en Berlín, ante las sorprendidas cámaras del mundo. Contactado con un regimen de salida, el de República Democrática Alemana, el argentino lleva el poco común pedido a los teutones de conservar partes del muro. Ellos aceptan a regañadientes, con la condición de la construcción de una escuela en Europa, y con un valor de 10 mil dólares.
"No es que estaba cayendo el Muro de Berlín por nosotros, ni nosotros estábamos sacando la publicación por el Muro de Berlín, pero nos parecía un mensaje adecuado para transmitir la relevancia que nosotros le queríamos dar a lo que estábamos haciendo"
afirmó más tarde Fontevecchia, quien confesó que el traslado de veinte bloques, veinte metros lineales y más de dos mil kilos cada bloque, un par de años después, resultó más costoso que el dinero invertido en la adquisición. Las piezas que hoy se pueden observar desde la calle California al 2700 son parte la historia mundial y, algún sector, ya fue intervenido por artistas argentinos como Pablo Temes.
Al envío original desde el Viejo Continente falta un solo bloque que fue hecho pedazos y entregado algunos de los lectores del número uno de Noticias, a manera de cápsula y advertencia del Tiempo, que según la mitología griega, devora a sus hijos.
Sin embargo en Argentina los bloques del Muro de Berlín en el predio de la Editorial Perfil no son los únicos. En el Museo de la Diplomacia del Palacio San Martín, en el barrio de Retiro de CABA, existe otro pedazo, obsequio de Alemania por un reciente aniversario. El otro bloque se encuentra en Luján de Cuyo, Mendoza, en los jardínes de Bodega Huarpe Riglos, y fue intervenido por los artistas Edgar Murillo y Vivian Levinson, quienes plantean un mensaje anti-belicista. Muros como puertas de la paz y la concordia.
Imagen: Nos Vamos
Fecha de Publicación: 21/10/2025
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