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No se pregunten que va a hacer el país por ustedes, sino que van a hacer ustedes por el país.

Si no ordenamos un poco ésto, seguiremos siendo un país del tercer mundo. Siempre con chances de mejorar. Pero sin concretarlas nunca.
Editorial
21 septiembre, 2019

Le pedimos al Presidente que arregle el país. Rápido. Que baje la inflación, ya, a un dígito. Y, en cierta manera, tenemos razón. La inflación nos come el bolsillo, la esperanza, la capacidad de prever y proyectar, el presente y el futuro.

Ahora: ¿qué estamos dispuestos a hacer nosotros por el País? Como les preguntó Kennedy a sus conciudadanos, allá por los ´60.

Podríamos haber empezado por hacer paros y huelgas antes, porque la inflación del 30% no es de este gobierno. Pero eso ya es pasado. Cada uno debe saber cómo puede contribuir a hacer un país mejor. Y hacerlo. Y sumar voluntades, porque ésto lo tenemos que hacer entre todos.

En este momento, es importante proteger a los más pobres. Porque un futuro digno, con posibilidades de igualdad y progreso, no puede pasar de un año para el otro. Pero el desafío del Gobierno es contenerlos y proyectarlos.

En un país en donde al cuerpo de policía antidrogas les encuentran 130 dosis de cocaína escondidas en chalecos antibalas… En donde el Presidente de la Corte Suprema de Justicia, y remarco “Justicia”, tiene 11 departamentos usados para prostituir mujeres, y no pasa nada… En donde votamos políticos que son narcotraficantes y nuestros hijos mueren a causa del Paco…

En donde la obra que depende del Estado se hace solo con coimas, y cuando se hace, mientras nosotros seguimos con los pozos ciegos, las zanjas a cielo abierto y las calles de barro… En donde los maestros, los pocos días que van a clase, enseñan cosas como un chico que se ahogó y la familia lo quiere dar por muerto como crimen de Estado, solo para que le paguen 250,000 pesos de sueldo por mes. Dejando a los chicos de la escuela pública en una situación de desigualdad irreparable ante los de la escuela privada…

Un país de 45 millones de habitantes y 3,500 sindicatos (Estados Unidos, 450 millones y solo 350 sindicatos). En donde los sindicalistas son multimillonarios y los trabajadores son pobres…

En ese país no se puede. Ya lo vivimos.

Si antes, lamentablemente, no ordenamos un poco ésto, seguiremos siendo un país del tercer mundo. Ojo, siempre emergente, con chances. Pero nunca concretadas. No podemos esperar magia, porque la magia es una ilusión. Y así nos fue con la magia. Tenemos que respondernos qué podemos hacer nosotros por la Argentina. Nuestro País. Denunciar, anotar en cuadernos, grabar con el celular, no callar, vota bien. Mucho podemos hacer. Mucho.

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