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Un verdadero acuerdo político y social

El desafío de resumir los últimos dos siglos y proyectar Argentina al futuro.
Política y Economía
El desafío de resumir los últimos dos siglos y proyectar Argentina al futuro.
20 agosto, 2019

Es interesante, o quizás perturbadora, la idea que es posible alcanzar acuerdos políticos que puedan sacar a la Argentina de su decadencia sin haber alcanzado consensos sociales previos. 

Los argentinos vivimos en el siglo XXI, discutimos el siglo XX y añoramos lo que fuimos en el siglo XIX. Así de confundida y dividida está nuestra sociedad, mientras que la dirigencia política no hace más que reflejar esas diferencias gobierno tras gobierno. En ese sentido, la convocatoria a un“acuerdo político” realizada por el Presidente Mauricio Macri intenta generar un marco de previsibilidad en medio de un proceso electoral polarizado. El análisis de los diez puntos propuestos por el gobierno no deja dudas que está dirigido a tranquilizar actores internacionales mientras posterga el desafío de trazar un camino de desarrollo nacional que requiera discusiones más complejas y profundas.

A simple vista algunos de los puntos planteados parecen tan obvios que resulta incomprensible que estén en discusión. Sin embargo, el momento elegido por el gobierno para convocar a un acuerdo y la forma en que están expresados los puntos sugieren que en la Casa Rosada consideran probable perder las elecciones y por lo tanto es necesario forzar al resto de las fuerzas políticas a manifestar su compromiso de sostener las políticas iniciadas, o bien como estrategia electoral para reforzar la confrontación con quienes no adhieran al acuerdo y de esta forma, si logran la reelección, avanzar en las reformas estructurales que necesita el país.

De cualquier forma, los puntos de esta convocatoria no reflejan las discusiones que se dan en la sociedad. Pensemos, de una forma un poco provocadora, en nuestra “Argentina gloriosa”.

Cuando debatimos sobre economía y queremos contrastar el mal momento actual algunas personas terminarán haciendo referencia a los indicadores de la “Argentina gloriosa”, la de fines del siglo XIX, aquella que estaba gobernada por una aristocracia que convirtió Buenos Aires en la París de Sudamérica, una Argentina que por el bien del pueblo restringía derechos políticos. Esa Argentina tenía una clara inserción en el sistema económico internacional y también acompañaba los procesos políticos de consolidación de los estados nacionales de su época.

Por el contrario, seguramente para otras personas la llegada del Siglo XX implica el acceso efectivo del pueblo al poder, marcando un hecho histórico al iniciar el verdadero proceso de desarrollo nacional. Ahora la economía estará al servicio de la nación y el bienestar de su gente, ya no más de las elites. La “Argentina gloriosa” es la del ascenso social, la de mi hijo el doctor, aquella de la dignidad del obrero. Además este es un siglo de reivindicación ideológica, sustentado por las teorías políticas y económicas desarrolladas durante el siglo XIX y principios de siglo XX por distintos intelectuales que se avocaron a entender las consecuencias de los cambios sociales provocados por la revolución industrial y la llegada del capitalismo. Como muchos otros países, esa Argentina estará marcada por las disputas políticas, sin embargo, la idea de adoptar un modelo de desarrollo alternativo la irá desacoplando lentamente del grupo de países que abrieron sus economías al comercio y prosperaron luego de la segunda guerra mundial.

Por último, algunos dirán que la “Argentina gloriosa” es la del futuro, aquella en la que su pasado queda superado definitivamente y que se materializa tan solo con adoptar a ciegas las reglas de esta economía liberal.  Donde abundan las “start up´s y los unicornios”. Esta Argentina no necesita ideología porque la posmodernidad corrió el velo y el sistema se muestra sin misterios.  En este contexto no hay destino de grandeza, no hace falta la política, basta solo con reintegrarse al mundo.

Seguramente en este momento el lector esté expresando su acuerdo o desacuerdo con alguno de los puntos que fueron planteados arriba. Parece difícil imaginar entonces que pueda prosperar un acuerdo entre políticos sin el sustento de un acuerdo social.

Algo parece cierto, en un contexto histórico donde la humanidad evoluciona de forma acelerada, volver al pasado no puede ser la respuesta. Sin embargo, plantear un futuro sin aprender las lecciones del pasado ni comprender la época en que vivimos tampoco parece ser un camino esperanzador.

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