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Pueden venir cuantos quieran. Serán tratados bien

La nuestra no es una profesión fácil, el lugar del psicólogo es un lugar de angustia.
Al diván
21 agosto, 2019

En el marco del reciente festejo del día del psicólogo que celebramos en nuestro país y a partir de los placenteros encuentros entre amigos colegas, se me ocurren algunas reflexiones que me gustaría compartir.

Ante la pregunta ¿por qué somos psicólogos? se desprendieron diferentes respuestas: para aliviar sufrimiento, para ayudar, para orientar, porque me gusta escuchar, para saber acerca de la mente, para acompañar a alguien a vivir lo mejor posible, (alguno ha contestado “porque la facultad de psicología está llena de mujeres”).

Lo cierto es que la nuestra no es una profesión fácil, el lugar del psicólogo es un lugar de angustia. Todos los días de nuestra vida, al abrir la puerta del consultorio nos enfrentamos al dolor de un ser humano, que acude a nosotros en la búsqueda de una salida a su sufrimiento. Todos los días tratamos de estar lo mejor posible para acompañar la vida de quienes padecen desde una posición ética y responsable que implica años de análisis personal, supervisión y formación constante. Todos los días, en el fallido intento de sostener la “distancia terapéutica” nos damos cuenta de cuánto queremos a muchos de nuestros pacientes, sobre todo los que trabajamos con niños y adolescentes. Todos los días en algún momento soportamos la impotencia ante la imposibilidad. Todos los días en función de la “transferencia” somos madre, padre, hermano de nuestros pacientes.

Dijo Sigmund Freud: “Tal vez no existan razones para elegir ser psicoanalista. Implica horas de escuchar sufrimiento, conectarse con lo más profundo de lo humano”. Así y todo, con mucha paciencia, a veces (ojalá fueran muchas más) advertimos cómo una persona ha recobrado las ganas de vivir, tiene proyectos, sonríe, vuelve a amar, nos agradece. Y es en esos momentos que nos damos cuenta de que todo lo transitado valió la pena. Y reflota la motivación, el deseo de ser analista está intacto y estamos listos para volver a abrir la puerta del “consul” y recibir a quienes esperan una respuesta ante los interrogantes de la vida.

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5 Comentarios to “Pueden venir cuantos quieran. Serán tratados bien”

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