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No amemos al opresor

Tema de la semana Salud pública (segunda parte).
Sin categorizar
23 abril, 2019

Es curioso cómo en épocas electorales resurgen algunos temas que los creadores de opinión pública tienen guardados en sus cajones de sastre y vuelven en una especie de ritornello eterno. Uno de ellos es el derecho o no de los ciudadanos de otros países a atenderse en nuestro sistema de salud. En primera instancia, quiero compartir una pequeña reflexión. No nos molesta que un extranjero use el hospital. Nos molesta que un extranjero pobre use el hospital. No es lo mismo. Si un canadiense o un australiano se cae de la bici y se abre el mate, no nos jode que vaya al Durand a coserse, para eso está el hospital, ¿no? Pero si un boliviano tiene un accidente ya nos jode un poco más. Ni hablar si lo que tiene es un cáncer.

Ahora bien, ese punto de partida me lleva a dos cosas que me gustaría decir. En primer lugar, que si una persona que vive en Oruro o en Asunción o en Lima viene a tratarse un cáncer a 3000 km de su casa y de su familia y de su trabajo es porque allá no puede. ¿Ustedes qué harían si tuvieran un cáncer y no lo pudieran tratar acá y se enteran de que, digamos, en Brasilia podrían salvar sus vidas? ¿No se irían? Yo creo que sacaría los pasajes en 10 minutos.

La otra cosa que me gustaría decir es que es muy usado, para defender la posición anti asistencialista, el argumento de “allá nos cobran todo”. Bueno, es falso. Yo tengo dos ejemplos salidos de mi experiencia personal. El primero, en Cusco, la ciudad peruana, una de las más maravillosas de Latinoamérica. Por perejil me agarré Salmonella (si van a Perú, miren lo que comen). Me estaba deshidratando. Nunca me sentí tan mal. Me atendieron en el hospital: dos días de internación, suero, comida, cama. Me curaron. Gratis. Segunda experiencia, esta vez en Barcelona. Una amiga quedó embarazada de su pareja. Decidió no tenerlo, era joven y la pareja no lo quería (con el tiempo nos dimos cuenta de que a ella tampoco la quería mucho que digamos, pero ese es otro tema). Resultado: le hicieron un aborto. Gratis. En un hospital público. Detalle nada menor: mi amiga estaba ilegal en España. No tenía ni el pasaporte argentino (se lo habían robado). No se lo pidieron para atenderla.

La salud es un derecho humano. ¿Sale plata? Claro que sale plata. Pero, ¿no es la mejor gastada? Leyendo algunas estadísticas, en 2016 (son las más recientes que encontré), en Jujuy se internaron 47.147 personas, de las cuales el 0,3 % fueron extranjeros (132 personas). De CABA encontré estadísticas aún más viejas, de 2012. Se atendieron 72 extranjeros (un poco menos del 0,1 % de las atenciones totales). En Provincia de Buenos Aires el total de extranjeros atendidos no solo en hospitales sino en centros de primera infancia ascendió al 4 %. No es tanto si se lo mira con detenimiento, ¿no? El acceso a la información es fundamental en nuestros días. No nos dejemos llevar por la agenda de los medios. Tengo un cuadrito en mi estudio, que es una cita de Malcolm X: “Si no están prevenidos ante los medios de comunicación, los harán amar al opresor y odiar al oprimido”. Nunca nos olvidemos de eso. Sobre todo porque habitualmente formamos parte de los oprimidos.

(Para leer la primera parte de esta nota, hacer click acá.)

Hipólito Azema nació en Buenos Aires, en los comienzos de la década del 80. No se sabe desde cuándo, porque esas cosas son difíciles de determinar, le gusta contar historias, pero más le gusta que se las cuenten: quizás por eso transitó los inefables pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Una vez escuchó que donde existe una necesidad nace un derecho y se lo creyó.

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