¡Escribí! Notas de Lector
Ir a la secciónBuenos Aires - - Martes 06 De Octubre
Hacia fin de milenio la artista japonesa Yoko Ono visitaría la Confitería La Ideal de la calle Suipacha y dijo algo parecido a “háganse cargo y respeten su historia y su identidad”. Eran los años noventa neoliberales que habían arrasado con las memorias del Centro porteño, demoliendo teatros donde actuaron los Podestá y Carlos Gardel, o viejos cafés, que reunieron a los mejores compositores del tango, de Cátulo Castillo a Enrique Santos Discépolo, y los renovadores poetas, escritores, periodistas y artistas, de Alejandra Pizarnik a Batato Barea. Y amenazaba a los cafés que habían acogido a Jorge Luis Borges y Julio Cortázar. Cuna de próceres, de Mariano Moreno a Mariquita Sánchez de Thompson, y escritores, de Roberto Arlt a Victoria Ocampo, el antiguo barrio de San Nicolás es uno de las que más transformaciones ha sido padecido en su larga historia, que se remonta a las trazas de Juan de Garay en 1580. El Obelisco, símbolo argentino de encuentro y festejos, acompaña estos cambios hacia el centenario, y en el mismo solar que se levantaron por primera vez siete banderas con los colores de Argentina. Y donde San Nicolás dijo “Presente”.
Una breve cronología del barrio, que a partir de 1972 incorpora otro de gran peso histórico, el llamado Catedral al Norte -que tuvo a la primera escuela fundada como tal por Sarmiento en 1854- nos lleva a los horas fundacionales y señeras de Buenos Aires. Cuando Garay empieza el reparto de tierras con sus colonizadores de Asunción, se reserva las mejores varas donde actualmente se levanta el Banco Nación; que ahora porta una perfecta simetría en sus entradas, como se aprecia desde la Plaza de Mayo, y la tercera cúpula más grande del mundo. Pero dejemos esta maravilla monumentalista de Alejandro Bustillo de 1944 y retrocedamos otra vez cuatro siglos a la -única- fundación de la Ciudad.
Martín del Barco Centenera, clérigo y escritor a quien debemos el nombre de Argentina, en 1593 pone manos a la obra para cumplir los deseos de Garay e instala la primera iglesia, de adobe, que antecede a la Catedral de Buenos Aires; que tendría su fisonomía actual de pórticos neoclásicos bajo la gestión de Bernardino Rivadavia en 1822. Desde 1880 la Catedral es el techo de los restos inmortales del Libertador San Martín, cuyos restos provocaron que los separatistas de Bartolomé Mitre y los nacionales del presidente Avellaneda depongan unas horas las batallas que precedieron la federalización de Buenos Aires.
Diez años después, el cercano Barrio del Parque, hoy denominado Tribunales y sede del Palacio de Justicia -una obra magnífica que demandó cuarenta turbios años- viviría la sangrienta Revolución del 90, cuna de la Unión Cívica Radical, y anuncio de los luchas por los derechos civiles y sociales que signarían el siglo siguiente. Tres años antes se había inaugurado el elevado monumento el general Juan Lavalle, de frente al desaparecido -en 1937- Palacio Miró, perteneciente a los descendientes del coronel Manuel Dorrego, justamente asesinado por Lavalle en 1828.
La avenida Corrientes, “la que nunca duerme”, con sus librerías, teatros y bares, antes San Nicolás, parte de Leandro N. Alem, que se suicidó en 1896 yendo al Club El Progreso -hoy con sede en Sarmiento 1334, y cruzando cinco barrios, termina en Chacarita. Este homenaje a una de los primeras ciudades del Interior que reconoció el Grito de Mayo presenta varios de los estilos arquitectónicos de los últimos tres siglos, desde el impactante Comega de avenida Corrientes al 200, pasando por la joya modernista del Teatro San Martín, diez cuadras más adelante, y rematando en los límites del barrio de San Nicolás, el edificio diseñado por Auguste Plou, que antes tuvo a la confitería El Siglo, y desde 1929, atiende como La Ópera, en cuyas mesas se tejió buena parte de la alta política contemporánea. También posee una cúpula que rivaliza con las célebre esquina de las cuatro cúpulas de Diagonal Norte y Florida, la del edificio del HSBC, de los ingleses Chambers y Thomas que reproduce el Hospital de la Santa Cruz de Toledo, las dos torres Bencich, del francés Le Monnier -hay ocho torres Bencich, quizá la mejor vista es el Bencich la de la calle Tucumán-, y la Torre de la Sociedad Equitativa del Plata, obra del argentino Alejandro Virasoro. Cúpulas éstas además en el corazón de la City Porteña, zona financiera que se remonta a la Colonia y a los comienzos de la economía argentina con la instalación de la Bolsa de Comercio en 1862, y que posee perlas como el sensacional brutalista edificio del Banco Hipotecario, obra de 1966 de Clorindo Testa, Alfredo Agostini, Santiago Sánchez Elía y Federico Peralta Ramos.
Las grandes transformaciones de principios de siglo XX, desde peatonalizar Florida en 1911, la llegada del subte, el primero de Latinoamérica en 1913, y la apertura de las Diagonales Norte y Sur, sin contar la inauguración del Teatro Colón en 1908, modernizaron San Nicolás con un ritmo arrollador, y tuvieron un pico en la apertura de la avenida 9 de Julio, coronada con la inauguración del Obelisco en 1936 -emplazamiento de la iglesia de 1773 que daría nombre al barrio y sitio de izamiento por primera vez de la bandera argentina, un 23 de agosto de 1812, fecha de aniversario barrial-. Quedaron sepultados así cortadas y pasajes que inspiraron el teatro argentino, la literatura nacional y la música popular, hoy únicamente el Pasaje Carabelas sigue proyectando los fantasmas de Fray Mocho, Roberto Arlt y Cátulo Castillo, y la velocidad de los cuerpos y el cemento transformador se apoderó de todo. Sucesivas reformas urbanas desde los sesenta, que por ejemplo derribaron la histórica casa de Dardo Rocha en Lavalle, fueron cambiando irrefrenables los paisajes y los rostros del hombre o la mujer porteños, que pese a todo, aún están solos y esperan.
Ellos y ellas con creencias de otros mundos que se pueden encontrar en templos de todas las religiones, el primero protestante de América Latina en 1831 en 25 de Mayo, y el judío en Libertad y Córdoba; y que arribaron en miles de barcos y dejarían edificios de colectividades en varias cuadras de San Nicolás, entre ellos los italianos, con la Asociación Italiana Unione y Benevolenza de Perón al 1300.
Y para finalizar la semblanza de San Nicolás, representada en su avenida más preciada, las palabras de Leopoldo Marechal en 1937, en su “Historia de la calle Corrientes”, “A ninguna calle, tal vez, como a la de Corrientes puede asignársele ahora esa virtud de transformación, esa plasticidad y obediencia al imperativo del tiempo. Desde comienzos de siglo fue la calle más porteña de Buenos Aires, y lo sigue siendo, ahora más que nunca: la hemos visto erguirse sobre su ruina voluntaria, como una voz de pie, y gritar “Presente” tan caro a la juventud de los hombres y de sus ciudades”
Fuentes: Abós, A. Al pie de la letra. Buenos Aires: Alfaguara. 2011; Tenembaum, L. Tribunales. Buenos Aires: Fundación Banco de Boston. 1989; Zigiotto, D. Las mil y una curiosidades de Buenos Aires. Buenos Aires: Norma. 2008
Imagen: Turismo Buenos Aires
Fecha de Publicación: 27/08/2024
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