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¿Cuál es la clave para ponerle límites a los nenes?

Un niño no es ni tonto ni malo, simplemente comunica a sus padres que algo no anda bien.
Al diván
18 febrero, 2019

Una de las consultas más comunes en el trabajo con niños es sobre los límites. Y las quejas más frecuentes al respecto son: Ya lo castigué y no me hace caso”, “Lo amenacé con sacarle lo que le gusta y se sigue portando mal”, “No acepta la autoridad”, “No comprende la diferencia entre lo que está bien y lo que está mal”, “tiene maldad”. Todos estos argumentos están equivocados parcial o totalmente.

Lo primero que hay que decir es que un niño no es ni tonto ni malo, simplemente comunica a sus padres que algo no anda bien, solo que lo hace de otra manera. Lo hace con conductas. Y lo hace de ese modo porque aún no ha adquirido la capacidad de hablar directamente de sus sentimientos o sufrimientos. Lo segundo que debemos saber es que tenemos que pensar cada caso en forma individual, porque detrás de cada niño hay una familia y una historia que entender. Estamos hablando de nenes típicos y no de niños con patologías graves.

Algunas cosas sobre los límites ya han sido dichas, pero las podemos refrescar: es muy importante que los padres tengan un criterio común. En la “grieta” o dificultad para aunar criterios y estar de acuerdo entre al padre y la madre, el problema de conducta crece. Siempre es bueno que quede clara la diferencia entre el lugar de los adultos y el de los niños, es muy importante, también, no prometer cosas que no se van a poder cumplir porque la relación con la verdad y con la palabra se deteriora: “Te saco el celular hasta fin de año”, es una meta insostenible… Además, el castigo nunca puede ser más importante que la palabra o la autoridad de los padres (los nenes tienen que hacer caso porque los padres son los padres, no porque amenacen).

En ese sentido, son preferibles las intervenciones impersonales. La forma impersonal por excelencia es Eso no se hace”. Es importante la intervención impersonal, porque la expresión “se”, convoca a la existencia de una ley que regula el vínculo entre las personas y no a un forcejeo entre dos personas. Por ejemplo “Si le pegás a mamá, mamá te pega a vos… ¿Te gustaría eso?”, o “A papá no le gusta que te portes mal”, son pulseadas a ver quién puede sobre quién. En cambio, Los nenes no les pegan a los papás, o Los nenes se duermen en la habitación de los nenes y los papás en la de los grandes, es una clara alusión a que hay una ley tácita que no se debe infringir.

Pero la verdadera clave no está en lo que decimos, sino en cómo lo decimos. Los nenes detectan instintivamente nuestros sentimientos o estados de ánimo, nuestros temores, nuestras inseguridades y nuestras contradicciones internas. No importa cuánto lo disimulemos o cuánto nos esforcemos para que los chicos no nos escuchen o no se enteren, ellos tienen la capacidad de percibirlo. Quizás no de manera nítida y consciente, pero tienen una percepción al menos intuitiva. La verdadera clave es poder poner límites de manera asertiva. Si lo googleamos, encontramos que la asertividad es una forma de comunicación que consiste en defender tus derechos, expresar tus opiniones y realizar sugerencias de forma honesta, sin caer en la agresividad o la pasividad, respetando a los demás pero sobre todo, respetando tus propias necesidades. Yo simplemente diría que es poder decirle a alguien algo muy convencido, muy seguro de nosotros mismos y sin ningún tipo de emoción particular que distorsione el mensaje. Generalmente, cuando uno es asertivo al poner límites y sostiene un mensaje a lo largo del tiempo (y en coincidencia de criterio ambos padres), los niños suelen aceptar los límites progresivamente. Señal de eso es que se ponen más dóciles y cariñosos.

Es importante señalar que a mayor grado de alteración de la conducta, probablemente mayor sea el grado de conflicto en juego. Estas sugerencias no son fórmulas mágicas y siempre es bueno hacer una consulta ante cualquier duda.

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