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Cuando las paredes hablan

La Catedral de Paraná (Entre Ríos) es una clara muestra de que las paredes hablan, casi literalmente.
Entre Ríos
22 octubre, 2019

Creer que un edificio es tan solo una estructura construida con un fin específico es perderse la esencia fundamental del asunto. Los edificios llevan marcas en sus muros, en sus pisos, en sus materiales, en su ornamentación, que hablan de lo que pasó, de lo que fue, de cómo llegamos hasta aquí. Ninguna elección es casual, cada pequeño detalle tiene una historia detrás. La Catedral de Paraná (Entre Ríos) es una clara muestra de que las paredes hablan, casi literalmente.

La Catedral de Nuestra Señora del Rosario–tal es su nombre completo– tiene algunas maravillas arquitectónicas que deslumbran a todos sus visitantes. En el peristilo se alza una imagen de San Pedro, realizada en mármol de Carrara. De los pies a las manos, mide cuatro metros. Posee 11 altares de madera tallada, estilo barroco, estucados con pinturay polvo de oro. Sus 33 vitrales fueron traídos desde Francia.

La historia oficial cuenta que el actual templo es el cuarto construido en el mismo lugar. El primero fue una capilla de adobe y paja, levantada en 1732. El segundo fue construido entre los años 1753 y 1756. El 11 de noviembre de 1807 se colocó la piedra fundamental del tercer templo, el cual –dicen– fue demolido para dar lugar a la actual Catedral.

“Dicen” que fue demolido, porque un detalle impide adoptar completamente esa teoría: en el contra frente de la Catedral, se puede apreciar el frente de una antigua capilla con una flor de lis. ¿Cuál es la hipótesis al respecto? Se dice que allí se erigía una capilla jesuita, una congregación cuyo paso por Paraná es negado sistemáticamente.

Según se comenta, ese ocultamiento de la Compañía de Jesús–que estuvo presente en el país desde 1600 hasta su expulsión de Latinoamérica en 1767– se relaciona con que las familias “acomodadas” de la época se apoderaron de los bienes jesuitas luego de la expulsión de esa congregación.

Pero, como decíamos, las marcas quedan. Los edificios cuentan historias. La Catedral tiene un resabio jesuita oculto, pero a la vista de todos. El tercer templo, entonces, no fue demolido, al menos no en su totalidad. La razón es simple: la vieja Catedralestaba consagrada y, por eso, nadie se animó a demolerla.

Entonces, sobran los motivos para hacer una parada en la Catedral de Paraná durante nuestra próxima visita a esa hermosa ciudad entrerriana.

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