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Las sombras de Silvina

Tal vez, el mundo aun no estaba preparado para ella.
Literatura
11 noviembre, 2019

Quienes pudieron conocerla, describen a Silvina Ocampo como una personalidad excéntrica, desopilante, impredecible, graciosa y algo perversa. Cuenta Edgardo Cozarinsky sobre una ocasión en la que ella lo citó en el Rosedal de Palermo:

“Allí llegué una tarde de primavera a eso de las 6 y la vi charlando animadamente con un hombre enfundado en un impermeable sucio y gastado. Vacilé en acercarme, pero al verme ella me saludó con una sonrisa y me llamó con un gesto. Me presentó como un joven escritor; el hombre, que no tardó en retirarse, fue presentado como “el exhibicionista del Rosedal”. Una vez solos, Silvina me explicó que él le tenía miedo: “La primera vez que se abrió el impermeable le pedí que esperara un momento y me puse los anteojos”.”

Los que la conocieron poco, sin embargo, describen una personalidad tímida y un perfil muy bajo. Esa personalidad retraída se combinaba con las tres grandes figuras que la opacaron a los largo de los años: su hermana Victoria, su marido Adolfo Bioy Casares y su amigo Jorge Luis Borges. Entre ese trío deambuló siempre Silvina, hermana menor, esposa engañada, escritora relegada.

En vida, Silvina Ocampo estuvo siempre entre las sombras y no conoció el éxito de su obra. Sus libros tenían una difusión modesta y su actitud reacia a las entrevistas y a los intercambios sociales no contribuía con la situación.

El tiempo le hizo justicia y hoy sus textos se revalorizan y se imprimen en ediciones lujosas. Tal vez lo que le faltó a la escritora fue una buena estrategia de marketing; tal vez sufrió la maldición de ser comparada siempre con los mejores. O, tal vez, el mundo aún no estaba preparado para ella.

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