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Pasión por los caballos

Te presentamos tres historias de argentinos que se destacan en el mundo por una cosa en común: el amor por los caballos y por el polo.

Argentinos por el mundo
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Si hay algo que define a los argentinos es la pasión con la que hacen las cosas. Y eso es lo que muchas veces nos hace sobresalir alrededor del mundo. Hoy vamos a contarte tres historias que tienen como protagonistas a argentinos que se destacan en el mundo por una cosa en común: el amor por los caballos.

El polo es un deporte cada vez más popular entre las elites extranjeras y los argentinos tienen mucho para aportarle. La mayoría de ellos viaja para trabajar como petisero. El petisero es algo así como la conexión entre el caballo y el jinete. Está a cargo de verificar el estado físico y emocional del animal y conoce a la perfección a todos los caballos del establo, ya que está a cargo de ellos desde el momento en que nacen.

Tres historias

Agustín Calvo es oriundo de Vivoratá, un pueblo de 1000 habitantes a la vera de la Autovía 2, en Buenos Aires. Para él, el campo es cosa de todos los días: la naturaleza y los caballos eran su hábitat natural. Con los años, esa experiencia que le dio el lugar donde nació lo llevó a recorrer el mundo. De Vivoratá se fue a Nueva Zelanda, luego a Inglaterra y, actualmente, se encuentra en China. Allí trabaja en el Tianjin Goldin Metropolitan Polo Club para un patrón inglés que valora la experiencia de los argentinos en ese campo.

La historia de Salvador Nero es similar. Se crió en la localidad bonaerense de Trenque Lauquen y, desde chico, asistió como petisero a dos primos suyos, ambos jugadores de polo profesionales. Luego se recibió de ingeniero agrónomo, pero necesitaba nuevas experiencias. Junto a su novia, entonces, partieron hacia Australia, donde consiguió un puesto de petisero.  Luego llegaron a Inglaterra y, finalmente, a España.

Las mujeres argentinas no abundan en las caballerizas del mundo. Por eso, el caso de Carolina Vila es una excepción. Oriunda de Las Flores, Buenos Aires, hoy reside en Windsor, Inglaterra. Allí llegó de la mano de su hermano, que estaba trabajando como petisero en el club Black Bears de Henley. Hoy, casi 10 años después, trabaja para un inglés que juega en el club Four Quarters. Además, fue la petisera de cabecera de Agustín Merlos, dos veces campeón del Argentino Abierto de Polo.

Tres historias distintas pero parecidas. Tres ejemplos más de que los argentinos triunfan donde vayan.

Fecha de Publicación: 08/10/2019

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