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Guaraníes y querandíes. Los primeros vecinos de Buenos Aires

Como un preludio a nuestra serie exclusiva “Historia de los barrios porteños”, quiénes eran las primeros pobladores de la Reina del Plata.

Buenos Aires
Guaraníes y querandíes

“La nación de los querandíes fue célebre al tiempo de la Conquista, por su valor, por su número y por su barbaridad. Hoy con nombre de pampas, se conserva igualmente bárbara, pero menos numerosa. Viven en la gobernación del Río de la Plata”, en los escritos de Pedro Lozano, circa 1600, en “Historia del Paraguay”, en una descripción de un momento en el cual la dominación española empezaba a dejar sus marcas, diezmando a los pueblos originarios. Particularmente en la Cuenca del Plata donde la resistencia nativa a las primeras avanzadas en tierras bonaerenses, cercanas al río posteriormente conocido Matanzas, produjo los primeros gritos de libertad, en sintonía con los Valles Calchaquís en Tucumán. Descubrimientos en los barrios de Villa Lugano y ribereños al Riachuelo, registran el paso de estos vecinos querandíes que solían ser dueños y señores desde los Andes hasta la bahía de Samborombón. La ciudad futura entonces que estaba en manos de los caciques querandíes, en grupos seminómades que podían llegar a los 5 mil, un día de 1536 recibieron a Don Pedro de Mendoza en San Telmo y, luego de echarlo a lanzazos y boleadoras, en 1582 tendrían que escuchar a Juan de Garay que “repartía y repartió a todos los indios que había en las provincias de la ciudad de la Trinidad y puerto de Santa María de Buenos Aires”. Rieron los caciques Bagual y Tubichamini a la altura del actual Puente la Noria, y volvieron a fundirse en la Pampa. 

En el Litoral fluvial argentino se testimonia la presencia de cazadores-recolectores hace 7000 u 8000 años atrás, y algunos que empiezan a asentarse en el Delta bonaerense y el interior pampeano, entre 2500 y 3000 años A.de C., con una incipiente alfarería como lo atestigua la hallada en Esperanza, Santa Fe, tierra de los chanás-mbeguaés. Muy lejos de la revolución aldeana de la Puna, que se transformarían en civilizaciones pacíficas de avanzada, estas pequeñas poblaciones trashumantes y aguerridas serían los antecesoras directas de los querandíes que se toparon los españoles. Posiblemente por la influencia de los guaraníes, quienes serían a la postre quien los denominaría a la posteridad como los carandíes -hombres con grasa, en guaraní, debido a que en su dieta cotidiana, consumían carne y despedían olor a grasa animal porque también utilizaban sus cueros para abrigarse-, entran en conocimiento de algunos procedimientos para procesar los alimentos como semillas y frutos silvestres. También de las naciones guaraníticas, que ocupaban un extensa región que abarcaría cinco países, conocen los querandíes las técnicas de pesca. Más al sur las adaptarían para la caza de lobos marinos. Vivían en lo que los primeros europeos llamaron “toldos”, hechos con pieles para su fácil desarme, y vestían a veces con prendas tejidas, probablemente venidas del otro lado de la Cordillera.

Buenos Aires querandí

Sin contar las primeras impresiones a la distancia de las expediciones de Solís y Magallanes, en 1527 el primero contacto será con las huestes de Sebastián Caboto. Diego García, que toma un rumbo diferente a su capitán, y se interna por el Río de Solís, Río de la Plata, por el Paraná, “la primera generación a la entrada de río a la banda norte -Buenos Aires-…está otra generación muy grande que se llaman los carandíes”. Unos años después los portugueses anotan que “la tierra de la banda del sudoeste era alta y parecía ser firme y según la información de los indios era esta tierra de los carandins”, señalando un río, actual Arrecifes, que empieza a denominarse de Los Querandíes.

A un tris de la invasión portuguesa, los españoles reaccionan y envían la expedición de Pedro de Mendoza en 1536, la más notable de siglo, y el mayor fracaso contemporáneo por cierto con un puerto militar Buenos Aires que dura cinco años, pero que traerá al primer cronista. El intrépido alemán Ulrico Schmidel anota, “hemos encontrado allí en esta tierra un pueblo de indios llamados carendís, eran unas tres mil hombres con su mujeres y sus hijos. Nos trajeron pescado y carne para comer…en cuanto a los carendíes no tienen asiento fijo en la tierra”, pasando luego a la cruda crónica de la primera batalla entre mundo en estas pampas, la de Corpus Christi, donde moriría el hermano del Adelantado Mendoza y el discutible capitán Luján, y la hambruna feroz que sometieron a la incipiente aldea, sitiada por flechas incendiarias con la asistencia de los guaraníes, en la barranca del actual Parque Lezama.

Casi cuarenta años después llegaría Garay, bajando desde Santa Fe anoticiado de los lugareños que batieron a la brillante Armada española, “hanse de guardar en todo de los guaranís de las islas e quirandís, que son mortales enemigos nuestros -y traicioneros-“, a repartir pueblos originarios, con el sistema de encomiendas o mitas, que fracasaría estrepitosamente ante tribus que la mayoría iba y venía de Entre Ríos y el Delta de Buenos Aires hasta Córdoba. Habituados a recorrer las planicies sin amos, los guaraníes resistirían con el cacique Tobobá, que se acercaban a las endebles empalizadas porteñas por el norte, y en el sur, con el cacique querandí Telomián, que infringe una dura derrota a los españoles en las orillas del Riachuelo de los Navíos -La Boca- en 1583, y continúa la resistencia a lo largo de la zona, que no por nada empezaría a llamarse La Matanza. Allí se desarrollará, en lo que sería ambas márgenes, conurbano y barrios porteños ribereños, principalmente la campaña de exterminio de Rodrigo Ortiz de Zárate, en venganza contra los querandíes que asesinan a Garay en 1587 en San Pedro. Con una eficacia suprema debido a que pasaron más de cien años para que vuelva el nombre querandí a registrarse en papeles coloniales, y su lengua, cultura, costumbres, hoy definitivamente enterrada, aunque rescatada en parte desde los trabajos pioneros de Manuel Trelles, Florentino Ameghino y el Perito Moreno.

