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Mar del Sud y el tren que nunca llegó

Una historia de los amantes del cine y de las aventuras difíciles. O una historia sobre edificios con vida propia.

Buenos Aires
Mar del Sud

Por Mariela Marino

 

Solamente quince kilómetros al sur de la ciudad de Miramar, en el mismo partido de General Alvarado, se ubica Mar del Sud, una pequeña villa balnearia gestada a finales de los años 1800 por Fernando Otamendi. Inscripta inicialmente con el nombre Boulevard Atlántico, se trata de una localidad rural de unos quinientos pobladores estables y una abundante y leal afluencia turística estival. En ella se da una simbiosis armónica entre la idiosincrasia campestre y la vida de mar y playa. Incluso, no sin razón, hay quienes dicen que allí empieza a nacer tímidamente la Patagonia.

Cuna y hábitat de un buen puñado de artistas y de sus bienaventuradas creaciones, esta aldea de ritmo calmo y sonido a viento, late alrededor de un edificio emblemático que atesora historias de lujos, refugiados judíos, conspiraciones, cineastas y espías. Se trata de un objeto que es casi un organismo viviente con el poder de regir los destinos de la zona.

Mar del Sud

Hotel Boulevard Atlántico

En las postrimerías del próspero y europeizante siglo XIX las ideas de progreso y modernidad bullían en la sangre de infinidad de emprendedores con ansias de ser protagonistas de ese proceso vertiginoso.

Tal fue el caso de Carlos Mauricio Schweizer, quien, a través del Banco Constructor de La Plata, se embarcó en llevar a buen puerto la edificación de un hotel de cuatro mil quinientos metros cuadrados, setenta y seis habitaciones, salones para eventos, restaurante y cafetería, amén de instalaciones deportivas de tenis, fútbol, entre otras. La incipiente llegada del tren a esa localidad prometía un futuro sin parangón, habida cuenta de lo sucedido con sus dos hermanas mayores: Mar del Plata y Miramar.

Hotel Boulevard Atlántico

Gastando a cuenta de los réditos que nada ni nadie podrían sustraerle, su mentor gestó un proyecto que contaba con detalles de mucho nivel: un edificio con sótano y dos plantas (muy poco común para la época), fachadas al mejor estilo neoclásico -símbolo de revaloración constante de los principios de la cultura grecorromana de orden, armonía y sobria ostentación-, balcones individuales en cada habitación, solados de madera de pinothea, techos de pizarra, cristalería y luminarias suntuosas entre otros detalles de lujo.

Cegado por su entusiasmo y obstinación, Schweizer nunca contempló ni la crisis de 1890 ni la posibilidad de que el tren no llegara. Y el tren no llegó. No obstante, a sabiendas de que el futuro no sería del modo en que lo había planificado logró terminar la obra, que se inaugurara en 1888 con las merecidas pompas e, incluso que funcionara muy bien durante sus primeros años. Para subsanar la ausencia del tren, se implementó un sistema de transfer entre la estación de tren de Miramar y Mar del Sur exclusivo para los huéspedes del hotel.

Mar del Sud

Un derrotero variopinto

Mucha agua pasó bajo el puente desde ese entonces al presente. Aguas claras, aguas turbias, aguas con sangre refugiada de muchas latitudes, aguas empetroladas y de nuevo, de a poco, aguas limpias. Tras muchos años de  aciertos y desaciertos, mareas altas y bajas y, gracias al arduo trabajo del Colegio de Arquitectos del partido de General Alvarado, el hotel ha vuelto a abrir parte de sus instalaciones.

Mar del Sud

Se llevaron a cabo diversas obras de restauración de fachadas, de techos, de fortalecimiento de estructuras y renovación de instalaciones y revestimientos. Hacia el verano, estarán en funcionamiento la cafetería y el restaurante, como primera de varias etapas de volver a la vida el espíritu que el edificio supo tener en tiempos en que el acceso a las vacaciones en el mar era sinónimo de buena posición social.

Pero, como en todo proceso de cualquier ser viviente, el hotel pasó por situaciones particularísimas, incluso tétricas, alrededor de las cuales se generaron una enorme cantidad de leyendas urbanas y enigmas de toda índole. Fueron algunas de ellas, en modo de salpicado de olitas atlánticas, las siguientes:

-En 1891 sirvió de hogar de acogida a náufragos del Vapor Pampa que venía cargado de refugiados judíos que escapaban del zarismo ruso.

-En 1892 Schweitzer se suicidó.

-En 1904 fue reabierto.

-En 1943 una red de espionaje alemán en Buenos Aires indicó que el hotel sería el lugar adecuado para ocultar a nazis que desembarcarían en la zona traídos por submarinos alemanes.

-En la segunda posguerra se avistaron varios submarinos en la costa y botes de los cuales bajaron alemanes a los que nunca se los pudo ver porque vivieron ocultos en el hotel.

-En 1972 fue comprado por Eduardo Gamba, un proyectista de cine que andaba de pueblo en pueblo y que montó un cine en el propio hotel.

-En los años 90 fue usurpado y comenzó a tener problemas edilicios, de vandalismo y hasta un incendio.

-Fines de los 90 Gamba, quien habitaba en el edificio, realizaba visitas guiadas por las ruinas del hotel, montaba algún espectáculo y “hablaba” con los espíritus que quedaban deambulando de aquellos años de gloria.

-En 2018 el Colegio de Arquitectos da la voz de alarma y se inicia un plan de acción para evitar el colapso total.

Mar del Sud

Las cuatro mil fotos

Suele darse una conexión especialísima entre ciertos sitios (o edificios) y ciertas personas (o insitutciones) sensibles. Cuando una energía fuerte emana de determinado hecho cultural y alguien en estado de plena disponibilidad capta ese llamado y acude movido por otra energía irrefrenable, se da algo grande y especial. Nace entonces un ecosistema de biodiversidad creativa que redunda, seguro, en buenos resultados.

Casa-caracoles

Algo así pasó con Lauareano Clavero: oriundo de Mar del Sur, este documentalista, escritor y realizador audiovisual que reside en Cataluña, España, ha tenido con el hotel  y con la zona un lazo sumamente estrecho. Desde su tierna infancia, movido por una curiosidad enorme y una imaginación sin horizonte, ha hurgado entre la energía de los escombros y la argamasa de este hotel y del desparecido Hotel Mar del Sud (ubicado a dos kilómetros al norte de la actual villa y que será abordado en otro artículo en el futuro) en busca de todos los fragmentos que tejieron la historia del lugar y de su gente.

En el año 2011 se tomó el trabajo de hacer un relevamiento súper exhaustivo del Hotel Boulevard Atlántico. Se internó en él para fotografiar todos y cada uno de los detalles del edificio como modo de salvaguardar ese patrimonio, al menos, en soporte digital. Logró un inventario completísimo formado por cuatro mil fotos. Enbuenahora. Un año después, poco quedaba de todo aquello que su cámara había registrado.

Mar del Sud

Imágenes: Miramar

Fecha de Publicación: 23/11/2023

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