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¡Basta de cerdos!

La clínica psicoanalítica con personas que fueron abusadas da cuenta del largo tiempo que necesitan para poder hablar.
Al diván
19 enero, 2020

Algo así como: “¡cerdos su tiempo terminó!” circuló en Estados Unidos con las denuncias por abuso en Hollywood y me quedó rebotando en la cabeza por ser una expresión compartida.

Hoy, varias actrices argentinas se solidarizan y buscan justicia acompañando a sus colegas que padecieron o padecen abusos sexuales. Este hecho se suma a la lucha por la igualdad que el colectivo de mujeres está buscando y que cada día cobra mayor magnitud en nuestro país.

La clínica psicoanalítica con personas que fueron abusadas da cuenta del largo tiempo que necesitan para poder hablar. Si son menores se torna aún más difícil. El perverso sabe muy bien lo que está haciendo y conoce la fragilidad de su víctima reforzando la vergüenza, el pudor, la culpa y sometiéndola también a que sostenga el secreto. A esto se suma un entorno encubridor que de alguna manera sigue abusando.

Está claro que el perverso debe ir a la cárcel y la justicia será quien repare y reivindique la integridad de las personas abusadas. Pero, ¿qué sucede con el resto de los «cerdos» que cotidianamente ejercen su poder en relaciones laborales, los que no se bancan el rechazo y se vengan, los hostigadores, los controladores, los groseros, los moralistas, las mujeres que difaman o agreden con resentimiento a otras mujeres, las descalificaciones, las burlas  y un sin fin de modalidades de violencia que tan frecuentemente suceden y hacen sufrir a muchas personas?

Sting alguna vez cantó «Every move you make I´ll be watching you» (cada movimiento que hagas te estaré observando), como si eso fuera una forma de amar. Años más tarde entendió que si se trata de amor se trata de libertad, ni de sometimiento ni de control. Y ahí pudo escribir «If you love someone set them free» (si amas a alguien, déjalo libre).

Como conclusión: de los Juan Darthés que se encargue la justicia, nosotros apoyemos incondicionalmente a las Thelmas que tanto nos necesitan. A los cerditos de la vida cotidiana machista argentina, que empiecen a hacer el recorrido de Sting porque su tiempo también está terminando.

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