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Say No More.

Llega el verano y cientos de parejas y familias pueblan nuestras playas en busca de las tan deseadas vacaciones.
Al diván
19 noviembre, 2019

Llega el verano y cientos de parejas y familias pueblan nuestras playas en busca de las tan deseadas vacaciones. Vacaciones que no siempre resultan como fueron pensadas.

Escenas de malestar entre los miembros de una pareja se replican por toda la costa… Un hombre callado y con mirada perdida… una mujer nadando en una catarata de palabras parece no registrar si existe o no un interlocutor.

El resultado: “Ella no para de hablar…” (piensa El);”El no habla…” (dice Ella). En ambos casos, la expectativa del encuentro distendido fuera de la rutina anual, devela más que nunca el desencuentro de la palabra y la dificultad para comunicarse.

Desde el punto de vista psicológico, sabemos que cualquier alteración del ritmo cotidiano produce todo tipo de desencadenamiento emocional. Será que la vorágine laboral, la agenda escolar, las rutinas, etc. esconden los aspectos más oscuros de cada uno y que cada uno prefiere atribuirle al otro.

Y es en ese preciso momento donde aparecen las suplencias del desencuentro, creando todo tipo de “actividades veraniegas”: todas las noches asadito, cuatri para los chicos, tablas de surf para mares sin olas, eternas esperas para cenar en ruidosos restaurantes, jueguitos que hace décadas convocan niños, niñas y adolescentes para obtener tickets que jamás tendrán un premio, ferias artesanales sin artesanías y plagadas de objetitos made in China, reuniones multitudinarias con amigos y amigos de los amigos.

En consecuencia, la elección es el stress como modo de vacacionar, como modo de soportar lo insoportable del encuentro con el otro.

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