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El alfajor. Nada más argentino

Algunos de los inventos argentinos más exitosos son el alfajor y el dulce de leche. Juntos son dinamita. Y no importa si no los inventamos nosotros, jajaj.
Repostería
| 19 abril, 2018 |

Algunos de los inventos argentinos son un cliché. Y si bien es probable que hayan sido inventados en territorio nacional (habría que investigar un poquito el tema, pero no es este el espacio ni el momento para hacerlo), podrían haber sido concebidos en cualquier otro punto del globo terráqueo. Pero también hay otros que realmente nos representan. El alfajor es uno de los integrantes de este último grupo.

En su versión ideal, en su versión platónica, en la “idea” misma del alfajor quizá sea necesario el dulce de leche para existir. Lo que le potencia la argentinidad. Casi podríamos decir que lo “unta” de argentinidad. Por eso el alfajor de fruta no debería llamarse alfajor. Y lo que tiene ese engendro de ninguna manera debería llamarse fruta.

Lo más grande es que el alfajor se puede comer siempre. En cualquier momento. Vale en cualquiera de las 24 horas del día. No hay alimento más versátil: puede ser un postre pero también un desayuno. Se puede acompañar con algo dulce (gaseosa), amargo (café) y hasta ácido (jugo de naranja). Entra en el bolsillo de una campera. Es una forma rápida, efectiva y placentera de sacarse el hambre de encima durante un ratito.

En síntesis: es muy gauchito. Siempre está dispuesto a dar una mano. ¿Hay algo más argentino que eso?

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