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El Asilo Unzué: donde hablar era portarse mal

El Asilo Saturnino Unzué de Mar del Plata fue erigido por obra de la caridad en un entorno, por entonces, tan bello como despojado. Ha enfrentado por más de un siglo las inclemencias del viento y del mar, se ha adaptado, quizá no de la mejor manera, a los cambios de gestión y de función.

Buenos Aires
Asilo Unzué

Por Mariela Marino

Mar del Plata, con su abrazo fresco de brisa marina, resguarda entre sus memorias un tesoro edilicio que ha sido albergue de varias generaciones de niñas vulnerables. A unos cuatro kilómetros de la céntrica Plaza Colón, se erige el imponente Asilo Unzué, una joya que fusiona la grandiosidad arquitectónica con la vocación humana de cuidado y formación.

La historia de este asilo se remonta al amanecer del siglo XX, cuando la caridad ¿de época? llevó a las hermanas Concepción y María de los Remedios Unzué a encarar esta empresa como un modo de ayudar a la comunidad. Encomendaron a su admirado arquitecto francés Louis Faure-Dujarric el diseño de este megaedificio de casi diez mil metros cuadrados para un predio de dos hectáreas de su propiedad.  El asilo, que abrió sus puertas en 1912 con la presencia del entonces Presidente Roque Sáenz Peña, tuvo el noble propósito de brindar hogar y formación tanto escolar como en “economía doméstica”  a niñas y adolescentes huérfanas y/o desamparadas.  En honor a su padre le asignaron el nombre de Saturnino Unzué y lo donaron al Estado Nacional.

A principios del siglo XIX Bernardino Rivadavia había fundado la (laica y femenina) Sociedad de Beneficencia de la Capital. Esta sociedad se hizo cargo del asilo y puso a las hermanas franciscanas Misioneras de María al mando de cotidianeidad del lugar. Su rol fundamental fue el de que en el lugar “se marcara el paso” como dictaba el estatuto  y que se formara muy concienzudamente a las internas en el catecismo católico.

Asilo Unzué

El edificio contaba con todas las dependencias necesarias para llevar a cabo las actividades cotidianas de un programa de estas características: salas de máquinas, cocinas, salas de lavado, ropería, enfermería, salas de baño, talleres, aulas, pabellones de dormitorios, salones para eventos, amén de cuidados espacios verdes para el asoleamiento y la recreación de sus moradores (con vías y trencito incluidos). En los pabellones reinaba un estilo funcional, despojado, con buena luz natural y techos altos.

Asilo Unzué

La obra se conforma en base a una forma en planta de letra “H”. El exterior del asilo, una amalgama de muros claros de cantos redondeados -apenas ornamentados con guardas geometrizadas de color terracota-  y con grandes aberturas particionadas distribuidas regularmente, responde a patrones estilísticos del modernismo austríaco conocido como “Estilo de la Secesión Vienesa”.

Asilo Unzué

Una cuestión de fe

No obstante, en el centro del conjunto, en la fachada principal, se destaca una alta cubierta en forma de pirámide truncada rematada en una linterna que responde al espacio principal de todo el conjunto: el oratorio. Esta presencia imponente viene a  dar cuenta de la importancia que se le dio a este espacio.

Asilo Unzué

Dedicado a la Inmaculada Concepción, el oratorio reúne la mayor carga ornamental y simbólica. Tanto en el diseño como en la decoración ni Dujarric ni las donantes se anduvieron con chiquitas. El primero, que dicen era un tipo bastante excéntrico, aprovechó a plasmar toda su erudición sobre el estilo bizantino y armó un interior “a imagen y semejanza”, nada menos, que de la Iglesia de Santa Sofía de Constantinopla y de la Catedral de Monreale en Sicilia. Las segundas, que anhelaban un edificio construido con materiales nobles y de calidad, accedieron, entre otros, a teselas revestidas en oro para delinear el polícromo Pantocrátor del ábside, mármoles de muchos tonos y texturas traídos de Italia, Turquía y Etiopía y puertas de roble de Eslavonia (¿el único buen roble es de Eslavonia?).

Asilo Unzué

Las niñas crecieron y hablaron

Al parecer, no todo fue ni tan noble ni tan puro ni tan caritativo. En el lugar llegó a haber 350 niñas provenientes de todo el país, que ingresaban luego de un largo proceso de admisión, algo así como un “casting de la caridad”. Se dice que al asilo enviaban, también, a las jóvenes de familias “bien” que quedaban embarazadas fuera del matrimonio con el fin de que transitaran los nueve meses al resguardo de las malas lenguas que proliferan en todas las latitudes. Muchos de los niños allí nacidos, allí quedaban. A su vez, a los niños de clases acomodadas que se portaban mal los castigaban con una breve estadía en el asilo.

Asilo Unzué camas

También pululan versiones de que allí se dieron romances (o violaciones) de trabajadores del lugar con jóvenes internas (o de capellanes con monjas). Y de que en las madrugadas se oyen ruidos inquietantes provenientes de los subsuelos. No dejaba de ser una comunidad humana con todas sus luces y sus sombras en una época en que las luces y sombras eran, en algunos aspectos, mucho menos difusas.  

Pero lo que más nos impactó fue escuchar los testimonios en primera persona de dos hermanas exasiladas. Estas hermosas señoras octogenarias dieron su visión de su temporada allí internadas en el muy ilustrativo documental de Leonardo Maldonado llamado: “Asilo Unzué, la performance patricia del socorro”. Salvando las gigantísimas diferencias, sus declaraciones nos hicieron recordar muchísimo a pasajes de “La vida es bella” en relación a la capacidad resiliente del ser humano. Porque para estas damas todo había sido tremendamente triste e injusto y desamorado y desgarrador e incomprensible pero a la vez, podían echar mano de recuerdos agradables, perlitas lindas, algunas sonrisas, muchos aprendizajes.

Asilo Unzué clases

Durante los siete años de estadía todo había sido silencio: “Estaba prohibido hablar entre nosotras durante todo el día”, salvo en los rezos o en clase, todo había sido disciplina y uniformidad, adoctrinamiento, violencia física y psicológica. Todo había sido alfabetizarse y aprender las tareas hogareñas para, al salir de allí a los 18 años, ser “colocadas” en casas de familia como “sirvientas”. Aunque en verano dispusieran de playa privada, había sido perder la esencia de la infancia y adolescencia. Todo en silencio. Y sin posibilidad alguna de hacerse de amigas. De hecho no recuerdan el nombre de ninguna compañera.

 Asilo Unzué

Mejoras con gusto a poco

Las monjas franciscanas estuvieron a cargo del asilo desde su inauguración hasta el año 1969. Luego de seguir un poco a los tumbos, finalmente el asilo cerró sus puertas como tal en el año 2000. Hacia 2005, y debido al elocuente acelerado deterioro del edificio, se comenzaron tareas de mantenimiento y restauración parcial.

En los sectores refuncionalizados y puestos de nuevo en actividad se armó el Espacio Unzué, un Centro Cultural dependiente del Ministerio de Desarrollo Social de la Nación, con actividades variadas para todas las edades.  Aunque queda mucho para hacer para que el Asilo Unzué cambie silencios por sonrisas. 

Asilo Unzué

ImágenesImágenes Mar del Plata / Diócsesis Mar del Plata

Fecha de Publicación: 04/02/2024

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