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¿Por qué está mal linchar gente?

La justicia por mano propia es un camino que indefectiblemente nos lleva a un lugar al que no queremos ir.
Lo peor de nosotros
La justicia por mano propia es un camino que indefectiblemente nos lleva a un lugar al que no queremos ir.
21 marzo, 2019

De a poco veo cómo mis peores pesadillas, lentamente, se van haciendo realidad. En alguna nota publicada en este mismo sitio hace aproximadamente un año ya había hablado del tema que voy a hablar ahora. En ese momento, lo recuerdo perfectamente, veía el fenómeno como empezando a aparecer, pero, con cierto alivio, todavía lo sentía bastante lejano. Ya no lo veo así. Está cada vez más cerca.

¿A qué me refiero? A la escena digna de 1984 o de Black Mirror que se vivió la semana pasada en José C. Paz. De repente, en la tranquilidad de la tarde, una mujer empezó a gritar que un tipo se quería robar a su hija. A los gritos desaforados de esta persona (no me imagino una situación más límite que ver cómo se están robando a tu nene) se sumó otra mujer más, pidiéndole a los vecinos que lo detengan hasta que llegue la policía. Como era de esperarse, los vecinos lo detuvieron.

En el medio del tumulto, uno le pegó una piña al secuestrador. Como suele pasar, a la primera piña se le sumó otra y en tiempo récord ya había bastantes vecinos pegándole en el piso. La primera mujer que se sumó al pedido de ayuda redobló la apuesta y gritó, desesperada, “háganlo mierda hasta que llegue la policía”. Los vecinos le hicieron caso. El secuestrador terminó en el hospital.

Ahora, el problema. No está bien linchar gente. Repito por las dudas: NO ESTÁ BIEN LINCHAR GENTE. Porque no es de esa manera cómo se hace justicia y porque si nos empezamos a matar entre nosotros ya no va a haber Estado de derecho ni garantías individuales ni nada. Pero, además, este caso demuestra más que nunca la premisa de que no está bien linchar gente. ¿Por qué lo digo? Porque el linchado era el padre de la nena. Y la que tenía una restricción perimetral por malos tratos era la madre, la que lo acusó de querer robarse a la criatura. ¿Cómo terminó el tema? Con el padre internado, la madre prófuga y la chiquita, como siempre, con la peor consecuencia de todas: una experiencia de vida horrible que no se va a olvidar nunca. No hagamos justicia por mano propia. Por algo es tan ilegal linchar a un delincuente como a un inocente. Además, como quedó claro, nos podemos equivocar.

Hipólito Azema nació en Buenos Aires, en los comienzos de la década del 80. No se sabe desde cuándo, porque esas cosas son difíciles de determinar, le gusta contar historias, pero más le gusta que se las cuenten: quizás por eso transitó los inefables pasillos de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Una vez escuchó que donde existe una necesidad nace un derecho y se lo creyó.

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