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Federico Moura

Su hermano Marcelo, también integrante de Virus, recuerda a este gran ícono del rock nacional con sus mejores palabras.
Rock
moura
26 enero, 2020

Federico Moura nació en la ciudad de La Plata el 23 de octubre de 1951, y murió joven, muy joven, el 21 de diciembre de 1988, a los 37 años. Fue músico, cantautor, compositor, productor discográfico y diseñador de ropa, y es considerado uno de los músicos más influyentes y reconocidos del rock hispano y latinoamericano.

Como líder de Virus, Federico Moura fue un engranaje fundamental en la renovación musical argentina, que tuvo lugar con el final de la dictadura y el regreso de la democracia. Su cantar, sus letras y sus composiciones disruptivas, marcaron un antes y un despúes en el rock nacional. Sus canciones tienen sello propio y compromiso, y su estilo marcó una época que suene y resuena, a través de los años, con la potencia de siempre.

Entre su discografía más recordada, se encuentran Wadu Wadu (1981); Recrudece (1982); Agujero interior (1983); Relax (1984); Locura (1985); Virus Vivo (1986); Superficies de placer (1987); Grito en el cielo (1988, discografía como solista). Y entre los tracks que la rompieron y se tararean a diario, “Una luna de miel en la mano”, “Pronta entrega”, “Me puedo programar”, “Agujero interior”, “¿Qué hago en Manila?”, “Imágenes paganas”, entre tantísimos otros.

A tres décadas de su partida, su presencia y su legado siguen pisando fuerte. Y para recordarlo, quién mejor que Marcelo Moura, su hermano de vida y escenario. En 2014, Marcelo se sumó muy gentilmente al homenaje que desde el entonces Ministerio de Cultura de la Nación le hiciéramos a Federico. La propuesta, que definiera a su hermano, que le dedicara unas palabras, que compartiera lo que sintiera y quisiera. Le escribió una especie de poema, el modo más puro y amoroso que encontró para rendir un merecido homenaje a su «maestro» y «tesoro».

Federico Moura, por Marcelo Moura

«Definir a Federico para mí es todo un desafío. Busqué el momento en donde mis palabras fluyeran y con su imágen en mi cabeza comencé a pensar en adjetivos que describieran su personalidad. No es un poema, solamente escribí lo que mi corazón me iba dictando».


“Alma de diamante”

Espíritu inquieto, brillante y sutil, bello, frágil, alma de diamante, romántico, ácido, único, galante, lúcido, práctico, noble y elegante, satírico, crítico, genio, lacerante, pulcro, locuaz, enérgico y vibrante.

Una estrella fugaz dibujando en el cielo, un ejemplo a seguir, un camino perfecto.
Un despojo total de intereses mezquinos, una clara visión, una luz, mucho brillo.
Un imán, atracción, un enviado divino, una causa o misión que guió su destino.
Una entrega total, un artista genuino, un valor sin igual, un coraje sin filtro.
Marginal, diferente, un rebelde total, fue un regalo de Dios cuando Fede vino.
Mi maestro, mi orgullo, mi mentor, mi tesoro, que se fue entre mis brazos, todavía lo lloro.
Era gris su mirada o de un verde esmeralda, una piedra preciosa, enclavada en mi alma.
No lo ví caminar, porque él siempre volaba, y era claro el mensaje que él siempre nos daba.
Transitó por la vida, como un rayo letal, la entregó como ofrenda con total dignidad.
Yo lo siento conmigo, donde quiera que voy y se bien que él me cuida, con profundo amor.
El destino está escrito, por un órden mayor, el pasado, el futuro es lo mismo, es hoy.
Federico es mi hermano y el hermano de todos.
En un mundo ambicioso, estúpido y cobarde, fue un ejemplo a seguir.
El ayer fue la luz, él ahora es un ANGEL.

Fuente: Cultura.gob.ar

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