El cronista Ruy Díaz de Guzmán describió el ambiente y los hombres que poblaban estas tierras en su célebre “La Argentina” (1612), plena de inexactitudes, y rica en descripciones de pueblos desaparecidos,  "[...] en los llanos que van continuando a Buenos Aires, a donde hay desde la boca de este río otras 20 leguas: es toda aquella tierra muy llana; los campos tan anchurosos y dilatados, que no hay en todos ellos un árbol: es de poca agua, y de mucha caza de venados, avestruces y gran suma de perdices, aunque de pocos naturales; los que hay son belicosos, grandes corredores y alentados, que llaman Querandís: no son labradores, y se sustentan de sola caza y pesca; y así no tienen pueblos fundados ni lugares ciertos, más de cuanto les ofrece la comodidad de andar de ordinario esquilmando los campos. Estos corren desde Cabo Blanco, hasta el Río de las Conchas, que dista de Buenos Aires cinco leguas arriba, y toma más de otras sesenta la tierra adentro hasta la Cordillera, que va desde la mar bojeando hacia al Norte, entrando por la gobernación de Tucumán", cerraba quien vivió en Buenos Aires tres años a partir de 1599.

Volver a contar

En la Cuenca del Río Matanzas, en las cercanías del Puente La Noria, a partir de los veinte se realizan excavaciones, en el barrio de Villa Lugano. Carlos Rusconi en 1928 halla una enorme cantidad de objetos querandíes, en particular cerámica, y la data en una época pos-hispánica, debido a la presencia de huesos vacunos y equinos. Nota el margen: el caballo cimarrón fue el motor de la gran transformación de estas tribus de las pampas en temibles máquinas de guerra, que sólo irían menguando con la primera campaña ofensiva de Rosas, y aniquiladas con la autodenominada Conquista del Desierto de Roca. Asimismo, continuamos el pie de página, el valor del ganado daría un concepto desconocido del comercio a los pueblos originarios en estos lares, habituados al trueque, y que empujaría el saqueo de la hacienda de españoles y criollos por centurias, en la ruta del contrabando hacia Chile; por demás, otro de los motivos ineludibles de la campaña de 1879, claro, junto a sumar millones de hectáreas.

Volviendo a los restos arqueológicos encontrados en Villa Lugano por Rusconi, que le permitieron suponer la presencia de tribus viviendo en el extenso Partido de San José de Flores (Flores, Floresta, Parque Avellaneda, Mataderos y Villa Luro), diez años después la campaña de Florencio Villegas Basabilvaso recoge más elementos que corroboraban las hipótesis de los hábitos viajeros de los querandíes por el entorno urbano del suroeste. En 2016, nuevamente Villa Lugano, en un predio cercano al Autódromo Oscar y Juan Gálvez, en el parque de la Ribera Sur, un equipo argentino-español halló evidencia reveladora, “en esta zona siempre se encontraba gran cantidad de material indígena, y es lo que supusimos que íbamos a hallar, pero por primera vez en Buenos Aires, encontramos restos de arquitectura, es decir marcas en el piso de postes de edificios. Se suponía que la población que había en aquel entonces en la zona era nómade o semi-nómade, estamos descubriendo que en realidad tenían cabañas, o tolderías más o menos importantes”, explicaba Daniel Schávelzon, investigador principal del CONICET en el Centro de Arqueología Urbana (CAU), Instituto de Arte Americano e investigaciones “Marío Buschiazzo” de la Universidad de Buenos Aires.

La historia posterior recogería crueldades y malones de ambos lados, con la resistencia en aumento de los caciques de las pampas y guaraníes a las autoridades españolas, mientras la ciudad-puerto de Buenos Aires fue adquiriendo centralidad a partir de la confluencia de las rutas mercantiles fluviales legales e ilegales de esclavos, plata y cueros vacunos, y la valorización de las tierras fértiles del hinterland de la ciudad. También muestra la hermandad de las tribus cercanas a la ciudad tanto para enfrentar a los británicos en 1806/1807 como para expulsar a los españoles desde 1810. Desde 1870 la batalla sería otra para los pueblos originarios, marginados en reducciones cercanas como Quilmes y Baradero,  la supervivencia y el reconocimiento de la identidad cultural por Buenos Aires.

Esta pequeña introducción a la serie “Historia de los barrios porteños” no tiene un fin panfletario sino una deuda intelectual. Y de honestidad. Son 1760 comunidades indígenas en el país. Y en la Ciudad de Buenos Aires casi un 10% se autopercibe descendiente directa de éstas. Aunque no los veamos, los querandíes siempre serán los primeros vecinos de sus hermanos porteños.

 

Fuentes: Conlazo, D. Los indios de Buenos Aires (Siglo XVI-XVIII). Buenos Aires: Busqueda-yuchán. 1990; Canedo, M. y González, L. De pueblo de indios a pueblo de españoles. Disputas y estrategias en las transformaciones de las comunidades locales de Buenos Aires, (Santiago de Baradero y Santa Cruz de los Quilmes, siglos XVII-XIX), Trashumante. Revista Americana de Historia Social 14 (2019); Mandrini, R. La Argentina Aborigen. Buenos Aires: Siglo XXI. 2008.

Imagen: Cucinare

Fecha de Publicación: 11/07/2022

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