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El Grotesco gaucho

Florencio Molina Campos fue el pintor argentino que mejor retrató la vida del gaucho. Lo hizo a través del Grotesco. Todo un arte.
Arte
molina_campos gaucho
10 diciembre, 2019

Grotesco gaucho no es lo mismo que gaucho grotesco. El Grotesco gaucho es todo un arte. Y nadie más grande que Florencio de los Ángeles Molina Campos a la hora de reflejarlo.

Tengo un vínculo chiquito pero especial con Molina Campos. Mi bisabuelo, el primer tano llegado a estas tierras trayendo mi apellido, trabajaba en la imprenta que imprimía los calendarios de Alpargatas. Se hacían decenas de miles. Eran famosos allá por principios del siglo 20. Estaban, invariablemente, ilustrados por obras de Molina Campos. Obras que le dieron acceso el arte al pueblo durante décadas. Y acercaron, por primera vez, a la gente de la ciudad y del campo.

Era autodidacta. Hijo de una familia de terratenientes y militares. Y en los campos de su familia encontró al arte. Expuso en la Sociedad Rural y cuando el Presidente De Alvear vio sus dibujos, lo nombró al frente de la clase del Colegio Nacional Nicolás Avellaneda.

Su obra

Quizá es a partir de su afinidad con la gente, que expresó como nadie la vida gauchesca. Y digo expresó por lo expresivo, precisamente, de sus obras. Desde lo coloridas, hasta las figuras. Normalmente en acciones brutales, sanguíneas, de empleo de fuerza. Tanto en los caballos como en los gauchos. Se trataba, sin dudas, de un observador de la realidad muy astuto y agudo. Hombres y caballos que son uno a semejanza del otro. De ojos, narices, pies y dentaduras grandes. Manos curtidas. Todo como escapándose de los cuerpos.

Pero no eran gauchos estereotipados los que pintaba. No era una burla a lo gauchesco, al poblador. Ni a la brutalidad campera. Eran escenas realistas, en estilo Grotesco. Retrataba la vida misma. Las tareas y costumbres de la gente de campo. Gente. Siempre gente. Trabajando, divirtiéndose. La esencia misma de la vida de campo, salpicada, muchas veces, del humor que suma la caricatura. Su obra respiraba vida por los poros. Alegría. Fiesta. Hasta carnaval. Caras que, más que caras, son máscaras.

De la nada, fue uno de los grandes del arte argentino. Tan grande, que asesoró al mismo Walt Disney en varias de sus películas.

Florencio Molina Campos fue a la pintura lo que el Martín Fierro a la literatura.

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