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La culpa es solo nuestra.

Cuándo fue que empezamos a delegarle nuestra felicidad a un puñado de jóvenes? Cuando será que no nos de culpa ser un gran país?
Editorial
21 septiembre, 2019

Pensaba por qué el fútbol es tan importante en nuestra vida. Por qué si ganamos un partido somos los mejores del mundo, pero si perdemos una final de copa somos los peores. Por qué el club nos maneja el humor en el trabajo y la Selección nos maneja el humor en el país. Que si pierden, sentimos culpa.

¿Cuándo fue que empezamos a delegarle nuestra felicidad a un puñado de jóvenes de no más de 25 años? ¿Cuándo el fútbol dejó de ser un deporte, o un espectáculo (o un gran negocio, como planteó Carlos Salvador Bilardo hace 30 años), para ser el motor de nuestras vidas? Planteado así, suena a que no es verdad; a que no hacemos eso. Pero así somos. No es difícil que una pasión se apodere de un pueblo apasionado. Que la pasión al extremo se gane a un pueblo extremista.

Creo que fue allá por los ´40, cuando dejamos de ser un gran país y empezamos a declinar. Cuando nos empezaron a dar pan y circo y lo agarramos, en vez de protestar. Cuando metimos la cabeza en la tierra, para no ver cómo nos íbamos a la mierda como país. Y allá, nuestros sueños de inmigrantes. Nos quedamos con lo único que nos daba una alegría. Y como un equipo no puede ganar siempre, llevamos al extremo las alegrías y las tristezas.

No se cómo se soluciona. Solo se que no vamos a cambiar. Claro, a menos que maduremos y querramos ser de nuevo un gran país. El mejor país del mundo, sin culpa.

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