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Votando con el estómago, nos vamos a morir de hambre.

Es el momento de pensar cómo tiene que ser ese país que nos va a hacer felices a nosotros y a nuestros hijos. Y de dejar de pensar con el
Editorial
17 septiembre, 2019

Tenemos que dejar de votar con el estómago (eso dejémoslelo a los pobres, porque sería lógico) y con el corazón. Para pensar muy bien en el País y el bien común, si queremos salir de pobres de una vez por todas. Es tiempo de entender que no existe eso de “Yo me salvo y los demás que se caguen.”

¿Qué votamos, hasta ahora? Con las ideologías no nos fue bien. Revisemos.

Peronismo: movimiento popular que proponía combatir al capital. Comandado por un militar “vendiendo” que era de izquierda, pero detestaba al “Che” Guevara y a los Montoneros. “Me llenaste el gobierno de zurdos y putos”, le dijo a Camporita. Una vez retornado al país a pesar de sus ganas, para hacerse cargo del poder por tercera vez, en 1973.

El capital lo combatió, y vaya que le ganó el combate. Teníamos oro hasta en los pasillos del Banco Central. Y comenzando la década del 60 ese oro había desaparecido. Un misterio tan grande como quién financió la estadia del matrimonio Perón en España. Que vale oro diría, desde 1955 hasta el día de hoy…

El peronismo volvió en los 90. El rey Calo I eliminó a casi toda la industria nacional. Con el pequeño detalle de olvidarse de reconvertirla antes, dejando a millones en la calle. Y arruinó a dos generaciones: a los que dejó sin trabajo. Y a los que crecieron viendo a sus padres tirados en un sillón, sin poder salir de su depresión. Y a sus madres teniendo que salir a trabajar por dos pesos.

Y así, después de 5 presidentes en un mes, llegamos a la “…”. El movimiento nacional y popular, que dejó 30% de pobres, igualando en la miseria a 15 millones de argentinos. El que estafó y robó como ninguno antes. Que inundó de paco las cabezas desesperanzadas de millones de chicos. De ahí a la violencia callejera, dos más dos cuatro. Ese que nos dejó una sociedad con los valores morales y éticos totalmente tergiversados. De lo cual vamos a tardar dos generaciones en recuperarnos.

El Radicalismo y su ideología de que las cosas se ordenan solas y de que hay que dejar que sucedan. Un gobierno que no pudo hacer mucho más que consolidar la democracia, que no es poco. Pero con lo que no se come, ni se educa, ni se saca un país adelante (perdón por contradecirlo, estimado Raúl, donde quiera que esté). Y ese fue el bueno. El otro fue el del Grupo Sushi, de los hermanitos De La Rua y Ramiro Agulla. Ya con esos tres nombres basta para entender por qué Fernando huyó en helicóptero.

Ninguno de los dos gobiernos terminó su mandato ni pudo dominar la inflación. Ni la corrupción, ni hizo nada por la salud ni la educación.

Cambiemos no da para analizarlo cabalmente todavía. Si bien la ideología de transparencia, modernización e igualdad parece ser la apropiada para esta etapa, aún navega en un mar de aciertos y errores. Productos ambos de decisiones propias, la “pesada herencia” y los palos en la rueda. Tiene la oportunidad histórica que tuvo Alfonsín, de cambiar el país. Ahora con el desafío de enfrentar el siglo 21. Y los cambios dramáticos que se avecinan de tener replantear qué le vamos a ofrecer a un mundo distinto del que conocemos.

Si votando ideologías no nos fue nada bien, votando hombres nos fue peor. Solo Perón pudo trascender la propia, con resultados desastrosos para nosotros, claro. De sus huevos (o sea, del peronismo) se colgaron pesonajes de pensamiento tan disímil como Cafiero, Luder, Herminio Iglesias, Menem, los Rodriguez Saa, Duhalde, Solá, Massa, Rucci, Kirchner, De La Sota, Aníbal Fernández, Insfrán, Iconicoff, Moyano, y siguen las firmas.

Del Radicalismo, solo se salva Alfonsín y por lo emotivo, está claro.

Demás está explicar que así nos fue siguiendo nombres.

Quizá sea el momento de pensar en un mix. De pensar en votar proyectos y gente que pueda llevarlos a cabo.

Pensar cómo tiene que ser ese país que nos va a hacer felices a nosotros y a nuestros hijos. Pensar cómo se va a ubicar en el contexto mundial. En votar a quien les asegure una educación adecuada a los jóvenes. Vivienda a los más necesitados. Salud, trabajo, justicia, dignidad y prosperidad a todos. Pensar por una vez en el futuro y no en el presente.

Pensar.

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Por favor espere.....

2 Comentarios to “Votando con el estómago, nos vamos a morir de hambre.”

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